El desempleo en aumento
Precisamente, en procura de la formulación de un diagnóstico concreto, sobre datos firmes y documentados, este diario publicó días atrás una revelación importante sobre la realidad del desempleo en nuestro territorio, que ha permitido reflejar una radiografía que muestra cómo el desempleo afecta a diversos estratos sociales.
Al final de cuentas, los números son contundentes y revelan porcentualmente la realidad: la desocupación en el país es del 14 por ciento. Al margen de estas cifras preliminares, conviene fijar la atención en algunos lugares del país, a fin de palpitar la temperatura interior y los elementos de juicio para abordar el problema. La ciudad de Colón, por ejemplo, con un 24 por ciento, tiene el nivel más alto de desocupación entre las capitales de provincia, en tanto que las otras del interior también registran síntomas críticos y niveles altos de gente sin trabajo.
En este año, efectivamente, salvo las excepciones de algunas obras de infraestructura importante como lo son las ampliaciones de los puertos y la construcción del ferrocarril, el país sufrió un sensible deterioro de los niveles de desempleo gracias a la falta de inversión y de crecimiento en las actividades macro de nuestra economía, realidad que no debe dejarse de tener en cuenta. Hay allí, en esta apreciación una razón, un motivo, un por qué, que corresponderá investigar racionalmente a conciencia. Más todavía, debe repararse en la gravedad del flagelo, si observamos que la gran ciudad capital, que comprende el corredor metropolitano de los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera, creció durante la última década un 12 por ciento, constituyéndose en el área de nuestro territorio donde vive más del 60 por ciento de la población.
Aparece clara y rotunda la evidencia de que las circunstancias urgen, por lo que cualquier dilación por parte de las autoridades sólo contribuirá a agravar no sólo la situación desesperante de numerosos hogares, sino también, la de todo el país. Gobernar es crear y dictar medidas que aporten al bienestar del pueblo. Esta es una oportunidad para demostrarlo. No la desaprovechen, pues en ello va nuestro futuro.
Al final de cuentas, los números son contundentes y revelan porcentualmente la realidad: la desocupación en el país es del 14 por ciento. Al margen de estas cifras preliminares, conviene fijar la atención en algunos lugares del país, a fin de palpitar la temperatura interior y los elementos de juicio para abordar el problema. La ciudad de Colón, por ejemplo, con un 24 por ciento, tiene el nivel más alto de desocupación entre las capitales de provincia, en tanto que las otras del interior también registran síntomas críticos y niveles altos de gente sin trabajo.
En este año, efectivamente, salvo las excepciones de algunas obras de infraestructura importante como lo son las ampliaciones de los puertos y la construcción del ferrocarril, el país sufrió un sensible deterioro de los niveles de desempleo gracias a la falta de inversión y de crecimiento en las actividades macro de nuestra economía, realidad que no debe dejarse de tener en cuenta. Hay allí, en esta apreciación una razón, un motivo, un por qué, que corresponderá investigar racionalmente a conciencia. Más todavía, debe repararse en la gravedad del flagelo, si observamos que la gran ciudad capital, que comprende el corredor metropolitano de los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera, creció durante la última década un 12 por ciento, constituyéndose en el área de nuestro territorio donde vive más del 60 por ciento de la población.
Aparece clara y rotunda la evidencia de que las circunstancias urgen, por lo que cualquier dilación por parte de las autoridades sólo contribuirá a agravar no sólo la situación desesperante de numerosos hogares, sino también, la de todo el país. Gobernar es crear y dictar medidas que aporten al bienestar del pueblo. Esta es una oportunidad para demostrarlo. No la desaprovechen, pues en ello va nuestro futuro.