El desencanto del cambio
El Gobierno del Presidente Martinelli va cuesta abajo. Todos los que nos manejamos en ámbitos políticos sabemos que las encuestas siempre han tratado de manipularse, para crédito o descrédito de las encuestadoras, quizás la verdad era tan evidente, en este último caso, que difícilmente se podía tapar o simular.
Una baja porcentual de popularidad a escasos meses de mandato no debe tomarse como aborda la mayoría de los temas este gabinete, poco importa. El pueblo está comenzando a sentir la realidades de su diario vivir, y ve cómo el presidente que prometió un cambio está estancado desde el primer día de su mandato en dramas mediáticos.
La luz, agua, canasta básica, seguridad, transporte, educación, y muchos otros temas de Agenda de Estado ni siquiera se perfilan o dimensionan como parte de las prioridades a resolver concretamente, pues una cosa es decir que se preocupan por los temas y otra distinta es generar acciones reales.
El egocentrismo gubernamental del cambio se convierte cada día en un cinismo mediático que pretende hasta justificar sus autodenominadas metidas de pata y al parecer también metidas de mano.
El desencanto de la población por el actual gobierno se acentúa a medida que las propias acciones de estos administradores se desenmascara; lo que ellos criticaron con vehemencia y supone persiguen con objetividad y transparencia lo están haciendo: nepotismo, amiguismo, negociados, autoritarismo, control político de los poderes.
El plantearse tantos frentes conflictuales con sectores de la sociedad no creo que sea lo más conveniente, y menos ahora que su imagen de gran Quijote comienza a desvanecerse. El gobernar no implica solo mandar, la gobernanza democrática no asume como enemigos a los críticos, por el contrario, respeta y analiza para enmendar y consensuar intereses sin dejar de reconocer derechos.