El deshielo y el Canal
Alharaca exagerada y sin sentido. Por más deshielo que haya en el Ártico Polar, abriendo nuevas rutas marítimas, no por eso tenemos que dejar de ampliar nuestro Canal. A Chile, Argentina y Brasil, las tres potencias con mayor capacidad exportadora de Sudamérica, e incluso a Venezuela, con su infinito potencial exportador de petróleo y gas, poco les importa que se despeje de hielo el Ártico si sus productos han de pasar de todos modos por el Canal de Panamá y jamás lo harán por el Polo Norte.
Por otro lado, dudamos que el hecho de que hace pocas semanas se hubiera derretido el hielo que impedía la navegación por el Ártico, anime a las grandes empresas navieras a cambiar su ruta programada y pre pagada con años de antelación por el Canal panameño. Lo que se plantea es cambiar seguridad por una ruleta rusa, y eso es una verdadera locura.
La última versión de la película Titanic debe servir de argumento para que las compañías aseguradoras eleven hasta el infinito los costos de sus pólizas para cubrir la navegación por la ruta ártica, con tan solo colocar un afiche con el naufragado rascacielos de los mares chocando contra un témpano traicionero e imprevisible, movido caprichosamente por los vientos y las corrientes polares desconocidas, que no se han podido estudiar, precisamente, porque el paso ha estado siempre cerrado por el hielo impenetrable como el acero.
Nada garantiza que así como se abrió hoy un paso por el Ártico, mañana vuelva a cerrarse, y allí radica la mayor ventaja de nuestro Canal, en su fiabilidad y previsibilidad absoluta.
Nada ni nadie puede impedir que nuestra ruta esté abierta y disponible a la navegación mundial, 24 horas al día y 365 días al año, llueva, truene o relampaguee, en tiempos de paz o de guerra, con hielo o deshielo, huracanes o terremotos. Así ha sido desde hace casi 100 años y muchos siglos atrás, cuando la ruta interoceánica se hacía por el Chagres y a lomo de mula, y más tarde sobre los rieles del ferrocarril. De eso se trata, de tradición de siglos. Y las grandes navieras no son tontas para ceder por un capricho de la naturaleza sus cupos de tránsito seguro por nuestro Canal. Lo demás, es puro cuento.