El desorden en las licitaciones
Lo más frecuente es que la fecha señalada para el cierre de esas licitaciones, se posponga en diferentes ocasiones. También ocurre que, luego de otorgada la misma, falta dinero para pagar los gastos o es necesario modificar los planos o proyectos preparados porque no se ajustan a las posibilidades económicas o a las realidades del asunto. Igualmente suele presentarse el caso de licitaciones declaradas desiertas, porque las propuestas son mucho más altas que lo calculado o debido a que las especificaciones no fueron adecuadamente satisfechas.
Todo esto indica la falta de seriedad, ausencia de organización, carencia de conciencia de responsabilidad en quienes tienen a su cargo esa labor. Debe recordarse que las empresas que intervienen en las licitaciones hacen un gran favor al Estado, porque luego tienen que esperar meses y años para el cobro de sus servicios, sin que ese capital estancado reciba ningún interés.
Por otra parte, para intervenir en estas actividades, es necesario hacer apreciables gastos en estudios, confección de planos y proyectos, arreglo de presupuestos y otros asuntos similares, que resultan en tiempo y dinero perdidos con cada proposición o aplazamiento del asunto. También, se dificulta la consecución de los bonos que se exigen en tales casos, pues las empresas de seguro no encuentran suficiente garantía en el gobierno para tales cuestiones. Las empresas que hacen propuestas, por tanto, sufren muy serios perjuicios por esta situación que ya se va haciendo sistemática y que, por cierto, lesiona gravemente el prestigio de la administración pública por su falta de consistencia, de orden, de sentido de responsabilidad en el tratamiento y solución de los importantes asuntos que requieren, de acuerdo con la ley, el recurso de las licitaciones.
Todo esto indica la falta de seriedad, ausencia de organización, carencia de conciencia de responsabilidad en quienes tienen a su cargo esa labor. Debe recordarse que las empresas que intervienen en las licitaciones hacen un gran favor al Estado, porque luego tienen que esperar meses y años para el cobro de sus servicios, sin que ese capital estancado reciba ningún interés.
Por otra parte, para intervenir en estas actividades, es necesario hacer apreciables gastos en estudios, confección de planos y proyectos, arreglo de presupuestos y otros asuntos similares, que resultan en tiempo y dinero perdidos con cada proposición o aplazamiento del asunto. También, se dificulta la consecución de los bonos que se exigen en tales casos, pues las empresas de seguro no encuentran suficiente garantía en el gobierno para tales cuestiones. Las empresas que hacen propuestas, por tanto, sufren muy serios perjuicios por esta situación que ya se va haciendo sistemática y que, por cierto, lesiona gravemente el prestigio de la administración pública por su falta de consistencia, de orden, de sentido de responsabilidad en el tratamiento y solución de los importantes asuntos que requieren, de acuerdo con la ley, el recurso de las licitaciones.