El día después
Siempre hay un día después, cuando lo hay. El día después de la graduación, de la fiesta del matrimonio, del funeral de un ser querido, de una euforia por una victoria en evento deportivo.
Un día después fue el título de una película, “The day after”, que trataba sobre la ficción de cómo quedó una ciudad después que estalló una bomba atómica.
Siempre tendremos nuestro día después, nuestra semana después. El nuestro fue de variadas impresiones. Primero, el comportamiento cívico del panameño que acudió a votar como ejercicio de su derecho de lo que llamamos democraci, que no es sólo el votar, sino participar. Hemos dado ejemplo al mundo donde las elecciones son traumáticas.
Ganaron las encuestas. Fallamos los incrédulos. Históricamente muchos que se han acostumbrado a vivir de los demás, dependiendo del sueldo del gobierno o de la Asamblea, estarán afectados. Se volteó la tortilla y se seguirá volteando.
La ambición es algo que hay que estudiar. Hay que tener ambiciones, pero tampoco puede ser sin límites, aspirar a lo que es posible y que los demás piensen que es lo posible, no mas allá de lo que tú crees que tienes derecho por ser vos quien sois.
El día después de las elecciones, ¿cómo se sintieron muchos que aspiraban ganar y no ganaron? Mucha sonrisa congelada. Muchos rictus adoloridos. ¿Qué pensar de tantas caras bonitas de las vallas, candidatos abrazando campesinos, afropanemos y afropanameñas?
Viene a mi mente aquella frase: “El deber de todo gobernante es no dejarse tumbar”, cuán falsa es y sigue siendo aún cuando es la manera de pensar de muchos que tienen poder sea en un gobierno, empresa, grupo religioso, sindicato, cooperativa etc.
Lo que menos queremos es el cambio, y los cambios vienen o solos o vienen impuestos, pero vienen.
No puedo disimular mi alegría al ver que no se repite el mismo partido y se afianza la alternabilidad. Es inadmisible, aunque sea una realidad inevitable, que uno quiera vivir de los demás con el cuento de que está sirviéndole, y así por generaciones y por familias. Hay que hacerle honor a la letra del Himno Nacional: “Adelante la pica y la pala, al trabajo sin más dilación”, que con tanto fervor se canta en tantas reuniones públicas.
¿Qué nos espera? Creo que no mayores ni mejores realizaciones. Alabo la actitud caballerosa del actual electo, al reconocer que actual presidente saliente hizo su labor con efectividad y como le correspondía, pese a las críticas obvias que todo el que sea presidente tiene que aceptar. No destruyas lo que ya está hecho. Ni inventes la pólvora. Habla de tu antecesor como quieres que hablen de ti cuando termines tu mandato.