El día a día (I)
El Estado y su organización institucional, debería operar de manera eficientemente, con previsión y efectividad así, el manejo operativo diario no sería tan conflictivo y causa de tanto descontento; sin embargo, la realidad es otra. ¿A qué se debe ello? La respuesta es clara, las decisiones del día a día no se fundamentan en la objetividad necesaria. En casi todas las instituciones del Estado, la toma de decisiones se fundamenta en las necesidades de los partidos que gobiernan. La adicción al clientelismo es grave. De continuar así, los mejores días de la patria están en otra alejada dimensión.
Cierto es que existe una amplia diversidad de problemas en el país y que, en su conjunto, poseen efectos, peligrosamente, acumulativos. Mucho he escrito sobre ellos. Relacionándolos a la creciente pobreza en el país, en contraste con el crecimiento económico del mismo, algunos ciudadanos afectos a la izquierda, nos conversan sobre el neo-liberalismo y cómo éste genera la concentración de la riqueza, desigualdad social y tiende a producir convulsiones sociales, dejando de lado las verdaderas realidades generadoras de la desigualdad social.
El sector privado del país no sólo genera riqueza, también se preocupa del desarrollo social vía actos "voluntarios" relacionados con la "responsabilidad social corporativa"; éste, además, paga sus impuestos, en alza, producto del crecimiento económico. El Estado es quien cuenta con la "obligación" cierta de administrar dichos fondos con la debida transparencia. Una porción de ellos debe dedicarse a los problemas de la extrema pobreza con medidas estructuradas, encaminadas al alivio necesario de la misma. No es posible, en un país como el nuestro, la no existencia de soluciones dirigidas a quienes viven en la calle, sin encontrar cómo alimentarse, vestirse o resolver sus problemas de salud apropiadamente.
Por otra parte, es triste ver los elevados niveles de drogadicción y alcoholismo en este conjunto de panameños. ¿Hay presupuesto para esto? ¿Se emplea con efectividad? Muchas de estas personas, dada sus edades avanzadas, sus incapacidades y otras situaciones relacionadas, no podrán reinsertarse en la economía productiva; pero, merecen vivir con un mínimo de decoro. Este grupo de personas, sin poder de convocatoria, no generarán graves conflictos sociales; son meramente los desamparados, son casi fantasmas sociales. ¿Votarán en las elecciones generales? No creo, pues cuentan con muy poco apoyo. Su mayor fortuna, lamentablemente, está en escarbar en los tinacos de la ciudad.