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El dólar es la más valiosa exportación de Estados Unidos


Washington (AIPE)- Se escuchan gemidos y lloriqueos en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial por los intentos del Congreso de Estados Unidos de reducirlos de tamaño y limitar su capacidad de intervención política alrededor del mundo. Ambas instituciones son dinosaurios dirigidos por burócratas encargados de repartir subsidios gubernamentales. Como tal, no tienen cabida en la futura prosperidad mundial, la cual dependerá más bien de la habilidad empresarial de individuos en atraer inversiones privadas.
Mientras en Washington el tema de discusión era la presión y la propaganda alemana para nombrar a uno de sus burócratas como director gerente del FMI, en Dallas se llevaba a cabo una discusión de mucha mayor trascendencia: la conferencia "Dolarización: ¿una moneda común para las Américas?"
La comparación es interesante porque el primer caso se trata de una contienda sobre nacionalidades y maniobras de los gobiernos para canalizar rescates hacia países quebrados, o -mejor dicho- hacia los acreedores de estos. Pero, ¿cuál fue la causa de la bancarrota de esas naciones? En la mayoría de los casos surgió de la depreciación de sus monedas. Irónicamente, el FMI fue establecido en 1944 para justamente evitar tales sucesos. Mantener tasas de cambio fijas y estables fue su razón de ser: un régimen monetario unificado, basado en el dólar, facilita el flujo de capitales hacia donde son más productivos, maximizando los beneficios del libre comercio.
Desde hace tres décadas el FMI le dio la espalda a tal objetivo y, desde entonces, en el mundo ha dejado de existir un verdadero orden monetario. Hoy, el FMI no goza de ninguna credibilidad como defensor de monedas sanas y sus disputas internas se limitan a tratar de acomodar las egoístas preferencias de los grandes países industrializados, mientras que el futuro de los mercados emergentes depende de alcanzar y mantener su propia estabilidad monetaria.
El mejor camino para las naciones emergentes es mantener una estabilidad monetaria que permita su crecimiento económico. En la conferencia organizada por el Banco de la Reserva Federal de Dallas estuvieron argentinos, mexicanos, venezolanos, peruanos, bolivianos, hondureños, canadienses, dominicanos y salvadoreños. La gran paradoja es que la dolarización ofrece la mejor manera de desnacionalizar la moneda en toda la región.
Como lo explicó el senador republicano de la Florida, Connie Mack, quien preside la Comisión Económica Conjunta del Congreso, la estabilidad monetaria es un prerrequisito para el crecimiento a largo plazo y para mejorar el nivel de vida de los pueblos. La dolarización reduciría la inflación y las tasas de interés a los mismos niveles existentes en Estados Unidos, a la vez que promovería mercados financieros sólidos y flujos de capital mucho más estables. El senador Mack propuso recientemente una ley que reconoce el interés mutuo de Estados Unidos y de sus vecinos latinoamericanos en eliminar el riesgo del cambio.
La investigación hecha por el profesor Andrew Rose de la Universidad de California, en Berkeley, indica que países que utilizan la misma moneda tienen un intercambio comercial tres veces mayor que las naciones con monedas diferentes. La razón es la drástica reducción de la volatilidad y, además, evita crisis como la mexicana de diciembre de 1994, la cual amenazó con destruir el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC-NAFTA). México aprendió la lección que la "depreciación competitiva" no es una verdadera estrategia para competir sino más bien una trampa.
Una moneda única para el hemisferio sería algo mucho más grande que el TLC-NAFTA y sería muy conveniente que México -un importante socio comercial de Estados Unidos- se convierta en líder de la dolarización continental, en lugar del empobrecido Ecuador. Pero el Ecuador merece nuestra admiración al reconocer que la dolarización es el primer paso hacia su salvación económica.
Para Estados Unidos, exportar su moneda sana y fuerte es la más valiosa de todas sus exportaciones.
Directora de la organización Empower America y profesora de finanzas internacionales en la Escuela Graduada de Liderazgo Empresarial Duxx.

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