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El drama de los poroteros de Caizán


Unos 800 pequeños y medianos productores de porotos de Caizán, en Renacimiento, Chiriquí, se encuentran en situación desesperada con su cosecha de unos 75 mil quintales que aguardan compradores que no aparecen, pues el mercado metropolitano de millón y medio de consumidores está totalmente copado por el grano importado.
Nos es cuestión de precios, ni de eficiencia. El poroto traído desde Estados Unidos cuesta un aproximado de B/.35 el quintal puesto en bodega, muy similar al que se ofrece en Caizán, que oscila entre B/.30 y B/.34. La calidad es asimismo comparable, con la ventaja de que el producto nacional es de última cosecha y, por consiguiente, más fresco y suave.
El problema en parte fue que la importación vino inoportuna, justo antes de la cosecha del grano local, colmando el mercado. Y a diferencia de lo que ocurre con el arroz, no suelen haber controles ni proyecciones de existencia y de consumo previos, que dosifiquen la importación para evitar el desplazamiento del producto local por el extranjero.
Otra arista del problema es que los productores de Renacimiento no han sido suficientemente asistidos por el gobierno nacional en el rubro de comercialización. Ellos poseen un clima ideal que les permitiría almacenar el grano sin costos mayores y comercializarlo directamente en el momento oportuno, compitiendo con los importadores. Pero se requiere organizarlos en cooperativas, como en Nueva Zelanda con la ganadería.
Conocedores del rubro estiman que con solo una inversión cooperativa de B/.50 mil es posible que los poroteros adquieran una limpiadora, seleccionadora, pulidora y empacadora de granos, que les permitiría presentar un producto atractivo, bajo su propia marca, capaz de competir con los importadores; al tiempo que eliminarían la intermediación, abaratando costos y el precio para el consumidor.
El mercado nacional consume apenas unos 100 mil quintales al año, de los cuales 75 mil suelen corresponder al proveedor nacional y 25 mil al extranjero. Los poroteros de Caizán requieren de urgente asistencia de conocedores en materia de mercadeo en toda la extensión de la cadena hasta el consumidor, hasta que aprendan a hacerlo por sí mismos.
Si los salineros de Aguadulce hubieran hecho lo propio, limpiando, yodizando, empacando y comercializando su sal directamente, habrían competido con ventaja contra la mejor sal importada.
Esa es la experiencia y el camino que hoy forjan los productores en Tampico, México, de los frutales chilenos y de las praderas neozelandesas. Hay que agruparse y organizarse. Y el gobierno, apoyarlos de verdad, no dejarlos solos, esperando a que sucumban para favorecer a unos pocos.

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