El duro arte de ser médico
El ejercicio médico ha sufrido a través de los tiempos una serie de modificaciones y el profesional dedicado a devolver la salud también ha ido paulatinamente transformándose.
En los llamados tiempos antiguos, el médico estuvo representado por el chaman, personaje importante dentro de las tribus nómadas que recorrían la tierra, y combinaba magia-brujería con remedios que provenían generalmente del reino vegetal.
En la época clásica griega se convirtió en el artesano que racionalizó su ciencia- arte; en la Edad Media pasó a ser el sacerdote que en sus frías celdas en los monasterios, copió textos antiguos, y practicó la plegaria y los milagros; con el Renacimiento nace el " doctor", dejando de ser tan fundamentalista y se acercó al humano doliente.
A partir del siglo XIX, el médico se hizo más técnico y científico, pero aún en nuestros días, a pesar de los avances tecnológicos, y de estar sumergido en una sociedad cada vez más materialista y menos humana, el médico que ejerce su profesión en hospitales públicos y/o privados, cae en cuenta que el acto médico sigue siendo la reunión de dos seres: el enfermo y él, y la inmensa mayoría de las enfermedades que le toca enfrentar pertenecen a la categoría de enfermedades propiamente humanas, que es tan diferente en cada paciente, y si no logramos penetrar la intimidad de cada uno de ellos para ejercer nuestro arte, es poco lo que podemos lograr en su beneficio, a pesar de los avances científicos.
El acto médico sigue siendo, fundamentalmente, uno de amor, de entrega, por parte del que lo ejecuta, el médico, hacia el que lo recibe, el paciente. Nuestro ejercicio debe ser incondicional, aunque priven honorarios por el mismo. Honorarios, curiosa palabra que desglosándola sólo significa el honor que hace el paciente al médico por haberlo atendido, honor que no tiene precio, pero que en nuestra sociedad globalizada y consumista se ha tergiversado y ahora sólo se considera el pago por un servicio, o como quien paga por un objeto o bien; también hay que tener presente que cuando el enfermo te escoge como su médico, desde ese momento queda firmado un contrato muy suis generis, donde el enfermo tiene la potestad de violarlo las veces que desee atendiéndose con otro facultativo y volviéndote a consultar cuando le plazca.
Si una curación se produce, en muchos de los casos se considera fortaleza del paciente o la intervención divina de Dios o algún santo invocado; en tanto, que si el paciente fallece o sufre alguna complicación de su padecimiento será única y exclusivamente responsabilidad del facultativo, como si el médico hubiere provocado su dolencia o indicara tratamientos médicos o quirúrgicos con la única finalidad de hacer daño, cuando realmente solamente busca el mayor bienestar de su paciente.
El enfermo te importunara las veces y a las horas que a bien lo considere, exigiéndote como un amo a su esclavo el cumplimiento de sus tareas. La vida del médico, si de verdad ejerces tu profesión con dedicación, no tendrá descanso, será interrumpido en fines de semana, en el día o la noche, en reuniones, en el teatro o cine, en cenas o banquetes, o cuando compartes con tu familia. . En reuniones o banquetes siempre habrá alguien que te hablará de sus males para solicitarte una consulta o un medicamento, generalmente sin desembolso de su parte, como un regalo que debe ser dado.
La formación de un médico, aparte de siete años de educación universitaria, implica dos años de internados, realizando turnos de hasta 36 horas 10 veces en el mes, y si se especializa implica mínimo 3 años mas, realizando turnos de 40 horas 2 o 3 veces por semana, este sistema templa el carácter del medico, pero también lo desgasta, disminuyendo sus horas de sueño, de esparcimiento, afectando indudablemente sus actividades sociales, personales y familiares, dejando nuestra juventud entre libros, pacientes, cirugías, deberes y responsabilidades. Al médico se le exige mantenerse al día en los últimos avances de la medicina, asistiendo a seminarios, congresos, charlas; es decir, mantener una educación medica continua, tanto nacional como internacional que implican gastos, generalmente altos, que sólo él debe asumir, y que no puede trasladar estos gastos a los costos de los honorarios pagados por sus pacientes.
Si el médico logra el éxito, sus mayores enemigos serán sus propios colegas que buscaran a toda costa la mínima equivocación para denigrarlo, ya que como buenos seres humanos no son inmunes a las bajas pasiones, entre ellas la envidia. Pero a pesar de todo esto, si el médico tiene fe en sí mismo y alimenta su corazón con amor, desde ese mismo corazón irradiará un resplandor que hará que algún día, algún paciente te diga con emoción: "gracias doctor por haberme curado", y en ese preciso momento será el ser más afortunado del universo.
En los llamados tiempos antiguos, el médico estuvo representado por el chaman, personaje importante dentro de las tribus nómadas que recorrían la tierra, y combinaba magia-brujería con remedios que provenían generalmente del reino vegetal.
En la época clásica griega se convirtió en el artesano que racionalizó su ciencia- arte; en la Edad Media pasó a ser el sacerdote que en sus frías celdas en los monasterios, copió textos antiguos, y practicó la plegaria y los milagros; con el Renacimiento nace el " doctor", dejando de ser tan fundamentalista y se acercó al humano doliente.
A partir del siglo XIX, el médico se hizo más técnico y científico, pero aún en nuestros días, a pesar de los avances tecnológicos, y de estar sumergido en una sociedad cada vez más materialista y menos humana, el médico que ejerce su profesión en hospitales públicos y/o privados, cae en cuenta que el acto médico sigue siendo la reunión de dos seres: el enfermo y él, y la inmensa mayoría de las enfermedades que le toca enfrentar pertenecen a la categoría de enfermedades propiamente humanas, que es tan diferente en cada paciente, y si no logramos penetrar la intimidad de cada uno de ellos para ejercer nuestro arte, es poco lo que podemos lograr en su beneficio, a pesar de los avances científicos.
El acto médico sigue siendo, fundamentalmente, uno de amor, de entrega, por parte del que lo ejecuta, el médico, hacia el que lo recibe, el paciente. Nuestro ejercicio debe ser incondicional, aunque priven honorarios por el mismo. Honorarios, curiosa palabra que desglosándola sólo significa el honor que hace el paciente al médico por haberlo atendido, honor que no tiene precio, pero que en nuestra sociedad globalizada y consumista se ha tergiversado y ahora sólo se considera el pago por un servicio, o como quien paga por un objeto o bien; también hay que tener presente que cuando el enfermo te escoge como su médico, desde ese momento queda firmado un contrato muy suis generis, donde el enfermo tiene la potestad de violarlo las veces que desee atendiéndose con otro facultativo y volviéndote a consultar cuando le plazca.
Si una curación se produce, en muchos de los casos se considera fortaleza del paciente o la intervención divina de Dios o algún santo invocado; en tanto, que si el paciente fallece o sufre alguna complicación de su padecimiento será única y exclusivamente responsabilidad del facultativo, como si el médico hubiere provocado su dolencia o indicara tratamientos médicos o quirúrgicos con la única finalidad de hacer daño, cuando realmente solamente busca el mayor bienestar de su paciente.
El enfermo te importunara las veces y a las horas que a bien lo considere, exigiéndote como un amo a su esclavo el cumplimiento de sus tareas. La vida del médico, si de verdad ejerces tu profesión con dedicación, no tendrá descanso, será interrumpido en fines de semana, en el día o la noche, en reuniones, en el teatro o cine, en cenas o banquetes, o cuando compartes con tu familia. . En reuniones o banquetes siempre habrá alguien que te hablará de sus males para solicitarte una consulta o un medicamento, generalmente sin desembolso de su parte, como un regalo que debe ser dado.
La formación de un médico, aparte de siete años de educación universitaria, implica dos años de internados, realizando turnos de hasta 36 horas 10 veces en el mes, y si se especializa implica mínimo 3 años mas, realizando turnos de 40 horas 2 o 3 veces por semana, este sistema templa el carácter del medico, pero también lo desgasta, disminuyendo sus horas de sueño, de esparcimiento, afectando indudablemente sus actividades sociales, personales y familiares, dejando nuestra juventud entre libros, pacientes, cirugías, deberes y responsabilidades. Al médico se le exige mantenerse al día en los últimos avances de la medicina, asistiendo a seminarios, congresos, charlas; es decir, mantener una educación medica continua, tanto nacional como internacional que implican gastos, generalmente altos, que sólo él debe asumir, y que no puede trasladar estos gastos a los costos de los honorarios pagados por sus pacientes.
Si el médico logra el éxito, sus mayores enemigos serán sus propios colegas que buscaran a toda costa la mínima equivocación para denigrarlo, ya que como buenos seres humanos no son inmunes a las bajas pasiones, entre ellas la envidia. Pero a pesar de todo esto, si el médico tiene fe en sí mismo y alimenta su corazón con amor, desde ese mismo corazón irradiará un resplandor que hará que algún día, algún paciente te diga con emoción: "gracias doctor por haberme curado", y en ese preciso momento será el ser más afortunado del universo.