El eje ruso - chino
Deseamos comentar la situación mundial surgida como consecuencia del lanzamiento o prueba de intercepción de un misil intercontinental sobre el Océano Pacífico. Las pruebas anteriores se dicen que habían fracasado, aunque somos del parecer que eso fue lo que se hizo saber para la exportación, muy distinto a lo que realmente ocurrió.
Cuando la caída del Imperio Ruso, durante la administración de Regan, exactamente cuando se anunció la llamada "Guerra de las Galaxias", todo ocurrió tan súbito que pareciera que fue debidamente sincronizado y con la anuencia de las autoridades rusas.
Somos de opinión que el gobierno ruso, presionado por el capitalismo, no tuvo mucho de donde escoger. Las alternativas eran sí o sí. O Rusia renunciaba a sus aspiraciones expansionistas o abrazaba el capitalismo. Fue a Gorbachov a quien correspondió las decisiones más trascendentales, como también a Yeltsin, pero detrás de todo fue fácil percibir la mano norteamericana.
Pensamos que detrás de todo ha debido existir alguna arma secreta devastadora en manos de occidente y que acabó con el balance bélico existente entre ambas potencias, no quedándole a Rusia mucho de donde escoger.
No hay duda de que Rusia y China son las potencias mundiales más afectadas con esta nueva política belicista norteamericana que, a no dudar, volverá a resucitar la política de "guerra fría" en donde dineros que pueden ser dedicados a causas pacifistas son destinados a la guerra. Ambas partes están en contra "del escudo norteamericano", pero hasta ahora han hecho la guerra por su cuenta y la evolución de los acontecimientos despierta un serio escepticismo respecto a la posibilidad de un cambio de rumbo.
China está irritada con Rusia y el hecho es que Moscú ha variado su política respecto al escudo de misiles, con iniciativas poco agradables para Pekín. Primero, según los expertos, admitió la existencia de la fantasmal amenaza que evocan los norteamericanos para justificar su proyecto. Posteriormente se hizo una contrapropuesta para organizar un sistema táctico antimisiles en Europa con participación de Moscú, lo cual fue recibido con educado escepticismo en Occidente, pero con alarma en China.
Y finalmente, el plato más indigesto: Rusia llegó a un acuerdo con India para construirle un sistema nacional antimisiles. Es evidente que a los chinos no puede agradarles la perspectiva de que su vecino asiático se dote de un escudo antimisiles. Pero es que además Pekín está en contra de todos los sistemas denominados, ya que contempla con horror la posibilidad de que uno de ellos sea desplegado en Taiwan. La ambigua postura rusa que se refleja en todas estas iniciativas no ha hecho sino reforzar los recelos ya existentes entre ambos países y que las respectivas diplomacias se esfuerzan por paliar desde hace años en esta visita de Jiang Zemin a Moscú.
Al respecto nos comenta un cronista español que "A China y a Rusia les queda aún mucho camino por recorrer en el terreno de las relaciones bilaterales antes de que puedan presentar un frente unido creíble, y menos contra los Estados Unidos, país con el que ambas partes necesitan mejorar sus relaciones y del que dependen intereses comunes (como la entrada en la Organización Mundial de Comercio).
A la mejora en el terreno bilateral deberá contribuir el fruto tangible de esta visita, la firma de un tratado de buena vecindad, amistad y cooperación que será la base para "un desarrollo a largo plazo, sano y estable de las relaciones ruso-chinas en el siglo XXI. El último tratado de este tipo se firmó en 1950, pero no pudo impedir los choques fronterizos de 1969. El hecho de que no existiera siquiera un tratado de buena vecindad, y que los contenciosos fronterizos hayan sido resueltos hace algo más de un año, es un claro síntoma de la falta de fundamento que tiene el llamado por algunos "eje Rusia-China." Al menos de momento.
Cuando la caída del Imperio Ruso, durante la administración de Regan, exactamente cuando se anunció la llamada "Guerra de las Galaxias", todo ocurrió tan súbito que pareciera que fue debidamente sincronizado y con la anuencia de las autoridades rusas.
Somos de opinión que el gobierno ruso, presionado por el capitalismo, no tuvo mucho de donde escoger. Las alternativas eran sí o sí. O Rusia renunciaba a sus aspiraciones expansionistas o abrazaba el capitalismo. Fue a Gorbachov a quien correspondió las decisiones más trascendentales, como también a Yeltsin, pero detrás de todo fue fácil percibir la mano norteamericana.
Pensamos que detrás de todo ha debido existir alguna arma secreta devastadora en manos de occidente y que acabó con el balance bélico existente entre ambas potencias, no quedándole a Rusia mucho de donde escoger.
No hay duda de que Rusia y China son las potencias mundiales más afectadas con esta nueva política belicista norteamericana que, a no dudar, volverá a resucitar la política de "guerra fría" en donde dineros que pueden ser dedicados a causas pacifistas son destinados a la guerra. Ambas partes están en contra "del escudo norteamericano", pero hasta ahora han hecho la guerra por su cuenta y la evolución de los acontecimientos despierta un serio escepticismo respecto a la posibilidad de un cambio de rumbo.
China está irritada con Rusia y el hecho es que Moscú ha variado su política respecto al escudo de misiles, con iniciativas poco agradables para Pekín. Primero, según los expertos, admitió la existencia de la fantasmal amenaza que evocan los norteamericanos para justificar su proyecto. Posteriormente se hizo una contrapropuesta para organizar un sistema táctico antimisiles en Europa con participación de Moscú, lo cual fue recibido con educado escepticismo en Occidente, pero con alarma en China.
Y finalmente, el plato más indigesto: Rusia llegó a un acuerdo con India para construirle un sistema nacional antimisiles. Es evidente que a los chinos no puede agradarles la perspectiva de que su vecino asiático se dote de un escudo antimisiles. Pero es que además Pekín está en contra de todos los sistemas denominados, ya que contempla con horror la posibilidad de que uno de ellos sea desplegado en Taiwan. La ambigua postura rusa que se refleja en todas estas iniciativas no ha hecho sino reforzar los recelos ya existentes entre ambos países y que las respectivas diplomacias se esfuerzan por paliar desde hace años en esta visita de Jiang Zemin a Moscú.
Al respecto nos comenta un cronista español que "A China y a Rusia les queda aún mucho camino por recorrer en el terreno de las relaciones bilaterales antes de que puedan presentar un frente unido creíble, y menos contra los Estados Unidos, país con el que ambas partes necesitan mejorar sus relaciones y del que dependen intereses comunes (como la entrada en la Organización Mundial de Comercio).
A la mejora en el terreno bilateral deberá contribuir el fruto tangible de esta visita, la firma de un tratado de buena vecindad, amistad y cooperación que será la base para "un desarrollo a largo plazo, sano y estable de las relaciones ruso-chinas en el siglo XXI. El último tratado de este tipo se firmó en 1950, pero no pudo impedir los choques fronterizos de 1969. El hecho de que no existiera siquiera un tratado de buena vecindad, y que los contenciosos fronterizos hayan sido resueltos hace algo más de un año, es un claro síntoma de la falta de fundamento que tiene el llamado por algunos "eje Rusia-China." Al menos de momento.