El ejemplo de las elecciones ticas
El torneo electoral costarricense, verificado el domingo pasado, constituyó una ejemplar fiesta democrática, digna de ser imitada. Por un margen más estrecho que el previsto por las encuestadoras, triunfó la oposición política del hoy presidente electo, Miguel Angel Rodríguez, del Partido Unidad Social Cristiana.
El gobernante Partido Liberación Nacional, que candidatizaba a José Miguel Corrales, dio una buena batalla pero perdió. Por alguna razón, quizás por una suprema inteligencia colectiva o por mero instinto de conservación, los ticos invariablemente votan por la oposición, no importa lo buena o mala que haya sido la gestión del gobierno que defiende el título.
Y lo mejor es que su Tribunal Supremo Electoral y las propias autoridades gubernamentales terminan siempre respetando escrupulosamente el triunfo opositor, por estrecho que sea el margen, esta vez de apenas 2%.
La alternabilidad en el poder, es pues una regla no escrita y el bipartidismo es otra, ambas impuestas a fuerza de votos no de leyes.
En 1949 Costa Rica abolió su ejército mediante una revolución sangrienta encabezada por el caudillo liberacionista y expresidente, José Figueres, padre del actual mandatario, cuyo partido perdió las elecciones. En Panamá fue menester una invasión para provocar el mismo efecto y hacer de la Policía una fuerza no participante en política.
Cierto que hubo un gran abstencionismo, pues los costarricenses hace mucho tiempo que no advierten mayor diferencia entre un gobierno liberacionista y uno social cristiano u otro cualquiera. Perciben que al fin y al cabo todos terminarán, a un mayor o menor ritmo, aplicando las implacables fórmulas económicas y sociales impuestas por las IFIs.
Pero así y todo, acuden a las urnas a votar siempre por la oposición, cualquiera que sea. Sienten que la alternabilidad es un seguro para preservar su ejemplar democracia de tentaciones totalitarias como las que motivaron la revolución de Figueres. Y no desean pasar otra vez por lo mismo.
El otro asunto es que, faltando horas para cerrar la votación, los medios de comunicación se dieron a la tarea de anticipar los resultados estadísticos de los sufragantes consultados a la salida de las urnas ("exit polls"), lo que irritó al Tribunal Supremo de Elecciones, que ha amenazado con aplicar multas y sanciones, habida cuenta de la prohibición legal de divulgar resultados no oficiales.
En Panamá existen normas que imponen igual restricción. Pero tanto aquí como allá, los medios están protegidos por la prohibición constitucional a la censura previa, sin perjuicio de las responsabilidades que surjan por agravios contra la honra o por atentar contra el orden público. El medio que se limite a divulgar resultados de una mera muestra estadística, dejando claro que no son datos oficiales, no incurre en falta alguna.
El gobernante Partido Liberación Nacional, que candidatizaba a José Miguel Corrales, dio una buena batalla pero perdió. Por alguna razón, quizás por una suprema inteligencia colectiva o por mero instinto de conservación, los ticos invariablemente votan por la oposición, no importa lo buena o mala que haya sido la gestión del gobierno que defiende el título.
Y lo mejor es que su Tribunal Supremo Electoral y las propias autoridades gubernamentales terminan siempre respetando escrupulosamente el triunfo opositor, por estrecho que sea el margen, esta vez de apenas 2%.
La alternabilidad en el poder, es pues una regla no escrita y el bipartidismo es otra, ambas impuestas a fuerza de votos no de leyes.
En 1949 Costa Rica abolió su ejército mediante una revolución sangrienta encabezada por el caudillo liberacionista y expresidente, José Figueres, padre del actual mandatario, cuyo partido perdió las elecciones. En Panamá fue menester una invasión para provocar el mismo efecto y hacer de la Policía una fuerza no participante en política.
Cierto que hubo un gran abstencionismo, pues los costarricenses hace mucho tiempo que no advierten mayor diferencia entre un gobierno liberacionista y uno social cristiano u otro cualquiera. Perciben que al fin y al cabo todos terminarán, a un mayor o menor ritmo, aplicando las implacables fórmulas económicas y sociales impuestas por las IFIs.
Pero así y todo, acuden a las urnas a votar siempre por la oposición, cualquiera que sea. Sienten que la alternabilidad es un seguro para preservar su ejemplar democracia de tentaciones totalitarias como las que motivaron la revolución de Figueres. Y no desean pasar otra vez por lo mismo.
El otro asunto es que, faltando horas para cerrar la votación, los medios de comunicación se dieron a la tarea de anticipar los resultados estadísticos de los sufragantes consultados a la salida de las urnas ("exit polls"), lo que irritó al Tribunal Supremo de Elecciones, que ha amenazado con aplicar multas y sanciones, habida cuenta de la prohibición legal de divulgar resultados no oficiales.
En Panamá existen normas que imponen igual restricción. Pero tanto aquí como allá, los medios están protegidos por la prohibición constitucional a la censura previa, sin perjuicio de las responsabilidades que surjan por agravios contra la honra o por atentar contra el orden público. El medio que se limite a divulgar resultados de una mera muestra estadística, dejando claro que no son datos oficiales, no incurre en falta alguna.