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El ejemplo de los estonios


Marginada por la geografía a los confines del Mar Báltico, pequeña en territorio, recursos y población, la República de Estonia es uno de aquellos países del Este europeo del que muy poco se conocía. De identificarla en un mapa regional hace algún tiempo, ni siquiera habría aparecido en calidad de Estado independiente, sino como simple división de una resquebrajada Unión Soviética. Ahora, a menos de dos décadas de recuperar su libertad política y gracias a una consistente política de libre mercado, se ha convertido en un país de formidable éxito socioeconómico del que muchos buscan inspirarse, imitar y aprender.
En agosto de 1996 tuve la oportunidad de viajar a Estonia motivado por el interés de visitar la ciudadela medieval de su antigua capital, Tallin, el puerto hanseático de Reval. El viaje desde Helsinki era corto a través de un Golfo de Finlandia rápidamente transitable durante el verano. Si bien mi estadía fue breve, pronto descubrí asombrado a un pueblo estonio con fuerte espíritu nacional, identificado por un distintivo idioma no compartido con nadie que, sin embargo, se mantenía pendiente de cada suceso más allá de sus fronteras.
Trascendiendo el lastre del legado soviético, los estonios iban silenciosamente alcanzando notables tasas de crecimiento e indicadores de democracia, desarrollo humano, desarrollo sostenible, libertad económica, libertad de prensa, competitividad y baja percepción de corrupción que hacían palidecer a las reflejadas por viejos estados que nunca padecieron los traumas de esta joven república.
Para entonces, los estonios apenas iniciaban su camino en libertad. Durante siglos estuvieron sometidos por invasores alemanes, daneses, suecos y rusos, logrando su independencia de estos últimos en 1918. Esta, no obstante, fue breve: en 1940 sufrieron la ocupación del Ejército Rojo y al año siguiente la invasión de la Wehrmacht nazi, seguida a los tres años de brutal ocupación por la contraofensiva soviética. Al concluir la II Guerra Mundial, pobre y en ruinas, Estonia fue obligada a sumarse nuevamente a la URSS, con la que de manera forzada participó en el modelo socialista. Indudablemente, los estonios acogen grandes razones históricas para promover su libertad con entusiasta voluntad.
En mayo pasado, Mart Laar, ex primer Ministro de Estonia de renombre internacional, participó como invitado en la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) bajo el patrocinio de una firma consultora panameña. Con sencillos términos, Laar expuso ante una cautivada audiencia cómo la libertad económica favorecida en su país ha sido el eje central de su creciente prosperidad. Diversificando mercados, eliminando regulaciones innecesarias, liberalizando precios, reduciendo y universalizando tasas impositivas e incrementando el ahorro en el gasto público, entre otras acciones decisivas, Estonia aventajó con creces a muchas naciones ex socialistas en el proceso de transición hacia una economía abierta al mundo.
Las metas del desarrollo socieconómico, que parecieran tan imposibles como "caminar en el agua" -el título de la presentación de Laar en la CADE- son directamente proporcionales a la consecución de mayores niveles de libertad económica.
Transcurridos once años de mi primera visita a Estonia, he podido comprobar lo tangible de las palabras de Laar en Panamá. La Estonia de hoy en verdad genera un interés que supera al de su antigua capital. Por todos lados es visible cómo esta pequeña nación ha profundizado su ansiada libertad política en lo social y económico, convirtiéndose en tan corto plazo en un patrón internacional de rápido desarrollo apodado "Tigre Báltico" por los observadores.
Para modelo de superación, los estonios han decidido compararse no sólo con sus vecinos o competidores comerciales, sino con el mundo entero. A diferencia de 1996, ya no aprecian situarse en una mejor posición a la de Lituania, Latvia o Finlandia, por ejemplo, sino que buscan destacarse frente a la competencia global. Sus realizaciones se enmarcan en el progreso educativo y tecnológico -son pioneros en la infotecnología- con énfasis en la práctica consciente de una auténtica transparencia tanto en la gestión pública como en la empresarial e individual.
De allí que la transformación que Estonia ha experimentado junto a otros países de la desmantelada órbita soviética han sido consecuencia lógica de su pasado. Los estonios, hartos de sufrir limitaciones a sus libertades y conocedores en carne propia del socialismo, concluyeron que el camino al progreso requería de una efectiva libertad económica para todos. Sólo faltaba que políticos conscientes de la historia como Mart Laar -un historiador de profesión- actuaran sobre esa realidad como gobernantes democráticamente elegidos. Tan sólido es este convencimiento que los estonios han seguido votando por los principios de libre mercado a través de partidos políticos que se encuentran tanto o más comprometidos con la libertad que el del propio Laar.
Aprendiendo de su experiencia, los años de opresión y miseria que soportaron los estonios, tanto como los actuales en que disfrutan de amplio bienestar y superación socioeconómica, sirven para valorar cada día más una libertad que naciones indiferentes dan por descontada sin preocuparse en nada por defenderla, adelantarla, o siquiera tenerla asegurada.
Una fosa en los cementerios municipales de la ciudad de Panamá cuesta B/. 48 y se deben pagar B/. 10 anuales después de tres años. En una bóveda se paga B/.135 y después de cuatro años se paga B/. 30 anuales.
En el cementerio de Juan Díaz una cripta cuesta B/.175 y no se paga nada más, pero esos servicios están suspendidos.
La mayoría de los entierros en el distrito de Panamá son de personas de San Miguelito, eso ha copado el reciente cementerio de Utivé.
Por su parte, el alcalde Héctor Valdés Carrasquilla, señaló que la documentación de solicitud de la adjudicación del primer cementerio municipal del distrito está en manos de una Comisión Interinstitucional.
Entre los integrantes están el ministro de Economía Héctor Alexander y el contralor Carlos Vallarino.
"Solamente falta la firma de adjudicación por parte de la comisión", dijo.
Según el alcalde, prácticamente faltan algunos trámites de orden administrativo, inclusive en los terrenos se han hecho remociones de tierra.
El presidente de la República, Martín Torrijos, les asignó una partida de B/.277 mil para la primera fase del camposanto.
"Ya nosotros empezamos a hacer los movimientos de tierra y, si nos preguntan, ya se puede enterrar", aseguró.
Carrasquilla fue claro al señalar que lo que no quiere es hacerlo hasta tanto no estén los accesos, los portales de entrada, entre otros detalles.
La primera fase establece 500 fosas y 250 criptas, las que según el Municipio de San Miguelito, se irán incrementando.
En 1998 se logró un globo de terreno en concesión por 20 años en el área revertida.
En Amador hay muchos difuntos de San Miguelito.

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