El ejemplo de Omar Moreno
En medio de la polémica sobre el aumento de las penas a menores, surge una iniciativa tan inesperada como ejemplar de un panameño retirado de su oficio en condición económica holgada, pero no por eso desvinculado de los problemas nacionales. No, no se trata de un acaudalado hombre de negocios que tras pasar el mando a su descendencia se aparta del mundo para disfrutar de sus millones. Menos se trata de una de esas tantas fundaciones que de cuando en cuando capta la atención pública con alguna actividad. Igual, no es un club cívico organizando una teletón anual.
Moreno, un fornido prieto chiricano, jugó en las grandes ligas durante doce años y ganó junto con sus compañeros de los Piratas del Pittsburgh dos títulos mundiales, habiendo militado también en los equipos de los Yanquis, Bravos y Astros, en todos los cuales se destacó no sólo como una muralla infranqueable en los jardines y robador de bases como nadie, con dos títulos en el rubro conquistados en 1978 y 1979, sino por su temperamento amable, don de gente y compañerismo a toda prueba.
Tras su retiro, rechazó numerosas ofertas como entrenador y asistente manejador de equipos, y optó por retornar a Panamá. Tan pronto puso pie en su tierra, no descansó y se puso como meta ayudar a bisoñas promesas a forjar la misma oportunidad que tuvo él. Organizó escuelas para niños, cursos para jóvenes y - no hace mucho - dirigió la oncena panameña que conquistó en La Habana contra los locales, en su propio patio, el campeonato mundial de béisbol aficionado. Nunca nadie nos guió tan lejos.
Ahora el incansable Moreno, acaba de sumar otro campeonato a su interminable lista. Ha logrado que la gigante portuaria Panamá Ports Company apoye su proyecto de fundar una escuela especializada en béisbol para los niños pobres, la cual funcionará en terrenos de la empresa ubicados en Balboa. La idea, según el gerente de la compañía, Alejandro Kouriklis, es colaborar con Moreno en "este innovador esfuerzo que busca alejar a la niñez de los flagelos de las drogas y la vinculación en pandillas".
Se trata del incansable Omar Moreno, una gloria panameña de la pelota, que desde hace años optó por no vivir únicamente a la sombra de su merecida gloria, sino dedicarse a la siembra de oportunidades para niños y jóvenes, quien ha irrumpido en lo más fragoroso de la discusión sobre los menores delincuentes.
Y he allí el ejemplo que nos da Moreno. No sólo es cuestión de elevar penas sino también de sembrar esperanza y oportunidades, como se erradicará la criminalidad juvenil.
Obvio, si crecemos más, tendremos menos pobres, así como también si abriéramos más la economía ellos tendrían alimentos, ropa y crédito más baratos y hasta autos usados que podrían trabajar como taxis. Pero, ¡claro!, siempre que los políticos profesionales de la desigualdad abran esta actividad que cerraron en los años 90.
Los que nunca entendieron que la gente libre es la que crea la riqueza son los culpables de la pobreza y la mala distribución.
¿Y quiénes son? El ciento por ciento de los comunistas, socialistas, ambientalistas y la Central Unitaria de Trabajadores; el 80% del Partido por la Democracia; el 50% de Renovación Nacional; intelectuales, obispos, cientistas sociales, educadores y economistas, y el 10% de la Unión Democrática Independiente.
Los radicales y democristianos, que antes creían en la persona humana, se hicieron socialistas. No debe quedar más de un 10 por ciento rescatable.
¿Y los grandes empresarios? Usted sabe; la primera lección para el oficio es la navegación.
Y la segunda, que los reguladores siempre pueden ser capturados por los regulados.
*Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
©www.aipenet.com
Moreno, un fornido prieto chiricano, jugó en las grandes ligas durante doce años y ganó junto con sus compañeros de los Piratas del Pittsburgh dos títulos mundiales, habiendo militado también en los equipos de los Yanquis, Bravos y Astros, en todos los cuales se destacó no sólo como una muralla infranqueable en los jardines y robador de bases como nadie, con dos títulos en el rubro conquistados en 1978 y 1979, sino por su temperamento amable, don de gente y compañerismo a toda prueba.
Tras su retiro, rechazó numerosas ofertas como entrenador y asistente manejador de equipos, y optó por retornar a Panamá. Tan pronto puso pie en su tierra, no descansó y se puso como meta ayudar a bisoñas promesas a forjar la misma oportunidad que tuvo él. Organizó escuelas para niños, cursos para jóvenes y - no hace mucho - dirigió la oncena panameña que conquistó en La Habana contra los locales, en su propio patio, el campeonato mundial de béisbol aficionado. Nunca nadie nos guió tan lejos.
Ahora el incansable Moreno, acaba de sumar otro campeonato a su interminable lista. Ha logrado que la gigante portuaria Panamá Ports Company apoye su proyecto de fundar una escuela especializada en béisbol para los niños pobres, la cual funcionará en terrenos de la empresa ubicados en Balboa. La idea, según el gerente de la compañía, Alejandro Kouriklis, es colaborar con Moreno en "este innovador esfuerzo que busca alejar a la niñez de los flagelos de las drogas y la vinculación en pandillas".
Se trata del incansable Omar Moreno, una gloria panameña de la pelota, que desde hace años optó por no vivir únicamente a la sombra de su merecida gloria, sino dedicarse a la siembra de oportunidades para niños y jóvenes, quien ha irrumpido en lo más fragoroso de la discusión sobre los menores delincuentes.
Y he allí el ejemplo que nos da Moreno. No sólo es cuestión de elevar penas sino también de sembrar esperanza y oportunidades, como se erradicará la criminalidad juvenil.
Obvio, si crecemos más, tendremos menos pobres, así como también si abriéramos más la economía ellos tendrían alimentos, ropa y crédito más baratos y hasta autos usados que podrían trabajar como taxis. Pero, ¡claro!, siempre que los políticos profesionales de la desigualdad abran esta actividad que cerraron en los años 90.
Los que nunca entendieron que la gente libre es la que crea la riqueza son los culpables de la pobreza y la mala distribución.
¿Y quiénes son? El ciento por ciento de los comunistas, socialistas, ambientalistas y la Central Unitaria de Trabajadores; el 80% del Partido por la Democracia; el 50% de Renovación Nacional; intelectuales, obispos, cientistas sociales, educadores y economistas, y el 10% de la Unión Democrática Independiente.
Los radicales y democristianos, que antes creían en la persona humana, se hicieron socialistas. No debe quedar más de un 10 por ciento rescatable.
¿Y los grandes empresarios? Usted sabe; la primera lección para el oficio es la navegación.
Y la segunda, que los reguladores siempre pueden ser capturados por los regulados.
*Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
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