El elegido
Cuando las armas tienen la palabra, la razón se cansa de gritar y guarda silencio en espera de un instante cuya ausencia sea notada por los oídos ensordecidos de los que aplauden por ignorancia o miedo, como si fuera la guerra un refugio seguro mientras los cañones apunten a otro lado.
El mundo, según se desprende de la de la disyuntiva Bush, se debate entre dos hombres George W. y Osama, que buscan su reconocimiento como "El Elegido". En el nombre de Dios, ambos fundamentalistas declaran la cruzada de la venganza y guerra santa, como si realmente se tratara de la "verdad única" que la publicidad engañosa del neoliberalismo nos quiso imponer como epílogo universal, como el fin de la historia.
La guerra se inicia en Afganistán, el mismo escenario de "Rambo III", en donde el musculoso personaje en nombre de los valores del mundo libre combate junto a sus aliados del Talibán a las milicias rusas. Para aquellos tiempos, los rebeldes Mujaidines eran apoyados y promovidos por el presidente Ronald Reagan como "Luchadores de la libertad".
En la cinta "Rambo III", los Mujaidines acuerdan apoyar al invencible boina verde para lograr que los medios de comunicación de Occidente se enteren de lo que pasa en Afganistán, que hasta ese momento no han dedicado ni una línea en los periódicos y ni un minuto en televisión. Las cadenas norteamericanas serían el otro campo de batalla para promover a las patrióticas milicias de Osama Bin Laden frente al invasor Ejército Rojo.
La más desarrollada tecnología del planeta del antiguo promotor contra uno de los países más pobres del mundo. Pero los publicistas de la guerra idearon una humanitaria oferta: por determinada cantidad de misiles y bombas otra cantidad de alimentos serían lanzados, para los que no mueran destrozados por las detonaciones, al menos puedan comer, antes del próximo bombardeo.
Las imágenes del atentado a las torres gemelas de Nueva York siguen su constante en las pantallas de Estados Unidos y del mundo para recordar los motivos. El imperio contraataca, crece la violencia, el odio, el miedo. Mohammed Heikal, el comentarista más importante del mundo árabe y ex canciller de Egipto, en una entrevista concedida a periodistas ingleses, no ve lógica alguna en el ataque contra Afganistán.
Dice Haikal: "Para comenzar, no hay nada allí que valga la pena atacar. No hay un sólo objetivo que valga un millón de dólares, y eso es lo que cuesta un misil de crucero, ni siquiera el Palacio Real". Más adelante agrega que bin Laden no tiene capacidad para un ataque como los atentados del 11 de septiembre. Bin Laden y Al Quaeda han sido vigilados, monitoreados y penetrados por las inteligencias de Estados Unidos, Paquistán, Arabia Saudí y Egipto durante años. "Una operación que requiere semejante organización y sofisticación no podrían haberla mantenido en secreto".
El control de las autoridades hacia los medios de comunicación y los periodistas, la autocensura, la censura corporativa, las limitaciones para proyectar las acciones de guerra y sus resultados hasta las presiones a las televisoras extranjeras para que se abstengan de emitir imágenes o entrevistas de Osama bin Laden, han sido denunciados por la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), quienes constataron en el terreno la situación de la prensa estadounidense.
También existe una ofensiva contra la confidencialidad de los mensajes por internet y otras medidas que constituyen una amenaza real contra las libertades individuales y colectivas. A partir del discurso presidencial del 20 de septiembre, dice el informe de RSF las cadenas periodísticas y de TV "adoptaron un tono resueltamente patriótico y la información empezó a perder en beneficio de la propaganda". Esto también ha tenido un reflejo en muchos medios del mundo.
¿Cuáles son los verdaderos objetivos de esta guerra que amenaza con desbordarse hacia otros países en momentos en que el neoliberalismo mostraba su ineficacia y desfallecimiento? ¿Se trata de un nuevo reparto del mundo apuntalado por el armamentismo internacional y las multinacionales del petróleo encabezado por los poderes políticos y económicos más atrasados para ungir a un "elegido" que mire con ojos de guerra hacia la China Continental?.
El mundo, según se desprende de la de la disyuntiva Bush, se debate entre dos hombres George W. y Osama, que buscan su reconocimiento como "El Elegido". En el nombre de Dios, ambos fundamentalistas declaran la cruzada de la venganza y guerra santa, como si realmente se tratara de la "verdad única" que la publicidad engañosa del neoliberalismo nos quiso imponer como epílogo universal, como el fin de la historia.
La guerra se inicia en Afganistán, el mismo escenario de "Rambo III", en donde el musculoso personaje en nombre de los valores del mundo libre combate junto a sus aliados del Talibán a las milicias rusas. Para aquellos tiempos, los rebeldes Mujaidines eran apoyados y promovidos por el presidente Ronald Reagan como "Luchadores de la libertad".
En la cinta "Rambo III", los Mujaidines acuerdan apoyar al invencible boina verde para lograr que los medios de comunicación de Occidente se enteren de lo que pasa en Afganistán, que hasta ese momento no han dedicado ni una línea en los periódicos y ni un minuto en televisión. Las cadenas norteamericanas serían el otro campo de batalla para promover a las patrióticas milicias de Osama Bin Laden frente al invasor Ejército Rojo.
La más desarrollada tecnología del planeta del antiguo promotor contra uno de los países más pobres del mundo. Pero los publicistas de la guerra idearon una humanitaria oferta: por determinada cantidad de misiles y bombas otra cantidad de alimentos serían lanzados, para los que no mueran destrozados por las detonaciones, al menos puedan comer, antes del próximo bombardeo.
Las imágenes del atentado a las torres gemelas de Nueva York siguen su constante en las pantallas de Estados Unidos y del mundo para recordar los motivos. El imperio contraataca, crece la violencia, el odio, el miedo. Mohammed Heikal, el comentarista más importante del mundo árabe y ex canciller de Egipto, en una entrevista concedida a periodistas ingleses, no ve lógica alguna en el ataque contra Afganistán.
Dice Haikal: "Para comenzar, no hay nada allí que valga la pena atacar. No hay un sólo objetivo que valga un millón de dólares, y eso es lo que cuesta un misil de crucero, ni siquiera el Palacio Real". Más adelante agrega que bin Laden no tiene capacidad para un ataque como los atentados del 11 de septiembre. Bin Laden y Al Quaeda han sido vigilados, monitoreados y penetrados por las inteligencias de Estados Unidos, Paquistán, Arabia Saudí y Egipto durante años. "Una operación que requiere semejante organización y sofisticación no podrían haberla mantenido en secreto".
El control de las autoridades hacia los medios de comunicación y los periodistas, la autocensura, la censura corporativa, las limitaciones para proyectar las acciones de guerra y sus resultados hasta las presiones a las televisoras extranjeras para que se abstengan de emitir imágenes o entrevistas de Osama bin Laden, han sido denunciados por la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), quienes constataron en el terreno la situación de la prensa estadounidense.
También existe una ofensiva contra la confidencialidad de los mensajes por internet y otras medidas que constituyen una amenaza real contra las libertades individuales y colectivas. A partir del discurso presidencial del 20 de septiembre, dice el informe de RSF las cadenas periodísticas y de TV "adoptaron un tono resueltamente patriótico y la información empezó a perder en beneficio de la propaganda". Esto también ha tenido un reflejo en muchos medios del mundo.
¿Cuáles son los verdaderos objetivos de esta guerra que amenaza con desbordarse hacia otros países en momentos en que el neoliberalismo mostraba su ineficacia y desfallecimiento? ¿Se trata de un nuevo reparto del mundo apuntalado por el armamentismo internacional y las multinacionales del petróleo encabezado por los poderes políticos y económicos más atrasados para ungir a un "elegido" que mire con ojos de guerra hacia la China Continental?.