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El equipo del Presidente


Dicen que Gobernar es la ciencia de proveer lo necesario para la Sociedad y que la Política es el arte de hacer posible lo necesario. Conjugar ciencia y arte es muy difícil, pues requiere talento y experiencia, una buena dosis de sentido común y mucha creatividad.
En cierto sentido, ser presidente es como ser gerente de una empresa muy especial: la parte más difícil del trabajo consiste en manejar gente, distintos tipos de gente, gente que hace las más diversas cosas, con aspiraciones e intereses conocidos, pero a veces impredecibles, desde ministros y asesores, hasta políticos, empresarios y profesionales, lideres comunitarios y gente influyente.
La imagen del Presidente de la República está hecha no solamente de las decisiones que toma, sino también de la gente que maneja o le acompaña en las variadas facetas del trabajo cotidiano, pues lo que hace el equipo del Presidente, al final, se reputa como hecho por el Presidente, y las cualidades de quienes le acompañan terminan por colorear o contagiar la imagen presidencial.
Un tacto muy fino se requiere para detectar las situaciones que podrían comprometer al gobernante antes de que la cuestión llegue a los medios, pues en estos oficios de poco sirve llorar sobre la leche derramada. Si el Presidente no actúa a tiempo, su omisión le perjudica primero a sí mismo, y en consecuencia, al gobierno como un todo.
Los especialistas en cuestiones de imagen afirman que levantar un perfil público cuesta mucho y toma tiempo, pero para destruirlo basta con un descuido momentáneo.
El equipo del Presidente debe ser pues profesional y técnico, salvadas la cuestiones relativas a la lealtad y la confianza, y quienes acompañan al Presidente, seleccionados con delicadas pinzas.
El gobierno no debe ser un reflejo de la sociedad; se supone que es lo mejor de la sociedad. El equipo del Presidente no debe reflejar el gobierno; más bien debe ser lo mejor de lo mejor que hay en el gobierno.

101 años de Panamá América

 
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