El estado del mundo ¡Gobiernos «express» ya!
Algo está cambiando en la vetusta Britannia. Dos jóvenes políticos se disputan hoy las preferencias de los electores. El conservador David Cameron lidera las encuestas. A la zaga, Nick Clegg, la revelación de la campaña, casado con una española y descendiente de la nobleza rusa. Ambos pueden llevar a la izquierda laborista del primer ministro Gordon Brown a obtener sus peores resultados en 92 años. Tras los años dorados de la «era Blair», cuyo mayor logro fue europeizar a los ingleses y acercarlos a un continente del que siempre han recelado, a Brown le ha tocado bailar con la única gran crisis que no ha podido sortear.
Y digo la única porque muchos olvidan que durante los años en que controló la política económica de Blair, Reino Unido vivió el más largo periodo ininterrumpido de crecimiento en dos siglos. Sin embargo, su ausencia total de carisma le sitúa último en la preferencia de los electores ante la crucial cita electoral de este jueves. Los dos favoritos representan, en cierta medida, las ansias de los británicos por recuperar los aires de esperanza que trajo Blair en 1997. Y pese a todo, ambos candidatos mantendrán las grandes líneas económicas del denostado Brown.
He seguido los tres debates que han enfrentado a los tres contendientes y , ahora que caigo, no hay grandes diferencias entre ellos. Sí, Clegg defendió antes de entrar en campaña la posibilidad de mandar la libra al cuerno y adoptar el euro, pero la crisis griega –que le va a costar a los países de la eurozona la friolera de 80,000 millones para salvar a Atenas– le ha obligado a renegar de su europeísmo. Y poco más. Matices y mucho “marketing”. Así que sólo se me ocurre una explicación para que los británicos se decanten por Cameron y Clegg: que son jóvenes y sofisticados. Sangre fresca para renovar la vida política de las islas.
La lectura está clara: en estos tiempos de sobreoferta, de cambios vertiginosos, resulta insoportable aguantar durante dos tediosas legislaturas a las mismas caras copando los espacios informativos, colándose a diario en nuestras vidas.
Ha llegado la hora de las legislaturas «express». Dos o tres años son hoy más que suficientes para que un gobierno ponga en marcha sus iniciativas (sin posibilidad de reelección) y para que un Parlamento legisle con rapidez. Así acabaríamos con tanto burócrata de la política, con quienes viven como reyes de nuestros impuestos y se perpetúan en sus tronos inalcanzables como si fueran dioses.
Hoy, en esta enorme Pangea en la que se ha convertido el planeta, las crisis de todo tipo se presentan de la noche al día.
Por eso, se hace insufrible que los ciudadanos tengan que tolerar gobiernos débiles incapaces de afrontar los cambios sólo porque fueron elegidos por cuatro años. Es el momento de pulir la democracia, para que perdure antes de que se la zampen los buitres.
hmontero@larazon.es