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El Estado Federal de Panamá


HACE exactamente un siglo y medio, el egregio Justo Arosemena publicó un estudio que vendría a ser el catecismo de la nacionalidad panameña. Me refiero al Estado Federal de Panamá, publicado en 1855. En el opúsculo, su autor señalaba con fuertes argumentos los especiales atributos del Istmo en el cual la naturaleza, sus gentes variadas y una especie de "destino manifiesto" hacen de Panamá una realidad tan distinta dentro de la Unión colombiana.
Tan contundentes eran los razonamientos que el análisis no podía sólo quedarse dentro de los marcos de la mera teoría.
El 27 de febrero de ese mismo año, un Acto reformatorio de la Constitución creó el Estado Federal de Panamá. Justo Arosemena fue su primer Presidente en medio de los vaivenes propios de la convulsa política de mediados del siglo XIX.
Aquel trabajo de Arosemena era un hito en la andadura panameña que va en busca de su identidad. Lenta pero firmemente se va puliendo el sentimiento de que en Panamá existe de modo fehaciente un particularismo histórico, cultural, étnico que ya había tenido sus primarios asomos en la era colonial y que viene a lo largo de centurias cada vez más claro, exigente, definitorio y definitivo. Todavía nadie habla de una independencia absoluta. El perfil propio de los panameños pide un trato cónsono con aquellas especialidades. Colombia trató de complacerlo a veces y no siempre con una actitud de aceptación. Desde las alturas andina de Bogotá se legislaba para una comarca de infinitas costas, de excelentes puertos, un territorio situado por privilegio natural en el corazón mismo de las Américas.
Panamá no "encaja" bien con el resto de Colombia, de la Gran Colombia, de la Unión Granadina, de los Estados Unidos de Colombia, en fin, en las diferentes denominaciones que tuvo el país mientras el istmo le estuvo uncido, de 1821 a 1903. Para colmo de males, la cadena de golpes de Estado, de revoluciones, de economías frágiles explican y justifican los amagos separatistas de 1830, 1831, 1840 y las Actas político económicas de Santiago y David de 1861.
Si sopesamos bien El Estado Federal del Patricio Don Justo podremos percibir no solo su sensibilidad frente al porvenir del Istmo, sino el reiterado concepto similar que aparece en las Gacetas Oficiales de época, los escritos de otros panameños ilustres, la actitud del pueblo a lo largo de los 82 años en que fuimos colombianos.
Cuando en 1855 se lleva a la práctica el ideario de Justo Arosemena, el mismo Acto Adicional a la Constitución dirá "...el Estado de Panamá estatuye libremente lo que a bien tenga por los trámites de su propia Constitución".
Era el primer espaldarazo a una marcha ascendente hacia la soberanía que no tendría eclosión hasta el 3 de noviembre de 1903.
Justo Arosemena no vivió lo suficiente para ver su Istmo convertido en República, pero su escrito es un documento fundamental, aleccionador, una columna histórica, un aporte contundente de lo que fuimos y aspirábamos a ser. Su lectura y estudio por las nuevas generaciones es obligante, ineludible.
Integrada hoy nuestra tierra, mirando esperanzador el siglo XXI, todavía cobra actualidad impresionante lo que Don Justo señaló hace ya 150 años: "Propensión de los Estados pequeños a mantener su independencia que envuelve también su libertad". Más claro nadie podía hablar. Aquel concepto estaba llamado a fructificar; fue el inicio de nuestra era republicana.

101 años de Panamá América

 
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