El Estado incorruptible
La corrupción es una forma de injusticia que pesa sobre las sociedades y podemos definirla como una conducta desviada de los hombres en asumir sus deberes y responsabilidades tanto en el área gubernamental como en la empresa privada, con el objeto de obtener beneficios económicos, sociales o políticos. Esto trae como consecuencia en el sector público la ausencia de credibilidad, estabilidad y legitimidad de los gobiernos.
La ausencia de ética en el desenvolvimiento de la función pública y la falta de valores como la lealtad, eficiencia, probidad, responsabilidad e imparcialidad se traduce como conducta ilícita que busca el interés personal por encima del intereses de otros. Esta es una conducta indebida de los recursos de públicos, que además conllevan el tráfico de influencia y el nepotismo. Es el germen que infecta a nuestras sociedades y gobiernos de hoy.
Así como la sangre de Abel, según la Biblia, clamó a Dios desde la tierra por justicia, así están clamando hoy, las naciones de la tierra por gobiernos incorruptibles, democráticos, equitativos y justos. Gobiernos que lideren a sus pueblos con justicia, con verticalidad moral, bien cimentada en la honestidad y la lealtad. Con una preocupación genuina y permanente por trabajar a favor de la sociedad y el bienestar común.
Desafortunadamente, la corrupción política está relacionada con el poder, ya sea como resultado de la autoridad conferida a través de las urnas o como parte del ejercicio de la política para conseguir esa autoridad y representación.
La corrupción es percibida por los ciudadanos a través de diferentes entes gubernamentales, como por ejemplo: el enriquecimiento ilícito, el cobro de comisiones, sobornos, favores, o simplemente a través del abuso de poder de los gobernantes y la extralimitación de funciones de los mismos, interfiriendo en los diferentes estamentos del gobierno y de la empresa privada hasta lograr sus fines.
El Estado incorruptible es la estructura política, social y económica resultante de la organización de una nación que utiliza adecuadamente los bienes del Estado con principios de transparencia, legalidad, honestidad y maximiza esos recursos en el beneficio integral de todos sus asociados.
La ausencia de ética en el desenvolvimiento de la función pública y la falta de valores como la lealtad, eficiencia, probidad, responsabilidad e imparcialidad se traduce como conducta ilícita que busca el interés personal por encima del intereses de otros. Esta es una conducta indebida de los recursos de públicos, que además conllevan el tráfico de influencia y el nepotismo. Es el germen que infecta a nuestras sociedades y gobiernos de hoy.
Así como la sangre de Abel, según la Biblia, clamó a Dios desde la tierra por justicia, así están clamando hoy, las naciones de la tierra por gobiernos incorruptibles, democráticos, equitativos y justos. Gobiernos que lideren a sus pueblos con justicia, con verticalidad moral, bien cimentada en la honestidad y la lealtad. Con una preocupación genuina y permanente por trabajar a favor de la sociedad y el bienestar común.
Desafortunadamente, la corrupción política está relacionada con el poder, ya sea como resultado de la autoridad conferida a través de las urnas o como parte del ejercicio de la política para conseguir esa autoridad y representación.
La corrupción es percibida por los ciudadanos a través de diferentes entes gubernamentales, como por ejemplo: el enriquecimiento ilícito, el cobro de comisiones, sobornos, favores, o simplemente a través del abuso de poder de los gobernantes y la extralimitación de funciones de los mismos, interfiriendo en los diferentes estamentos del gobierno y de la empresa privada hasta lograr sus fines.
El Estado incorruptible es la estructura política, social y económica resultante de la organización de una nación que utiliza adecuadamente los bienes del Estado con principios de transparencia, legalidad, honestidad y maximiza esos recursos en el beneficio integral de todos sus asociados.