" El Estado soy yo"
El Presidente de la República reiteró que no se retirará del cargo para optar por la reelección en la primera magistratura de la nación. Incluso, no le importan las críticas de la oposición por aspirar nuevamente a esa posición.
Lo anterior significa que será juez y parte en la contienda electoral de 1999. Y que "se le resbalan", según expresión popular, las críticas que le formulen sus adversarios políticos y hasta aliados sobre su empecinamiento en el continuismo en el cargo.
Todavía el pueblo resiente sus declaraciones "que le queman los pies" por seguir siendo Jefe del Ejecutivo. No demoró mucho el señor Ernesto Pérez Balladares en quitarse la careta de que sí tenía intenciones de continuar siendo Presidente de la República, a pesar de que fingía sorpresa y decía que era muy prematuro hablar del tema.
Reconocemos que el gobierno ha hecho avances significativos en cuanto a la apertura de caminos de penetración, pero el Presidente tiene que reconocer que él no es el único preparado para encabezar una gestión gubernamental. Dentro de su partido y los de la oposición, hay suficientes profesionales para reemplazarlo y realizar una eficiente administración, por lo que rechazamos esa forma de aferrarse al poder cuando en este gobierno se ha agudizado la extrema pobreza por el desequilibrio que aumenta entre los estratos sociales.
Es peligroso que el propio gobierno no esté alentando a sus cuadros y que persista en engañarse a sí mismo en que es el mejor Presidente del siglo, como una vez lo declaró un ministro del gabinete. Tal vez reaccione así por las fisuras que muestra la oposición, pero eso no le da derecho a creerse un predestinado, tal como lo hacían los comandantes de turno de la Guardia Nacional y, posteriormente, de las Fuerzas de Defensa.
A pesar de que estamos en democracia, todavía hay algunos elementos que piensan que están bajo el paraguas de los cuarteles y que domina la autocracia, por lo que aconsejan al Presidente en esa dirección. El Dr. Ernesto Pérez Balladares tendrá que someterse al veredicto de la historia si persiste en esa actitud, no sin antes experimentar la repulsa aplastante de sus aspiraciones reeleccionistas. Y es que tiene que comprender que la noche del militarismo quedó atrás. En Panamá ya no funciona aquello de "El Estado soy yo".
Lo anterior significa que será juez y parte en la contienda electoral de 1999. Y que "se le resbalan", según expresión popular, las críticas que le formulen sus adversarios políticos y hasta aliados sobre su empecinamiento en el continuismo en el cargo.
Todavía el pueblo resiente sus declaraciones "que le queman los pies" por seguir siendo Jefe del Ejecutivo. No demoró mucho el señor Ernesto Pérez Balladares en quitarse la careta de que sí tenía intenciones de continuar siendo Presidente de la República, a pesar de que fingía sorpresa y decía que era muy prematuro hablar del tema.
Reconocemos que el gobierno ha hecho avances significativos en cuanto a la apertura de caminos de penetración, pero el Presidente tiene que reconocer que él no es el único preparado para encabezar una gestión gubernamental. Dentro de su partido y los de la oposición, hay suficientes profesionales para reemplazarlo y realizar una eficiente administración, por lo que rechazamos esa forma de aferrarse al poder cuando en este gobierno se ha agudizado la extrema pobreza por el desequilibrio que aumenta entre los estratos sociales.
Es peligroso que el propio gobierno no esté alentando a sus cuadros y que persista en engañarse a sí mismo en que es el mejor Presidente del siglo, como una vez lo declaró un ministro del gabinete. Tal vez reaccione así por las fisuras que muestra la oposición, pero eso no le da derecho a creerse un predestinado, tal como lo hacían los comandantes de turno de la Guardia Nacional y, posteriormente, de las Fuerzas de Defensa.
A pesar de que estamos en democracia, todavía hay algunos elementos que piensan que están bajo el paraguas de los cuarteles y que domina la autocracia, por lo que aconsejan al Presidente en esa dirección. El Dr. Ernesto Pérez Balladares tendrá que someterse al veredicto de la historia si persiste en esa actitud, no sin antes experimentar la repulsa aplastante de sus aspiraciones reeleccionistas. Y es que tiene que comprender que la noche del militarismo quedó atrás. En Panamá ya no funciona aquello de "El Estado soy yo".