default

El estatismo niega la existencia de la ciencia y deforma el lenguaje para disimularlo


El Estado es el monopolio de la violencia con el que sobrevive recaudando impuestos. De otro modo, sería otra organización privada compitiendo en el mercado para financiarse. Y la violencia es la fuerza extrínseca que pretende desviar el desarrollo espontáneo -el orden natural- del ser violentado (cfr. Aristóteles). Los estatistas chocan con la ciencia ya que es imposible justificar el uso de la violencia científicamente. Quienes creen en el Estado “mínimo” están cómodos con la ciencia ya que no llegaron al punto en que la opinión pública les exige demostrar la viabilidad lógica de su creencia, dado que prácticamente todos creen que la violencia es necesaria en ciertos casos.

Quienes creen en un Estado más grande -cuando la violencia es más abarcativa- se ven fuertemente cuestionados. Entonces, para justificarse, están confundiendo a la opinión pública deformando el lenguaje con la intención de establecer que la ciencia ha muerto.

Por caso, tenemos a los “pacifistas”, que son violentos, pero solo admiten las FF.AA. que consideran buenas, y para ello deforman la palabra al punto que no llaman violencia a la imposición coactiva -vía violencia policial- de normas que consideran “socialmente justas”.

Otro caso, es llamar «inflación» al aumento de un IPC calculado arbitrariamente por diversos organismos y cada uno con resultados distintos. El propósito de esta falsedad es culpar al mercado (natural) por la inflación (exceso de emisión) y exculpar al Estado (construido por la imaginación humana).

Según un “pacifista” –“humanista”- inglés el “el ser humano... transforma… a su propia naturaleza”, es decir, el ser humano supera hasta poder cambiarla a la naturaleza. Ahora, esta “transformación” conlleva coacción, violencia que para ellos no lo es según su arbitraria definición.

El problema ahora es que la ciencia no existe: como se trata del estudio de las leyes naturales y su orden (cfr. Maritain, Feyerabend…), por caso, las leyes de la física, la biología, la medicina, etc. desde que la naturaleza ha sido superada por el hombre, el estudio de sus leyes ya no tiene sentido. La ciencia ha muerto y ahora lo que vale es la imaginación humana, lo que subjetivamente uno o varios cerebros humanos “encuentran” que es la verdad y “transforman” la naturaleza en consecuencia.

Ya no hay un orden natural preexistente -incluido un orden social ya que el hombre es naturalmente sociable- y, por tanto, objetivo, merecedor de un estudio racional, científico, sino que el hombre lo “transforma” y esa “transformación” es “descubierta” -interpretada- por uno o varios cerebros humanos. Así, la imaginación humana ha reemplazado a la ciencia y se cree con derecho a diseñar un orden social coactivo que pretende suplantar, transformar, al orden natural.

Este trastocar lo científico por un concepto falso está provocando el descreimiento generalizado en la ciencia, como informa el artículo “Global trust in science falls below pre-pandemic levels, survey finds”.

Por cierto, el artículo cita encuestas sobre este creciente descreimiento, pero yerra en el análisis. De hecho, supone que existió una pandemia -otra falsedad ideológica- cuando la ciencia dice que es imposible la existencia de una epidemia que pudiera poner en jaque a la humanidad.

La mayoría de las epidemias, sino todas, fueron superadas por la creación natural de anticuerpos. Además, el ser humano tiene la capacidad racional para prevenir enfermedades. Todo esto se condice con la teoría metafísica (la ciencia de la Metafísica cuyo genial exponente fue Aristóteles) de que la humanidad es trascendente porque posee dentro del orden natural, gracias a su alma intelectiva, capacidad para superar accidentes biológicos, temporales y materiales, y perdura más allá de cada individuo.
 

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América