El estigma de la agresión ambiental
Aunque el término informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); "Geo América Latina Caribe: Perspectivas del Medio Ambiente 2000", indica que los 224 millones de pobres de América Latina, la desigualdad de ingresos, la marginación, la falta de inserción del medio ambiente en los planes de crecimiento económico y la concentración de la población, son el motivo principal de la degradación ambiental. Es a la luz de este informe que deseo llamar la atención sobre situaciones locales, conceptos e implicaciones de este documento en nuestro país. El tema de la pobreza y su combate, parece ser la punta de lanza del actual gobierno. En el pasado CADE 2000, evento realizado por la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), el tema principal de este foro de debates fue la pobreza.
A pesar que las presentaciones y abordajes fueron excelentes, ninguna presentación enfocó de manera profunda sobre las implicaciones negativas derivadas por las condiciones de pobreza y extrema pobreza que ejercen su efecto sobre la gestión ambiental. Igual así es reconfortante que como sociedad enfrentemos otro problema. En primera instancia se debe tener presente que los conceptos de pobreza y gestión ambiental deben ser abordados simultáneamente, cuando el modelo de desarrollo empleado es el sustentable, ya que este modelo de desarrollo procura como principal meta, la lucha frontal contra la pobreza y la degradación ambiental.
La pobreza debe ser reconocida como el resultado de interacciones sociales históricamente establecidas; condiciones que generan el tipo relación con su entorno natural que establece la población pobre. La calidad de las relaciones que los diversos grupos de la sociedad mantienen entre sí, termina siempre por expresar de uno u otro modo la calidad de las relaciones que ella mantiene con su medio. Las formas de interacción dominantes generalmente evitan invertir en medidas de control ambiental, principalmente por su costo, lo que resulta en una transferencia de los costo a los grupos que carecen de poder, conocimiento y organización, elementos estos imprescindibles para enfrentar dicho abuso.
Producto de los efectos que tal desregularización conlleva, resulta en permisibles niveles de contaminación y degradación ambiental. La principal problemática en esta relación, radica en las duras dificultades que enfrentan los pobres para controlar sus propias condiciones de vida, estas dificultades no deben ser circunscritas exclusivamente a la falta de recursos económicos, como a la falta de oportunidades laborales y principalmente a educación.
De allí que cualquier modelo de desarrollo bajo estas condiciones, que se desee implementar, deberá proteger y fomentar las formas de organización social ya existentes entre los pobres. Si consideramos que la sumatoria de fuerzas y recursos económicos que estos poseen para agredir el ambiente y es comparada con la que poseen los grandes consorcios, concesionarios, corporaciones y empresarios que realizan actividades productivas de injerencia ambiental, podríamos señalar más claramente quién agrede en mayor cuantía el ambiente.
Ya en el año de 1986, la Dra. Carmen Miró, en una magistral ponencia demostró de forma científica, cómo eran los pobres los que menos degradaban el ambiente en el caso de nuestro país, rompiendo así un estigma muy aceptado en el país. Situación esta que no ha mudado. Es por ello que el informe del PNUMA señala la pobreza como factor generador del deterioro ambiental; cuando en realidad, es la pobreza un factor multiplicador de la pobreza de los Estados latinoamericanos. Pobreza ésta que se torna una condicionante y limitante, principalmente económica para mejorar y tornar eficiente la gestión ambiental.
En tal sentido considero importante mejorar la distribución de la riqueza del país, hacerle frente al problema actual del desempleo y mejorar la calidad de la educación en sus distintos niveles. El pasado 16 de mayo un informe divulgado por el Consejo Económico para América Latina (CEPAL), concluyó que la pobreza en Panamá ha disminuido significativamente, dato esperanzador que nos debe conducir a hacerle frente a este problema, la pobreza, que no sólo atrasa y menoscaba la gestión ambiental, como degrada el entorno social.
A pesar que las presentaciones y abordajes fueron excelentes, ninguna presentación enfocó de manera profunda sobre las implicaciones negativas derivadas por las condiciones de pobreza y extrema pobreza que ejercen su efecto sobre la gestión ambiental. Igual así es reconfortante que como sociedad enfrentemos otro problema. En primera instancia se debe tener presente que los conceptos de pobreza y gestión ambiental deben ser abordados simultáneamente, cuando el modelo de desarrollo empleado es el sustentable, ya que este modelo de desarrollo procura como principal meta, la lucha frontal contra la pobreza y la degradación ambiental.
La pobreza debe ser reconocida como el resultado de interacciones sociales históricamente establecidas; condiciones que generan el tipo relación con su entorno natural que establece la población pobre. La calidad de las relaciones que los diversos grupos de la sociedad mantienen entre sí, termina siempre por expresar de uno u otro modo la calidad de las relaciones que ella mantiene con su medio. Las formas de interacción dominantes generalmente evitan invertir en medidas de control ambiental, principalmente por su costo, lo que resulta en una transferencia de los costo a los grupos que carecen de poder, conocimiento y organización, elementos estos imprescindibles para enfrentar dicho abuso.
Producto de los efectos que tal desregularización conlleva, resulta en permisibles niveles de contaminación y degradación ambiental. La principal problemática en esta relación, radica en las duras dificultades que enfrentan los pobres para controlar sus propias condiciones de vida, estas dificultades no deben ser circunscritas exclusivamente a la falta de recursos económicos, como a la falta de oportunidades laborales y principalmente a educación.
De allí que cualquier modelo de desarrollo bajo estas condiciones, que se desee implementar, deberá proteger y fomentar las formas de organización social ya existentes entre los pobres. Si consideramos que la sumatoria de fuerzas y recursos económicos que estos poseen para agredir el ambiente y es comparada con la que poseen los grandes consorcios, concesionarios, corporaciones y empresarios que realizan actividades productivas de injerencia ambiental, podríamos señalar más claramente quién agrede en mayor cuantía el ambiente.
Ya en el año de 1986, la Dra. Carmen Miró, en una magistral ponencia demostró de forma científica, cómo eran los pobres los que menos degradaban el ambiente en el caso de nuestro país, rompiendo así un estigma muy aceptado en el país. Situación esta que no ha mudado. Es por ello que el informe del PNUMA señala la pobreza como factor generador del deterioro ambiental; cuando en realidad, es la pobreza un factor multiplicador de la pobreza de los Estados latinoamericanos. Pobreza ésta que se torna una condicionante y limitante, principalmente económica para mejorar y tornar eficiente la gestión ambiental.
En tal sentido considero importante mejorar la distribución de la riqueza del país, hacerle frente al problema actual del desempleo y mejorar la calidad de la educación en sus distintos niveles. El pasado 16 de mayo un informe divulgado por el Consejo Económico para América Latina (CEPAL), concluyó que la pobreza en Panamá ha disminuido significativamente, dato esperanzador que nos debe conducir a hacerle frente a este problema, la pobreza, que no sólo atrasa y menoscaba la gestión ambiental, como degrada el entorno social.