El éxito o fracaso en las finanzas del Estado
A diferencia del equipo que dirigió la hacienda pública en el gobierno anterior (casi todos economistas, y profesionales de las finanzas, encabezado por el propio presidente de la República) donde prevaleció el interés político - partidista y el apego a las prebendas personales acusadas, en la mayoría de los casos por los Organismos Financieros Internacionales; el de hoy, si bien, no lo encabeza un economista, cierto es que lo lideriza un funcionario con una hoja comprobada de trabajo honesto y transparente en el sector público y en el campo empresarial. Este es uno de los requisitos fundamentales que se deben exigir a los que custodian y realizan transacciones con la cosa pública, si es que se quiere hacer un buen uso y manejo en beneficio del país.
La primera prueba de fuego del gobierno consiste en qué hacer con el Fondo Fiduciario, que asciende a algo más de 1,300.00 millones, y que por el poco ingreso que captan en calidad de intereses en los bancos donde están depositado, algunos de amigos del gobierno anterior y que pagan por debajo de las tazas establecidas, no convienen al Estado y son merecedores de un análisis que determine y dinamice su valor, con el fin de lograr mayores beneficios de sus múltiples acciones.
El Ministerio de Economía y Finanzas, a través de la campaña de divulgación que promueve las bondades de su estrategia financiera, sostiene con lujos de detalles, que con la transacción no sólo se disminuye la asfixiante deuda pública (externa e interna), sino que el porcentaje que se destina del Presupuesto Nacional bajaría a niveles manejables. Esto daría un estatus de país con aceptable grado de inversión, lo que se traduciría en atracción para quienes desean invertir y/o colocar sus capitales en un país seguro y confiable, con mejores rendimientos y con acceso e intereses financieros más razonables para tales fines.
La idea de pagar la deuda pública inflada por la irresponsabilidad y avaricia de la administración anterior, a través de la compra de los bonos Brady, entre otros, es buena y no antojadiza a pesar de los riesgos que también existen. Pero creemos que es justo y necesario, toda vez que el gobierno necesita darle mantenimiento a las ya existentes obras de infraestructura, así como el equipamiento de muchas instituciones de prestación de servicios prioritarios, como lo son: hospitales, escuelas y demás.
Algunos piensan que la transacción que pretende llevar a cabo el gobierno no es más que "comprar huevos para vender huevos". No, en el mejor escenarios de la estrategia, se vislumbra el interés de pagar la deuda y no seguir endeudando al país, sino destinar menos del Presupuesto Nacional cada año para este compromiso adquirido. Esto redundaría en el refuerzo de algunas partidas presupuestarias destinadas al bienestar colectivo, entre otros compromisos del gobierno para con el restos de las demandas que exige el crecimiento y desarrollo del país.
No existen dudas por la capacidad y la transparencia del Ministro Juliao, que esta aventura financiera dará buenos resultados con el mínimo riesgo que lesione el interés público. Sin embargo, soy de la opinión de no depositar todos los huevos en una sola canasta, es decir, no jugarlo todo en una determinada parada. Considero que se debe hacer con mucho tacto y sin perder de vista la movida de los que pretenden obstaculizar las acciones del gobierno con fines políticos; así como tampoco desestimar las faces de la luna. En la medida que los gobiernos vayan resolviendo el problema de la deuda pública, las administraciones venideras irán garantizando siempre, y cuando exista la voluntad política, mejor bienestar social para las mayorías desprotegidas. Esta acción constante ayudaría al país a irse liberando de la dependencia de los grandes bloques usureros, el cual nos mantienen sumergidos a un subdesarrollo y a una posición genuflexa a sus dictámenes en cuanto a políticas económicas y socioculturales que mejor le convengan.
El éxito o el fracaso en la administración de las finanzas del Estado, dependerá del grado de voluntad política del gobierno de turno, de la capacidad y dinámica profesional de quién la dirige y del nivel de transparencia con que se manejan las acciones. De lo contrario, el descontento popular, despilfarro y endeudamiento del país; aunado al escándalo y rumores de corrupción serán el producto final.
La primera prueba de fuego del gobierno consiste en qué hacer con el Fondo Fiduciario, que asciende a algo más de 1,300.00 millones, y que por el poco ingreso que captan en calidad de intereses en los bancos donde están depositado, algunos de amigos del gobierno anterior y que pagan por debajo de las tazas establecidas, no convienen al Estado y son merecedores de un análisis que determine y dinamice su valor, con el fin de lograr mayores beneficios de sus múltiples acciones.
El Ministerio de Economía y Finanzas, a través de la campaña de divulgación que promueve las bondades de su estrategia financiera, sostiene con lujos de detalles, que con la transacción no sólo se disminuye la asfixiante deuda pública (externa e interna), sino que el porcentaje que se destina del Presupuesto Nacional bajaría a niveles manejables. Esto daría un estatus de país con aceptable grado de inversión, lo que se traduciría en atracción para quienes desean invertir y/o colocar sus capitales en un país seguro y confiable, con mejores rendimientos y con acceso e intereses financieros más razonables para tales fines.
La idea de pagar la deuda pública inflada por la irresponsabilidad y avaricia de la administración anterior, a través de la compra de los bonos Brady, entre otros, es buena y no antojadiza a pesar de los riesgos que también existen. Pero creemos que es justo y necesario, toda vez que el gobierno necesita darle mantenimiento a las ya existentes obras de infraestructura, así como el equipamiento de muchas instituciones de prestación de servicios prioritarios, como lo son: hospitales, escuelas y demás.
Algunos piensan que la transacción que pretende llevar a cabo el gobierno no es más que "comprar huevos para vender huevos". No, en el mejor escenarios de la estrategia, se vislumbra el interés de pagar la deuda y no seguir endeudando al país, sino destinar menos del Presupuesto Nacional cada año para este compromiso adquirido. Esto redundaría en el refuerzo de algunas partidas presupuestarias destinadas al bienestar colectivo, entre otros compromisos del gobierno para con el restos de las demandas que exige el crecimiento y desarrollo del país.
No existen dudas por la capacidad y la transparencia del Ministro Juliao, que esta aventura financiera dará buenos resultados con el mínimo riesgo que lesione el interés público. Sin embargo, soy de la opinión de no depositar todos los huevos en una sola canasta, es decir, no jugarlo todo en una determinada parada. Considero que se debe hacer con mucho tacto y sin perder de vista la movida de los que pretenden obstaculizar las acciones del gobierno con fines políticos; así como tampoco desestimar las faces de la luna. En la medida que los gobiernos vayan resolviendo el problema de la deuda pública, las administraciones venideras irán garantizando siempre, y cuando exista la voluntad política, mejor bienestar social para las mayorías desprotegidas. Esta acción constante ayudaría al país a irse liberando de la dependencia de los grandes bloques usureros, el cual nos mantienen sumergidos a un subdesarrollo y a una posición genuflexa a sus dictámenes en cuanto a políticas económicas y socioculturales que mejor le convengan.
El éxito o el fracaso en la administración de las finanzas del Estado, dependerá del grado de voluntad política del gobierno de turno, de la capacidad y dinámica profesional de quién la dirige y del nivel de transparencia con que se manejan las acciones. De lo contrario, el descontento popular, despilfarro y endeudamiento del país; aunado al escándalo y rumores de corrupción serán el producto final.