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El expediente Banconal


En el edificio 123 de la Ciudad del Saber se celebró la audiencia preliminar sobre lo que supuestamente hicieron funcionarios y particulares con fondos públicos que se dicen pertenecían al Banco Nacional de Panamá. El expediente tiene 37 tomos, más de 50 sindicados, la mayoría de ellos con detención preventiva, y un poco más de 20 abogados tenemos a cargo la defensa de los intereses involucrados.
No es posible, salvo que se tenga la pluma virtuosa de Augusto Monterroso, abordar en un artículo de opinión el sinfín de pormenores que conciernen a esta causa penal. Procede, en cambio, ventilar un aspecto general que, en gran medida sino en toda, determinó el contenido y sentido de este expediente. Desde que se abrió a la opinión pública lo que ocurría con cheques girados a favor del Tesoro Nacional para pago de tributos, se le dio el mote de "escándalo del Banconal", "desfalco en perjuicio del Banco Nacional". Y a partir de marzo del 2003 circularon por la pasarela de la condena pública anticipada cajeros, pasantes, supervisores, particulares, abogados y cónyuges.
Estando ahora el sumario para decisión surge la conclusión de mayor bulto: no son (posibles responsables) todos los que están (siendo procesados) ni están (detenidos) todos los que son (verdaderamente responsables). La ausencia de elevados funcionarios con presuntos y creíbles vínculos de conocimiento, participación y beneficio en el o los delitos, impide conocer en toda su complejidad las operaciones que se adelantaron para desviar fondos que debieron entrar al Tesoro Nacional y que no entraron. Y ese hecho aconseja, al mismo tiempo, el que asumamos que algunas decisiones que se tomaron (o se dejaron de tomar) en el curso de la investigación (especialmente las que eran más sensitivas) no se generaron en el despacho del agente instructor.
Garzón, verbigracia, que gracias a los periodistas es el nombre sinónimo de este expediente, llevó a varias personas a la fiscalía sólo porque les atribuía tener relación con los hechos. Pero cuando el mismo Garzón, verbal y por escrito, dirigió su verbo vinculante hacia algunos altos ejecutivos del Banco, no le hicieron el mismo caso y lo desestimaron alegando que padecía, desde antes del destape del escándalo, de trastornos mentales. Igual que una mujer no puede estar medio encinta, en el caso de Garzón no se probó que era lúcido cuando acusaba a "hijos de la cocinera" y paranoico feroz cuando señalaba a los altísimos ejecutivos responsables de los negocios de la entidad bancaria.
Es probable que estos últimos terminen pagando penas por causas distintas a las del caso sobre el "desfalco al Banco Nacional" y que los actuales procesados carguen solos, sin la ayuda de ningún Simón de Sirene, el peso de los señalamientos que les tiene en vilo sus vidas (la suya y las de sus familiares) desde hace más de dos años. Sin duda, hay culpables entre los sumariados y varios de ellos, incluso, confesaron su comportamiento ilícito en determinadas transacciones. Pero si el Ministerio Público no repartió equitativamente las cargas a lo largo del sumario, le corresponde ahora al Órgano Judicial distribuir con consistencia el "cuantum" de las penas de manera que los pececitos procesados no asuman más meses ni años de detención dado que ambas cosas se le ahorraron a los pocos tiburones que nunca fueron llamados a juicio.
Demos por descontado que este caso entrará, como tantos otros, en el mundo de los expedientes con verdades a medias. Y que resultan culpables los rostros comunes y conocidos que ya fueron sobradamente asoleados. Y que seguirán personas como "honorables" sólo a fuerza de empujones y en evidente abuso del lenguaje.
Pero la verdad y sólo la verdad será que siempre patrimonio inalienable de cuántos fueron detenidos, vinculados, procesados y condenados.
Lo que lograron sustraerse del drama judicial dándole la espalda a fiscales y jueces, saben, y lo sabrán para siempre, que a partir de la sentencia que condenara a otros, ellos se transforman en reos de la justicia divina porque desde que nacimos nada queda impune, aquí en la tierra ni allá en la eternidad.

101 años de Panamá América

 
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