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El factor "Chinchorro"


Puede que no gane la presidencia el año próximo, pero desde ya nadie cesa de hablar del "fenómeno Endara", aludiendo a la forma como una candidatura por la que nadie que se preciara daba un real hace dos años, hoy es una pujante realidad que nadie - los que gustan de ella y los que no - ha de negar. La génesis de cómo se origina y tiene lugar, es hoy materia de discusión por conocedores en la materia; y todos coinciden en que no hay razón alguna para que el ex mandatario haya alcanzado con tan mínimo costo y esfuerzo, tan gran altura.
No asiste a debate alguno, calificándolos de "pérdida de tiempo"; el último, del jueves, fue organizado nada menos que por todas las universidades. Suele tartamudear, olvida sus discursos o pierde su página; se vanagloria de ignorar temas sobre los que otros se esmeran en aparecer como doctos y, aún así, se mantiene o sube en las encuestas. "Yo la amo", dijo con tono novelesco, refiriéndose a su esposa; y a muchos eso nos pareció ridículo, pero no así a la inmensa mayoría de votantes femeninas que lo vieron como un admirable desplante varonil.
Los analistas opinan que eso le hace lucir natural y sincero. Los de "la canalla", que son los que deciden las elecciones, los describen favorablemente como "un hombre buena gente", que "no robó" (¡así de mal estamos!) y que "reconstruyó al país".
Otro factor curioso a su favor es la presencia en su equipo del veterano Rubén Carles, más conocido como "Chinchorro", quien pasó a la historia como el recio "contralor de hierro", a quien todos los gremios organizados del sector público aborrecían por "duro" y "no aflojar la plata". "Quien no trabaja, no cobra", decía. Los miembros del gabinete y jefes de instituciones poco menos que lo odiaban, porque rechazaba todos sus proyectos y partidas por falta de sustento técnico. "La culpa es de ellos, que no saben hacer su trabajo", respondía imperturbable a cada rato que era citado a la Asamblea. "Sin Chinchorro, no podría dormir", decía Endara cuando era presidente.
El hecho es que, como curioso resultado reflejado en diversos sondeos contratados por los responsables de su campaña, surge el legendario Chinchorro, con su guayabera blanca y corbata de "gatito" como especie de "arma secreta", al lado de Endara. Según ellos, es sólo cuestión de lenguaje simbólico, que es el más efectivo y duradero en publicidad, y encarna la honestidad. Otros candidatos no pueden contar con esa ventaja. Cierto que eso no le sirvió para su propia campaña pero, por lo visto, Chinchorro está jugando un papel decisivo en la campaña de su amigo.
De cualquier modo, sus adversarios lo saben, en lo que ya se perfila como una dura carrera de larga distancia entre dos, en la que los demás tendrán que conformarse con ser espectadores. Y no hay que ser sabios para saber de quiénes se trata. Lo demás, es tapar el sol con las manos. En política hay sorprendidos y, a veces, hasta sorpresas, pero nunca milagros.

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