El fantasma del militarismo
El debate sobre las reformas en materia de "Seguridad Nacional", ha despertado que grupos minoritarios expresen su temor por el retorno del militarismo.
Arguyen que el signo inequívoco de esa intención oficial, radica en la designación de "militares" al frente de las instituciones de seguridad, así como las atribuciones y facultades que se le asignan, pues pudieran degenerar en "espionaje político". Pero, más que alertar a la ciudadanía sobre un peligro a la institucionalidad, lo que se persigue es vigencia en la coyuntura preelectoral, e influir en las preferencias electorales.
No creemos que una estructura policial frágil asegure que la democracia pueda superar los retos que apuntan contra su propia supervivencia. La vulnerabilidad de nuestras fronteras, así como la inseguridad ciudadana, justifican la modernización institucional, operativa y funcional de la "Fuerza Pública".
La intromisión de los militares en la política criolla, no nace en 1968; la historia ilustra que a partir de 1903, se hizo frecuente que los gobernantes optaran por el apoyo de cuarteles, que por el del pueblo soberano. Dígase lo que se diga, esta "reacción "civilista" obedece al hecho de que las propone un gobierno PRD, mismo que sirvió de sustento político de los gobiernos militares hasta 1989, y mismo también que contradictoriamente, ha ofrecido a la sociedad, muestras incuestionables de una orientación democrática reconocida por la sociedad, difícilmente superadas por los llamados "partidos antimilitaristas". Sin embargo, es posible que se produzcan excesos en el ejercicio de las "labores de inteligencias", que atenten contra las garantías y derechos ciudadanos. El sometimiento de la "Fuerza Pública" al control judicial, y la necesidad de su fortalecimiento, es tema que desataría nuevas críticas, considerando que aumentaría la influencia que se dice que el Presidente Torrijos ejerce sobre el ?"rgano Judicial.
En décadas pasadas, la lucha contra el fascismo y el expansionismo soviético, justificó, con el total auspicio del imperio, el establecimiento de gobiernos dictatoriales en el continente. Hoy, el narcotráfico y el terrorismo, son las nuevas amenazas que, sin disimulo, conspiran contra la democracia. La existencia de una "fuerza pública" vigorizada, no es incompatible con la democracia; sí atenta en su contra, la demagogia y los esfuerzos por clausurar los canales de participación ciudadana en la política partidista, en aras de asegurar el control interno de las cúpulas dominantes.