El fantasma del terrorismo energético
La crisis energética del petróleo por el incremento de la demanda, la manipulación de la oferta, los precios oligopólicos a lo largo de la cadena comercializadora de las compañías transnacionales y el hecho confirmado de que la Unión de Países Exportadores de Petróleo (UPEP), ya produce a su más alta capacidad 25.75 millones de barriles diarios en un mercado de 80 millones al día.
Dicha crisis, caracterizada por un aumento este año de 25% en el precio del petróleo y un récord de 42 dólares con 33 centésimos el barril de petróleo intermedio de Texas, máximo registrado desde hace 21 años cuando se iniciaron las negociaciones de venta a futuro y de 42 dólares con 45 centésimos la cotización del crudo en Nueva York, explica -a juicio de los expertos- la conmoción producida en Panamá a raíz del más reciente aumento de 13 centésimos el galón de gasolina de 95 octanos, 11 centésimos el de 91 octanos y 5 centésimos el diesel; motivo por el cual los precios en las gasolineras oscilan entre B/. 3.00 el galón en Bocas del Toro y B/. 2.32 el galón de 95 octanos en la ciudad de Panamá.
Sin duda, un riesgo mucho más grave de lo que las figuras públicas nos quieren hacer creer y, por lo tanto, exige de los panameños atención y seguimiento, no sólo en virtud de la tendencia alcista de los precios de los hidrocarburos y de sus consecuencias sobre el conjunto de la economía nacional, sino también en razón del complejo escenario geopolítico en que se desenvuelve, particularmente, el nuevo fenómeno que lo acompaña, el cual pareciera estar imbuido de una especie de fundamentalismo absurdo, esto es, fundamentalismo islámico oriental y fundamentalismo de mercado occidental.
Varios factores geopolíticos, además de los estructurales, se han combinado para dar origen a la espiral inflacionaria en los precios de los productos y subproductos del petróleo.
Primero, la ocupación militar de Irak por parte de la coalición de gobiernos encabezados por Estados Unidos, Inglaterra y, hasta hace poco, España y una veintena de regímenes cuyos mandatarios, incluyendo a la Jefa del gobierno de Panamá, otorgaron luz verde para que el país más poderoso de la tierra unilateralmente y al margen del derecho internacional realizara la barbarie que se escenifica en la región mesopotámica.
Segundo, la conspiración internacional y nacional fraguada por los servicios de inteligencia estadounidenses para defenestrar al Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, auspiciando, entre otras actividades, una larga huelga política en las instalaciones productoras de petróleo y ocasionando una disminución significativa de la producción sin que hasta la fecha se haya podido recuperar totalmente.
Por último, pero no menos importante, el ataque terrorista ocurrido recientemente en Arabia Saudita, a la sazón, primer productor de petróleo del mundo.
De manera que la insolvencia petrolera es tan profunda como la estulticia de los gobernantes panameños. De otra forma, cómo se podría dilucidar el hecho de poner en práctica un programa de racionalización energética sin cuantificar el monto del ahorro o el costo/beneficio de la medida, y la justificación de la ineficacia y falta de sensibilidad de las autoridades ante los constantes aumentos de precio de la gasolina y de las tarifas de los servicios eléctricos, mediante la consabida cantaleta de que "la crisis del petróleo es mundial" o que "viene de afuera".
De allí que, haciendo abstracción del lenguaje folklórico de nuestros gobernantes, pienso que frente a la falta de voluntad política del gobierno, los actores económicos, políticos y de la sociedad civil deben tomar la iniciativa y presentar a la próxima administración gubernamental un Plan Energético Estratégico Nacional(PEEN), el cual no sólo incluya el ahorro de energía eléctrica, sino también de combustible; el estudio y ejecución de proyectos para el uso de otras alternativas energéticas, particularmente, la utilización del abundante recurso hídrico para generar energía eléctrica, por cierto más barata y más limpia que la térmica.
Eso es lo menos que el pueblo panameño esperaría de los líderes cívicos y políticos del país.
Concluyo con esta reflexión: Sí, como imagino, la acción terrorista en Arabia Saudita se inscribe dentro de los prolegómenos dirigidos a cortar la yugular energética del "occidente impío", entonces, uno de los elementos más sensitivos de la presente dificultad planetaria y que distingue la actual crisis de todas las anteriores, por sus implicaciones para mantener la paz mundial y el crecimiento económico global, es el terrorismo contra objetivos petroleros, probablemente, iniciados por grupos fundamentalistas.
Por todo lo anterior, es sumamente censurable el comportamiento y los razonamientos simplistas y hasta irresponsables de los dirigentes gubernamentales, como también el silencio inexplicable de otros actores políticos de primera línea, sobre todo, porque esta vez, en medio de la vicisitud del petróleo, ha aparecido un nuevo y peligroso componente: ¡El fantasma del terrorismo energético!
*Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).
Dicha crisis, caracterizada por un aumento este año de 25% en el precio del petróleo y un récord de 42 dólares con 33 centésimos el barril de petróleo intermedio de Texas, máximo registrado desde hace 21 años cuando se iniciaron las negociaciones de venta a futuro y de 42 dólares con 45 centésimos la cotización del crudo en Nueva York, explica -a juicio de los expertos- la conmoción producida en Panamá a raíz del más reciente aumento de 13 centésimos el galón de gasolina de 95 octanos, 11 centésimos el de 91 octanos y 5 centésimos el diesel; motivo por el cual los precios en las gasolineras oscilan entre B/. 3.00 el galón en Bocas del Toro y B/. 2.32 el galón de 95 octanos en la ciudad de Panamá.
Sin duda, un riesgo mucho más grave de lo que las figuras públicas nos quieren hacer creer y, por lo tanto, exige de los panameños atención y seguimiento, no sólo en virtud de la tendencia alcista de los precios de los hidrocarburos y de sus consecuencias sobre el conjunto de la economía nacional, sino también en razón del complejo escenario geopolítico en que se desenvuelve, particularmente, el nuevo fenómeno que lo acompaña, el cual pareciera estar imbuido de una especie de fundamentalismo absurdo, esto es, fundamentalismo islámico oriental y fundamentalismo de mercado occidental.
Varios factores geopolíticos, además de los estructurales, se han combinado para dar origen a la espiral inflacionaria en los precios de los productos y subproductos del petróleo.
Primero, la ocupación militar de Irak por parte de la coalición de gobiernos encabezados por Estados Unidos, Inglaterra y, hasta hace poco, España y una veintena de regímenes cuyos mandatarios, incluyendo a la Jefa del gobierno de Panamá, otorgaron luz verde para que el país más poderoso de la tierra unilateralmente y al margen del derecho internacional realizara la barbarie que se escenifica en la región mesopotámica.
Segundo, la conspiración internacional y nacional fraguada por los servicios de inteligencia estadounidenses para defenestrar al Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, auspiciando, entre otras actividades, una larga huelga política en las instalaciones productoras de petróleo y ocasionando una disminución significativa de la producción sin que hasta la fecha se haya podido recuperar totalmente.
Por último, pero no menos importante, el ataque terrorista ocurrido recientemente en Arabia Saudita, a la sazón, primer productor de petróleo del mundo.
De manera que la insolvencia petrolera es tan profunda como la estulticia de los gobernantes panameños. De otra forma, cómo se podría dilucidar el hecho de poner en práctica un programa de racionalización energética sin cuantificar el monto del ahorro o el costo/beneficio de la medida, y la justificación de la ineficacia y falta de sensibilidad de las autoridades ante los constantes aumentos de precio de la gasolina y de las tarifas de los servicios eléctricos, mediante la consabida cantaleta de que "la crisis del petróleo es mundial" o que "viene de afuera".
De allí que, haciendo abstracción del lenguaje folklórico de nuestros gobernantes, pienso que frente a la falta de voluntad política del gobierno, los actores económicos, políticos y de la sociedad civil deben tomar la iniciativa y presentar a la próxima administración gubernamental un Plan Energético Estratégico Nacional(PEEN), el cual no sólo incluya el ahorro de energía eléctrica, sino también de combustible; el estudio y ejecución de proyectos para el uso de otras alternativas energéticas, particularmente, la utilización del abundante recurso hídrico para generar energía eléctrica, por cierto más barata y más limpia que la térmica.
Eso es lo menos que el pueblo panameño esperaría de los líderes cívicos y políticos del país.
Concluyo con esta reflexión: Sí, como imagino, la acción terrorista en Arabia Saudita se inscribe dentro de los prolegómenos dirigidos a cortar la yugular energética del "occidente impío", entonces, uno de los elementos más sensitivos de la presente dificultad planetaria y que distingue la actual crisis de todas las anteriores, por sus implicaciones para mantener la paz mundial y el crecimiento económico global, es el terrorismo contra objetivos petroleros, probablemente, iniciados por grupos fundamentalistas.
Por todo lo anterior, es sumamente censurable el comportamiento y los razonamientos simplistas y hasta irresponsables de los dirigentes gubernamentales, como también el silencio inexplicable de otros actores políticos de primera línea, sobre todo, porque esta vez, en medio de la vicisitud del petróleo, ha aparecido un nuevo y peligroso componente: ¡El fantasma del terrorismo energético!
*Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).