"El Fémur del Tirannosaurus"
En desafío de la popularidad que el presidente Bush goza en medio de su campaña contra el terrorismo, el procurador general John Ashcroft, se ha convertido en objeto de repudio por parte de los defensores de los derechos civiles, tanto de la izquierda como la derecha. Pero en una comparecencia ante el Comité Jurídico del Senado, Ashcroft respondió con indignación a sus detractores. Según él, sólo quienes desconocen la situación y los hechos, pueden criticar el comportamiento judicial del Gobierno de EE.UU. Sometido a la lupa de los senadores por medidas tan polémicas como la creación de tribunales militares o la aprobación de leyes antiterroristas tan duras como controvertidas, Ashcroft llegó a sacar de su maletín un libro que, según dijo, era un manual de terrorismo de Al Qaeda: "Estamos en guerra y tenemos que defender a nuestros ciudadanos", aseguró el político ultraconservador. "Mi jornada comienza cada día con un informe que contiene las amenazas a este país y demuestra la maldad que existe en el mundo. Es una crónica diaria aterradora del odio que sienten algunos fanáticos hacia los estadounidenses. Quieren acabar con la libertad, corromper la educación y matar estadounidenses donde puedan y en cuanto puedan".
Derechos civiles. Sentada esta premisa, comenzó la defensa de sus tácticas. Varios senadores demócratas, en línea con las organizaciones de defensa de los derechos civiles, son de otra opinión: consideran que la estrategia de Ashcroft reduce las libertades individuales de la mayoría de los ciudadanos. Tuvo el fiscal respuestas para todo y para todos. Se le preguntó por John Walker, el estadounidense capturado entre las filas talibanes: "La Historia no es amable con aquellos que han abandonado su país para luchar contra su país", dijo Ashcroft. También justificó las leyes que le permiten escuchar las conversaciones entre los detenidos y sus abogados. Y aseguró que en todos los casos se comunica al detenido y al abogado que su conversación está siendo grabada. Finalmente, las cifras: hay 110 personas acusadas de delitos federales y otros 563 detenidos por violación de las leyes sobre inmigración. Al mismo tiempo, se han investigado 250 incidentes de acciones violentas contra árabes o musulmanes.
A una torrente de críticas editoriales del The New York Times, el Washington Post y The Los Angeles Times, esta semana se sumó la pluma de Hendrik Hertzberg, el comentarista político semanario New Yorker cuya columna lleva el título "El Hombre Equivocado". Su conclusión es tajante. En tiempos de guerra, observa, inevitablemente habrá una reducción de los derechos civiles y ese proceso depende en gran medida del procurador general. "...En el pasado tuvimos procuradores con ese talento como Elliot Richardson con Nixon y Edward Levi con Ford. El presidente
Derechos civiles. Sentada esta premisa, comenzó la defensa de sus tácticas. Varios senadores demócratas, en línea con las organizaciones de defensa de los derechos civiles, son de otra opinión: consideran que la estrategia de Ashcroft reduce las libertades individuales de la mayoría de los ciudadanos. Tuvo el fiscal respuestas para todo y para todos. Se le preguntó por John Walker, el estadounidense capturado entre las filas talibanes: "La Historia no es amable con aquellos que han abandonado su país para luchar contra su país", dijo Ashcroft. También justificó las leyes que le permiten escuchar las conversaciones entre los detenidos y sus abogados. Y aseguró que en todos los casos se comunica al detenido y al abogado que su conversación está siendo grabada. Finalmente, las cifras: hay 110 personas acusadas de delitos federales y otros 563 detenidos por violación de las leyes sobre inmigración. Al mismo tiempo, se han investigado 250 incidentes de acciones violentas contra árabes o musulmanes.
A una torrente de críticas editoriales del The New York Times, el Washington Post y The Los Angeles Times, esta semana se sumó la pluma de Hendrik Hertzberg, el comentarista político semanario New Yorker cuya columna lleva el título "El Hombre Equivocado". Su conclusión es tajante. En tiempos de guerra, observa, inevitablemente habrá una reducción de los derechos civiles y ese proceso depende en gran medida del procurador general. "...En el pasado tuvimos procuradores con ese talento como Elliot Richardson con Nixon y Edward Levi con Ford. El presidente