El fenómeno hispano en E.U.
Tardó tiempo, pero al fin los sociólogos norteamericanos se han resignado a reconocer la existencia de lo que llaman "fenómeno hispano en Estados Unidos", gracias al más convincente de los argumentos, un inmenso mercado de miles de millones de dólares.
En efecto, en un reciente foro de expertos reunidos en Miami, se estimó que el mercado hispano en ese país alcanzará el año próximo la exorbitante suma de $325 billones de dólares, a razón de mil millones cada billón. Ello ha significado un vuelco en la estrategia de mercadeo de todos los bienes y servicios que se ofrecen en ese país.
El descubrimiento, empero, sobreviene con al menos dos décadas de tardanza, respecto a otras naciones de habla hispana que desde hace tiempo venían sacando provecho económico a esa realidad, como es el caso de México, cuya industria alimenticia, de música y ropa, apunta al suculento mercado.
Hoy día vemos cómo las principales cadenas de supermercados de Norteamérica dedican una amplia sección especial a artículos propios de la dieta hispanoamericana. El mismo interés ha forzado al empleo del español en etiquetas y publicidad, lo que era inconcebible, digamos, hace diez años.
De ese modo, el que "Time" destine su portada al cantante puertorriqueño Ricky Martin, o que otras editoriales hagan igual con el beisbolista dominicano Samy Sossa, o que "Newsweek", "Vogue", "People" y otros tengan exitosas ediciones en español, no es casual. Y es que el fenómeno hispano es un movimiento en expansión, que se infiltra y extiende a lo largo y ancho de toda la cultura norteamericana, imprimiéndole su sello y aportes propios.
Por eso, centenares de especialistas están hoy a la caza del tema, en boga por todas las universidades, donde se enseña como cátedra. Ahora descubren que no es un fenómeno racial, sino cultural; y que, a diferencia de otros inmigrantes, los hispanos, conservan su idioma, religión, música, dieta, moda, costumbres y lazos familiares allende las fronteras. Y más que eso, todos tienen como aglutinante una especie de conciencia de pertenencia a una colectividad supranacional, por encima de sus respectivos países de origen.
Para el 2000 se calcula habrá más de 30 millones de hispanos legales en Estados Unidos, con un promedio de 44 mil dólares de ingreso por familia, de los cuales el 25% no ha absorbido en nada la cultura norteamericana, el 60% lo ha hecho en parte y solo 11% lo ha hecho en un alto grado.
Calladamente, Estados Unidos tiene en su seno el cuarto mayor mercado hispano del planeta, y los norteamericanos recién acaban de descubrirlo. Es menester tan solo un poco de imaginación y algo de iniciativa para sacar provecho a la obvia ventaja comparativa que tenemos de penetrar ese suculento mercado.
En efecto, en un reciente foro de expertos reunidos en Miami, se estimó que el mercado hispano en ese país alcanzará el año próximo la exorbitante suma de $325 billones de dólares, a razón de mil millones cada billón. Ello ha significado un vuelco en la estrategia de mercadeo de todos los bienes y servicios que se ofrecen en ese país.
El descubrimiento, empero, sobreviene con al menos dos décadas de tardanza, respecto a otras naciones de habla hispana que desde hace tiempo venían sacando provecho económico a esa realidad, como es el caso de México, cuya industria alimenticia, de música y ropa, apunta al suculento mercado.
Hoy día vemos cómo las principales cadenas de supermercados de Norteamérica dedican una amplia sección especial a artículos propios de la dieta hispanoamericana. El mismo interés ha forzado al empleo del español en etiquetas y publicidad, lo que era inconcebible, digamos, hace diez años.
De ese modo, el que "Time" destine su portada al cantante puertorriqueño Ricky Martin, o que otras editoriales hagan igual con el beisbolista dominicano Samy Sossa, o que "Newsweek", "Vogue", "People" y otros tengan exitosas ediciones en español, no es casual. Y es que el fenómeno hispano es un movimiento en expansión, que se infiltra y extiende a lo largo y ancho de toda la cultura norteamericana, imprimiéndole su sello y aportes propios.
Por eso, centenares de especialistas están hoy a la caza del tema, en boga por todas las universidades, donde se enseña como cátedra. Ahora descubren que no es un fenómeno racial, sino cultural; y que, a diferencia de otros inmigrantes, los hispanos, conservan su idioma, religión, música, dieta, moda, costumbres y lazos familiares allende las fronteras. Y más que eso, todos tienen como aglutinante una especie de conciencia de pertenencia a una colectividad supranacional, por encima de sus respectivos países de origen.
Para el 2000 se calcula habrá más de 30 millones de hispanos legales en Estados Unidos, con un promedio de 44 mil dólares de ingreso por familia, de los cuales el 25% no ha absorbido en nada la cultura norteamericana, el 60% lo ha hecho en parte y solo 11% lo ha hecho en un alto grado.
Calladamente, Estados Unidos tiene en su seno el cuarto mayor mercado hispano del planeta, y los norteamericanos recién acaban de descubrirlo. Es menester tan solo un poco de imaginación y algo de iniciativa para sacar provecho a la obvia ventaja comparativa que tenemos de penetrar ese suculento mercado.