El fin del antisemitismo
La destrucción del estado de Israel fue la consigna que propugnaron los dirigentes del mundo árabe poco después de formalizarse la Declaración Balfour que consagró el derecho del pueblo hebreo a construir su hogar en las tierras de sus antecesores. Pero como consecuencia de sucesivos reveses bélicos y del rechazo de la comunidad internacional, los países árabes fueron modificando su postura antisemítica y concretaron acuerdos de paz, incluyendo a Egipto.
La agrupación política que más encarnizadamente mantuvo en alto y materializó la prédica destructiva fue la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), bajo el liderazgo de Yasser Arafat, un ingeniero palestino entrenado en tácticas de terrorismo por la Hermandad Musulmana en El Cairo. Tanto es así que la Carta de la OLP, equivalente a una Constitución, señalaba la destrucción de Israel como uno de sus objetivos fundamentales.
La OLP planeó y ejecutó acciones homicidas contra israelíes en diversos lugares del mundo, desde los santuarios terroristas en el Líbano hasta ciudades europeas. Devorado por la propia violencia que atizaba como bandera reivindicatoria, Arafat debió soportar luchas por el poder, atentados, descontrol y desbordamientos protagonizadas por facciones extremistas que nacieron dentro de la OLP, pero que acabaron separándose.
Las lecciones trágicas de la violencia obligaron a la OLP a cambiar de estrategia, es decir, buscar acuerdos con Israel por el camino de la concertación. Los estadistas israelíes, al principio, se mostraron incrédulos de la voluntad de paz de los palestinos, por lo que exigieron como condición básica para formalizar un diálogo, la supresión de la cláusula de destrucción de su país. Arafat acogió la demanda y logró la derogación de la norma, accediendo a la recomendación del presidente norteamericano Bill Clinton.
Sin embargo, la anulación de la cláusula debía formalizarse de cara a la comunidad de naciones. Lo que aconteció días pasados fue fruto del acuerdo. El Consejo Nacional Palestino (CNP), en presencia del presidente de Estados Unidos Bill Clinton, a nombre simbólico de la comunidad internacional y ante las cámaras de la televisión, formalizó por unanimidad el retiro de la cláusula fatídica.
Aún subsisten diversos puntos para el cumplimiento complejo de una paz integral. Este es trabajo técnico de negociaciones diplomáticas. Hacía falta una formulación de principios que anulara el antagonismo entre Israel y Palestina y sentara las bases de una convivencia pacífica a largo plazo. Una declaración doctrinaria que eliminara formalmente el odio y la búsqueda del exterminio del vecino.
En el pasado milenario, otras civilizaciones y pueblos persiguieron la destrucción de Israel y fracasaron. Así está escrito en el Antiguo Testamento y en la historia moderna. Fracasó la obsesión antisemita por los siglos de los siglos. Y la OLP se ha autoexcluido juiciosamente de esa nefasta postura.
La agrupación política que más encarnizadamente mantuvo en alto y materializó la prédica destructiva fue la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), bajo el liderazgo de Yasser Arafat, un ingeniero palestino entrenado en tácticas de terrorismo por la Hermandad Musulmana en El Cairo. Tanto es así que la Carta de la OLP, equivalente a una Constitución, señalaba la destrucción de Israel como uno de sus objetivos fundamentales.
La OLP planeó y ejecutó acciones homicidas contra israelíes en diversos lugares del mundo, desde los santuarios terroristas en el Líbano hasta ciudades europeas. Devorado por la propia violencia que atizaba como bandera reivindicatoria, Arafat debió soportar luchas por el poder, atentados, descontrol y desbordamientos protagonizadas por facciones extremistas que nacieron dentro de la OLP, pero que acabaron separándose.
Las lecciones trágicas de la violencia obligaron a la OLP a cambiar de estrategia, es decir, buscar acuerdos con Israel por el camino de la concertación. Los estadistas israelíes, al principio, se mostraron incrédulos de la voluntad de paz de los palestinos, por lo que exigieron como condición básica para formalizar un diálogo, la supresión de la cláusula de destrucción de su país. Arafat acogió la demanda y logró la derogación de la norma, accediendo a la recomendación del presidente norteamericano Bill Clinton.
Sin embargo, la anulación de la cláusula debía formalizarse de cara a la comunidad de naciones. Lo que aconteció días pasados fue fruto del acuerdo. El Consejo Nacional Palestino (CNP), en presencia del presidente de Estados Unidos Bill Clinton, a nombre simbólico de la comunidad internacional y ante las cámaras de la televisión, formalizó por unanimidad el retiro de la cláusula fatídica.
Aún subsisten diversos puntos para el cumplimiento complejo de una paz integral. Este es trabajo técnico de negociaciones diplomáticas. Hacía falta una formulación de principios que anulara el antagonismo entre Israel y Palestina y sentara las bases de una convivencia pacífica a largo plazo. Una declaración doctrinaria que eliminara formalmente el odio y la búsqueda del exterminio del vecino.
En el pasado milenario, otras civilizaciones y pueblos persiguieron la destrucción de Israel y fracasaron. Así está escrito en el Antiguo Testamento y en la historia moderna. Fracasó la obsesión antisemita por los siglos de los siglos. Y la OLP se ha autoexcluido juiciosamente de esa nefasta postura.