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El final del año 2007


En el calamitoso curso de su estación de 12 meses, los panameño hemos experimentado acciones de toda índole: políticas, sociales, económicas y culturales (congelación del TPC por Estados Unidos, incremento del crimen, aumento descomunal del combustible y el costo de la vida; asaltos y robos a bancos y residencias particulares; desfalco en el FECE; angustiosa y prolongada huelga de médicos por aumento de salario; cierre de calles y manifestaciones públicas de protesta ciudadana, etc.).

La gente, por lo general, pareciera acostumbrarse a los males sociales que padecemos y mira con pasividad e indiferencia la caída de valores morales; la disolución de las jerarquías; las olas de violencia, crímenes, robo y proliferación de vicios que llevan tragedia a los hogares; la falta de respeto y consideración por la persona humana, por la libertad y el pensamiento; y, sobre todo, el dogmatismo o sectarismo y el egoísmo que pretenden aplastar al sentimiento y a la razón. Estamos llegando a extremos tales, que hasta el desaliño en la persona y en el vestir, la grosería en el hablar, el servilismo, el culto a la personalidad, la rudeza en el trato y la agresión verbal son carta de pase en grupos que sustentan la tesis de la destrucción de todo cuanto ha logrado el hombre en el orden moral, de hábitos y actitudes deseables, de honradez y de comportamiento humano en los siglos transcurridos de su existencia.

Cada día se hace más difícil. La actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel; nos acosan la suspicacia y el descreimiento. Nos tientan solicitaciones contradictorias, las que parecieran querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable. Pero es aquí donde cobra más importancia el proceso de la educación, pues se trata de un estudio de correlación entre medio y hombre; es preciso no olvidar al hombre. Pero eso sí, no de la simple instrucción elemental, ni de la formulación de reformas educativas de orientación populista; sino de la educación como formación integral, moral, física, intelectual; como humanización del hombre y único medio de dignificación moral y de emancipación económica y, a su vez, de incorporación plena en la actividad del espíritu y en la solidaridad.

Dejo estas reflexiones abiertas a gobernantes y gobernados para que las analicen en la víspera y durante el 2008. ¡"Año preelectoral" por añadidura!

101 años de Panamá América

 
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