El fondo de los fondos
Cuando en 1944, el estudioso Karl Polanyi publicó su obra maestra " La Gran Transformación", que contenía una abierta denuncia de la orientación mercantilista de la sociedad del siglo XIX, hacía esta tan extraordinariamente profética como sobria declaración: "Permitir que el mecanismo del mercado gobierne en exclusiva el destino de la humanidad y su ecosistema natural... conllevaría la devastación de la sociedad". No obstante, Polanyi se mostraba convencido de que tal desastre era impensable en el mundo en el periodo de la postguerra porque, según decía: "Somos testigos de que se está dando un tipo de desarrollo entre las naciones en el que el sistema económico deja de dictar las leyes a la sociedad, luego, la hegemonía de la sociedad sobre el sistema está garantizada".
Por desgracia, el optimismo de Polanyi no era del todo merecido -el pilar fundamental del neoliberalismo es justamente ese, que el dispositivo del mercado gobierne el destino de la humanidad. Es la economía la que debe dictar las normas sociales y no viceversa. Y, tal y como Polanyi presagiara, la doctrina nos está conduciendo directamente a la "devastación de la sociedad".
Hace poco más de un año, el 12 de junio de 2000, el gobierno panameño aceptó -con la firma del Ministro de Economía y Finanzas, del Contralor General y del Gerente del Banco Nacional de Panamá- un acuerdo o carta de intención devastadora de la sociedad panameña, que comprendía veinte puntos con uno de los "mellizos de Keynes": el Fondo Monetario Internacional. Es a ese documento que debemos remitirnos los ciudadanos panameños preocupados por el devenir del país para entender el fondo del desespero de las corporaciones políticas en el uso del Fondo Fiduciario. Dicho documento contiene y acepta graves atribuciones en las decisiones económicas del gobierno y le acepta al FMI funciones que incluye el derecho de mediación en asuntos internos, como lo confirma la recién terminada visita de los fondomonetaristas a sus idólatras locales.
Ahora, sin hablarnos de la carta de intención, los fondomonetaristas locales recurren al problema del agua. En el fondo no es el agua o la salud del pueblo lo que les interesa o preocupa en lo más mínimo, por mucha cara de circunstancia que le pusiera el Ministro de Economía y Finanzas a los "legisladrones" al inaugurar las "sesiones extraordinarias" con la demagógica afirmación: "Está en juego la salud del pueblo panameño, por lo que les solicito que le den tratamiento legislativo de urgencia notoria a este proyecto de ley".
La presencia del Gabinete en pleno nos revela que en el fondo, lo que realmente les preocupa no es la vida institucional del país. Para ellos se trata de quedar bien -en el fondo y en la forma- con el otro Fondo para poder repartirse el Fondo Fiduciario. De ahí la presencia de barras acarreadas en buses, además de comida y bebidas y cartelones con consignas, como en los mejores tiempos del "proceso revolucionario" y bajo el también ultrademagógico pronunciamiento del primer vicepresidente: " El mensaje es claro, queremos que el pueblo conozca que el gobierno le da mucha importancia al tema del suministro de agua", auxiliado en su inescrupulosidad por la gracia del Ministro de Salud al señalar que la presencia en pleno del Gabinete: " no fue solicitud de la Presidencia de la República, sino espontaneidad de cada ministro por el tema tan profundo que es la empresa del agua".
Escudándose en falsos argumentos sociales, la dirigencia política percibe que está por perder su negocio que es, justamente, gastar el dinero de los contribuyentes en el financiamiento de sus actividades políticas. El ejemplo más claro de esto es el tema de las partidas circuitales, hoy legalizadas y legitimadas por la Corte Suprema de Justicia (con salvamento de voto del magistrado Arjona). Con lo del agua y el uso del fondo, además de los compromisos pactados con el Fondo Monetario, se reconfirma que los políticos gobernantes en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial se han transformado en una corporación como cualquier otra que lucha por sus intereses particulares: sostener el negocio del Estado para servirse del Estado, en vez de servir al Estado y a todos los que lo conformamos.
Poco o nada se ha hecho de manera seria y responsable a lo largo de los últimos treinta años por los diversos gobiernos para resolver el problema del agua, bien que pertenece a todos los panameños y que no se debe permitir que pase a manos privadas. Si la población panameña permite que el Gobierno y la Asamblea se repartan el Fondo Fiduciario en lugar de crear empleos, bajar el gasto público, poner orden en las cuentas fiscales, adelantar las reformas estructurales pendientes, eliminar las partidas circuitales, combatir decididamente la corrupción, invertir en la educación, no destinar cuantiosos recursos al pago de deuda, estará actuando irresponsablemente y se profundizará muchísimo más la crisis y la situación social continuará empeorando progresivamente y más temprano que tarde, hará explosión.
La historia de nuestra humanidad nos enseña que " hay fatuos que sólo son ridículos; pero otros son peligrosos". Cuidémonos, pues, de los fatuos que recurren al uso de los fondos que son del pueblo panameño, con todo tipo de demagogias, para sostener sus corporaciones políticas y sus intereses particulares. Han dejado de ser ridículos. Han pasado a ser peligrosos.
Por desgracia, el optimismo de Polanyi no era del todo merecido -el pilar fundamental del neoliberalismo es justamente ese, que el dispositivo del mercado gobierne el destino de la humanidad. Es la economía la que debe dictar las normas sociales y no viceversa. Y, tal y como Polanyi presagiara, la doctrina nos está conduciendo directamente a la "devastación de la sociedad".
Hace poco más de un año, el 12 de junio de 2000, el gobierno panameño aceptó -con la firma del Ministro de Economía y Finanzas, del Contralor General y del Gerente del Banco Nacional de Panamá- un acuerdo o carta de intención devastadora de la sociedad panameña, que comprendía veinte puntos con uno de los "mellizos de Keynes": el Fondo Monetario Internacional. Es a ese documento que debemos remitirnos los ciudadanos panameños preocupados por el devenir del país para entender el fondo del desespero de las corporaciones políticas en el uso del Fondo Fiduciario. Dicho documento contiene y acepta graves atribuciones en las decisiones económicas del gobierno y le acepta al FMI funciones que incluye el derecho de mediación en asuntos internos, como lo confirma la recién terminada visita de los fondomonetaristas a sus idólatras locales.
Ahora, sin hablarnos de la carta de intención, los fondomonetaristas locales recurren al problema del agua. En el fondo no es el agua o la salud del pueblo lo que les interesa o preocupa en lo más mínimo, por mucha cara de circunstancia que le pusiera el Ministro de Economía y Finanzas a los "legisladrones" al inaugurar las "sesiones extraordinarias" con la demagógica afirmación: "Está en juego la salud del pueblo panameño, por lo que les solicito que le den tratamiento legislativo de urgencia notoria a este proyecto de ley".
La presencia del Gabinete en pleno nos revela que en el fondo, lo que realmente les preocupa no es la vida institucional del país. Para ellos se trata de quedar bien -en el fondo y en la forma- con el otro Fondo para poder repartirse el Fondo Fiduciario. De ahí la presencia de barras acarreadas en buses, además de comida y bebidas y cartelones con consignas, como en los mejores tiempos del "proceso revolucionario" y bajo el también ultrademagógico pronunciamiento del primer vicepresidente: " El mensaje es claro, queremos que el pueblo conozca que el gobierno le da mucha importancia al tema del suministro de agua", auxiliado en su inescrupulosidad por la gracia del Ministro de Salud al señalar que la presencia en pleno del Gabinete: " no fue solicitud de la Presidencia de la República, sino espontaneidad de cada ministro por el tema tan profundo que es la empresa del agua".
Escudándose en falsos argumentos sociales, la dirigencia política percibe que está por perder su negocio que es, justamente, gastar el dinero de los contribuyentes en el financiamiento de sus actividades políticas. El ejemplo más claro de esto es el tema de las partidas circuitales, hoy legalizadas y legitimadas por la Corte Suprema de Justicia (con salvamento de voto del magistrado Arjona). Con lo del agua y el uso del fondo, además de los compromisos pactados con el Fondo Monetario, se reconfirma que los políticos gobernantes en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial se han transformado en una corporación como cualquier otra que lucha por sus intereses particulares: sostener el negocio del Estado para servirse del Estado, en vez de servir al Estado y a todos los que lo conformamos.
Poco o nada se ha hecho de manera seria y responsable a lo largo de los últimos treinta años por los diversos gobiernos para resolver el problema del agua, bien que pertenece a todos los panameños y que no se debe permitir que pase a manos privadas. Si la población panameña permite que el Gobierno y la Asamblea se repartan el Fondo Fiduciario en lugar de crear empleos, bajar el gasto público, poner orden en las cuentas fiscales, adelantar las reformas estructurales pendientes, eliminar las partidas circuitales, combatir decididamente la corrupción, invertir en la educación, no destinar cuantiosos recursos al pago de deuda, estará actuando irresponsablemente y se profundizará muchísimo más la crisis y la situación social continuará empeorando progresivamente y más temprano que tarde, hará explosión.
La historia de nuestra humanidad nos enseña que " hay fatuos que sólo son ridículos; pero otros son peligrosos". Cuidémonos, pues, de los fatuos que recurren al uso de los fondos que son del pueblo panameño, con todo tipo de demagogias, para sostener sus corporaciones políticas y sus intereses particulares. Han dejado de ser ridículos. Han pasado a ser peligrosos.