El Fondo Fiduciario
El Fondo Fiduciario que está conformado con dinero de las privatizaciones, del alquiler y venta de las áreas revertidas ha sido, en las últimas semanas, comidilla popular. No ha habido quien no haya expresado su sentir, lo que es muestra de que en Panamá existe libertad de expresión y se aspira a vivir en democracia.
Escuchamos al Presidente de la República en un programa de TV2 expresar que pareciera que muchos, o son tontos o se hacen los tontos- claro que esas no fueron sus palabras textuales- y que con el Fondo Fiduciario no existe ningún problema, que pareciera que existe una consigna en querer crear dudas en la ciudadanía sobre la existencia de los dineros del Fondo Fiduciario, pero allí están los fondos. "Actualmente ese dinero lo está manejando el Banco Nacional que lo ha colocado en varios bancos del sistema que pagan intereses, aunque a un bajo rendimiento por lo que se está estudiando colocarlos con administradores profesionales que sin duda los harán producir mayores réditos", agregó el Primer Mandatario.
Somos de opinión que debemos ser cuidadosos con eso de los administradores de fondos profesionales, pues en Chile y otros países se han dado casos de quiebras fraudulentas con la consiguiente pérdida de los fondos concedidos en administración. Me temo, por otra parte, que una concesión apresurada, como la que aparentemente se desea hacer, no hará posible una escogencia cabal de los administradores, además que el gobierno nacional debe conceder a las administradoras un menú de opciones dentro de las que debe manejarse, así como fijar los límites para ciertas inversiones que el administrador deberá llevar a cabo. O sea que no es cuestión de simplemente conceder una cantidad de dinero a una administradora y ya está. También hay que negociar la comisión que cobrará la administradora, su solvencia económica y moral y su responsabilidad por la administración de los fondos que se concederán.
Hay que tener presente que entre mayor es el rendimiento que se desea obtener del Fondo Fiduciario, mayores son los riesgos en que habrá de incurrir el administrador en la inversión de los fondos dados a su administración. ¿Estamos los panameños dispuestos a asumir las consecuencias de las pérdidas de dinero de este fondo por razón de inversiones riesgosas realizadas para la obtención de grandes réditos? Me parece que no.
Creemos que no debe a los panameños preocuparnos tanto el rendimiento de esos fondos, sino más bien buscar la forma cómo invertirlos socialmente. Pero dos son fundamentalmente los factores que nos inhiben a hacerlo: Primero tenemos que, a pesar de que siempre se dice que los fondos de inversión social están al margen de la política partidista, o sea que su distribución se efectúa con base a eficiencia y no como modelo de padrinazgo o para favorecer a un grupo determinado, en la realidad no ocurre así puesto que como alivian presiones sociales, proporcionan beneficio político al presidente en ejercicio y al partido que representa. En segundo lugar, los panameños hemos perdido totalmente la credibilidad en nuestras instituciones con justificada razón. Como ejemplo citamos el reciente caso del Programa de Ayuda Rápida para Viviendas de Interés Social (PARVIS) en el que la ayuda fue a parar no precisamente entre los más necesitados.
Una de las formas de garantizar que los fondos no se vean tentados a desviarse de su función de servicio y puedan sobrevivir más allá del ciclo del próximo gobierno es que sean administrados por autoridades no proselitistas con el prestigio suficiente que puedan resistir las presiones gubernamentales para politizar el fondo fiduciario y decir "no" cuando un proyecto no se justifique.
Nuestra opinión, sin embargo, es que son las IFI"s las que se oponen a que Panamá haga uso inmediato del Fondo Fiduciario, pues ello concedería autonomía financiera al gobierno entrante y escaparía a su control indiscriminado. Pareciera que son las IFI"s las que en contubernio con el presente gobierno están trabajando en la fórmula de amarrar dichos fondos. Panamá tuvo una nefasta experiencia en cuanto a fondos depositados en el exterior y nos referimos específicamente a la crisis económica de finales de la década de los ochenta cuando los EE:UU., para presionar al gobierno de turno, congeló los fondos que Panamá tenía en la banca norteamericana y dispuso darle unilateralmente a un pseudo "gobierno en el exilio" millones de balboas que fueron gastados sin ningún control ni justificación y que después el ex presidente Endara alegremente indultó a los responsables. ¿Quién quita que no ocurrirá lo mismo en el futuro, en caso de surgir problemas con los EE:UU.? ¿ Y por qué no pensar que las IFI"s decidan algún día el cobro directo de la deuda externa de Panamá de esos fondos, a su valor nominal, no obstante estar depreciada? Por otro lado, la existencia de esos fondos definitivamente nos descalificarían para ser merecedores de la condonación de parte de nuestra deuda externa con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional que el grupo de países desarrollados, siete en total, aprobó.
¿Qué hacer, entonces? Creo que lo primero es determinar un orden de prioridades de las necesidades del país. Es preciso determinar qué proyectos sociales deseamos los panameños desarrollar y debatirlo públicamente y luego la ciudadanía en general, mediante un plebiscito, decida cuáles desea realizar. No nos mostramos de acuerdo con invertir en forma primordial en la educación, como parece la orientación del presente gobierno, pues esa inversión es a futuro y en la actualidad hay mucha gente que pasa muchas penurias y que lo único que encontrarán en el futuro es la muerte si sus problemas no son atendidos de inmediato. Se nos ocurre que en primer lugar debemos colocar la salud. Y estamos pensando fundamentalmente en la salud rural porque en la ciudad capital la empresa privada se ha encargado de su desarrollo, pero no así en el campo donde miles de panameños se encuentran en el más absoluto abandono, víctimas de curanderos que los explotan. Seguidamente pensamos en la vivienda, como otro rubro importante en el que el Estado debe coadyuvar porque es menester que facilite a los ciudadanos más necesitados los elementos necesarios para construir sus viviendas.
Escuchamos al Presidente de la República en un programa de TV2 expresar que pareciera que muchos, o son tontos o se hacen los tontos- claro que esas no fueron sus palabras textuales- y que con el Fondo Fiduciario no existe ningún problema, que pareciera que existe una consigna en querer crear dudas en la ciudadanía sobre la existencia de los dineros del Fondo Fiduciario, pero allí están los fondos. "Actualmente ese dinero lo está manejando el Banco Nacional que lo ha colocado en varios bancos del sistema que pagan intereses, aunque a un bajo rendimiento por lo que se está estudiando colocarlos con administradores profesionales que sin duda los harán producir mayores réditos", agregó el Primer Mandatario.
Somos de opinión que debemos ser cuidadosos con eso de los administradores de fondos profesionales, pues en Chile y otros países se han dado casos de quiebras fraudulentas con la consiguiente pérdida de los fondos concedidos en administración. Me temo, por otra parte, que una concesión apresurada, como la que aparentemente se desea hacer, no hará posible una escogencia cabal de los administradores, además que el gobierno nacional debe conceder a las administradoras un menú de opciones dentro de las que debe manejarse, así como fijar los límites para ciertas inversiones que el administrador deberá llevar a cabo. O sea que no es cuestión de simplemente conceder una cantidad de dinero a una administradora y ya está. También hay que negociar la comisión que cobrará la administradora, su solvencia económica y moral y su responsabilidad por la administración de los fondos que se concederán.
Hay que tener presente que entre mayor es el rendimiento que se desea obtener del Fondo Fiduciario, mayores son los riesgos en que habrá de incurrir el administrador en la inversión de los fondos dados a su administración. ¿Estamos los panameños dispuestos a asumir las consecuencias de las pérdidas de dinero de este fondo por razón de inversiones riesgosas realizadas para la obtención de grandes réditos? Me parece que no.
Creemos que no debe a los panameños preocuparnos tanto el rendimiento de esos fondos, sino más bien buscar la forma cómo invertirlos socialmente. Pero dos son fundamentalmente los factores que nos inhiben a hacerlo: Primero tenemos que, a pesar de que siempre se dice que los fondos de inversión social están al margen de la política partidista, o sea que su distribución se efectúa con base a eficiencia y no como modelo de padrinazgo o para favorecer a un grupo determinado, en la realidad no ocurre así puesto que como alivian presiones sociales, proporcionan beneficio político al presidente en ejercicio y al partido que representa. En segundo lugar, los panameños hemos perdido totalmente la credibilidad en nuestras instituciones con justificada razón. Como ejemplo citamos el reciente caso del Programa de Ayuda Rápida para Viviendas de Interés Social (PARVIS) en el que la ayuda fue a parar no precisamente entre los más necesitados.
Una de las formas de garantizar que los fondos no se vean tentados a desviarse de su función de servicio y puedan sobrevivir más allá del ciclo del próximo gobierno es que sean administrados por autoridades no proselitistas con el prestigio suficiente que puedan resistir las presiones gubernamentales para politizar el fondo fiduciario y decir "no" cuando un proyecto no se justifique.
Nuestra opinión, sin embargo, es que son las IFI"s las que se oponen a que Panamá haga uso inmediato del Fondo Fiduciario, pues ello concedería autonomía financiera al gobierno entrante y escaparía a su control indiscriminado. Pareciera que son las IFI"s las que en contubernio con el presente gobierno están trabajando en la fórmula de amarrar dichos fondos. Panamá tuvo una nefasta experiencia en cuanto a fondos depositados en el exterior y nos referimos específicamente a la crisis económica de finales de la década de los ochenta cuando los EE:UU., para presionar al gobierno de turno, congeló los fondos que Panamá tenía en la banca norteamericana y dispuso darle unilateralmente a un pseudo "gobierno en el exilio" millones de balboas que fueron gastados sin ningún control ni justificación y que después el ex presidente Endara alegremente indultó a los responsables. ¿Quién quita que no ocurrirá lo mismo en el futuro, en caso de surgir problemas con los EE:UU.? ¿ Y por qué no pensar que las IFI"s decidan algún día el cobro directo de la deuda externa de Panamá de esos fondos, a su valor nominal, no obstante estar depreciada? Por otro lado, la existencia de esos fondos definitivamente nos descalificarían para ser merecedores de la condonación de parte de nuestra deuda externa con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional que el grupo de países desarrollados, siete en total, aprobó.
¿Qué hacer, entonces? Creo que lo primero es determinar un orden de prioridades de las necesidades del país. Es preciso determinar qué proyectos sociales deseamos los panameños desarrollar y debatirlo públicamente y luego la ciudadanía en general, mediante un plebiscito, decida cuáles desea realizar. No nos mostramos de acuerdo con invertir en forma primordial en la educación, como parece la orientación del presente gobierno, pues esa inversión es a futuro y en la actualidad hay mucha gente que pasa muchas penurias y que lo único que encontrarán en el futuro es la muerte si sus problemas no son atendidos de inmediato. Se nos ocurre que en primer lugar debemos colocar la salud. Y estamos pensando fundamentalmente en la salud rural porque en la ciudad capital la empresa privada se ha encargado de su desarrollo, pero no así en el campo donde miles de panameños se encuentran en el más absoluto abandono, víctimas de curanderos que los explotan. Seguidamente pensamos en la vivienda, como otro rubro importante en el que el Estado debe coadyuvar porque es menester que facilite a los ciudadanos más necesitados los elementos necesarios para construir sus viviendas.