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El Fondo Fiduciario y la Tercera Vía


El destacado empresario panameño Sebastián Méndez ha presentado la propuesta más novedosa y audaz sobre el uso del capital del Fondo Fiduciario, consistente en invertirlo en acciones de las empresas internacionales líderes de la Nueva Economía ( tecnología e internet) y en suscribir simultáneamente un contrato de Margin Call, modalidad que permite retirar efectivo hasta el 50% del valor del mercado de las acciones en cartera. Calcula el financista en términos conservadores que, asumiendo un crecimiento anual compuesto del valor de la cartera de acciones de las empresas seleccionadas, se llegaría a obtener un rendimiento 25% cada año, mientras que el Fondo Fiduciario recibe un 5% por plazos fijos en bancos extranjeros.
Una propuesta como la de Méndez desata en el primer momento reacciones de temor y de incredulidad, porque no estamos preparados mentalmente para asimilarla." Es demasiado bueno para ser cierto, dicen unos. "Perderíamos el Fondo Fiduciario ...hay mucho riesgo ...una convulsión como la de Microsoft nos haría perder el producto de la venta de las empresas estatales" afirman los tradicionalistas. Pero la mayor parte del temor y del escepticismo es engendrado por la ignorancia del funcionamiento de los sistemas de inversión de la Nueva Economía. A ninguno de los políticos de América Latina y de Panamá, entre ellos empresarios y banqueros, se les ha pasado por la cabeza que los recursos del Fondo Fiduciario se inviertan en paquetes de acciones de las compañías líderes del mercado tecnológico Nasdaq. No lo han hecho ya, porque la Nueva Economía es una realidad que recién ha consagrado un estadista de la envergadura de Bill Clinton al reconocer en forma pública que el extraordinario crecimiento económico de Estados Unidos tiene como origen el desarrollo excepcional de la informática. No demorará en reconocerlo José María Aznar, cuya reelección se montó en la ola de la expansión económica española excitada por la banca informatizada y por las compañías industriales que ya están on line. Y seguirán otros estadistas, porque descubrirán, progresivamente, uno por uno, que estamos todos sumergidos en la Nueva Economía, pero aún no nos hemos dado cuenta de ello y de la salida que nos ofrece si invertimos con tino y sobre todo con honestidad , sus cuantiosos beneficios en resolver la encrucijada social
Pero la Nueva Economía está al alcance de las manos, o de los dedos que digitan el internet, con habilidad, cautela y experiencia. Quizás le tememos a invertir el recurso público en las empresas más grandes del mundo que han revolucionado los conceptos económicos tradicionales de inversión y rendimiento. Sin embargo, universidades norteamericanas como Harvard y Columbia, cuyos movimientos administrativos conservadores son proverbiales, invierten sus fondos en la Nueva Economía. Y también los fondos de pensiones. Y millones de millones de ciudadanos comunes y corrientes de Estados Unidos, Singapur, España, Inglaterra, confían sus ahorros y sus fondos de jubilaciones a empresas como Cisco, American On Line, Nokia, Oracle, Microsoft, Telefónica de España, Endesa,y otros gigantes de la tecnología. ¿ Por qué ellos confían y por qué nosotros desconfiamos? Como dice Sebastián Méndez, " la diferencia entre la Tercera Vía y las otras dos no es la percepción del riesgo, sino la novedad del proceso".
A no dudarlo, nos movemos dentro de patrones tradicionales en política y en finanzas. Ansiamos gastar mil trescientos millones de balboas en obras públicas, o nos resignamos a una concepción quietista de la renta del plazo fijo bancario colocado en el exterior o no vamos más allá de invertir el fondo en el rescate de los bonos que emitimos y ahora no podemos amortizar sus intereses. Pero ni una ni otra fórmula nos sacará realmente del atolladero. En nuestra mente construida con las rutinas de los ingresos y egresos del presupuesto no se nos ocurre imaginar que podemos ir más allá en materia de finanzas públicas. Y esto así sucede, porque no ligamos la concepción moderna de inversión empresarial globalizada al manejo de las finanzas públicas. El Estado panameño obtiene sus ingresos de impuestos, letras del tesoro, bonos y deuda externa e interna. Pero no hemos advertido que estamos en disposición de ganar mucho más para el gasto social, extrayendo frutos de las empresas internacionales que mueven al mundo y no sólo de las empresas locales.
La convulsión de Microsoft la semana pasada fue un espasmo pasajero artificialmente atizado por una decisión entre política y judicial, desvinculada intrínsecamente a la capacidad productiva de la empresa. Pero las aguas han vuelto a su nivel y Nasdaq se vuelve a equilibrar. Clinton ha calificado a la economía informática como una transformación económica tan profunda como la revolución industrial.
En el siglo XIX se dijo que el capitalismo despojaba la riqueza de las sociedades emergentes. En el siglo XXI podríamos decir que nos hemos subido al nuevo capitalismo tecnológico para que esa portentosa riqueza se derrame sobre nuestros pueblos. Reflexionemos sobre esta oportunidad inédita con el frío criterio de la ingeniería social. El Panamá América abre el debate sobre la Nueva Economía en nuestro país.

101 años de Panamá América

 
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