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El fracaso de los gobiernos Robin Hood


Ciudad de México (AIPE)- Durante el siglo XX muchos gobiernos quisieron asumir un papel parecido al del famoso ladrón Robin Hood: quitarle a los ricos para darle a los pobres. La principal herramienta utilizada para lograr esa "redistribución del ingreso" fue el sistema fiscal.
Antes que los gobernantes asumieran el papel de Robin Hood, los impuestos servían fundamentalmente para cubrir los costos de mantener la seguridad, el orden, impartir justicia, apoyar la creación de una infraestructura urbana, de comunicaciones y una educación y salubridad básica. Pero a partir del llamado "Welfare State" o Estado de Bienestar, muchos gobernantes justificaron los aumentos de impuestos con el argumento que mediante el gasto social transmitirían riqueza de los ricos a los pobres. Esas políticas significaron quitarle a los que más trabajan, producen y ahorran, para darle a los que menos producen, menos trabajan y menos ahorran.
Décadas de experiencia de ese tipo de políticas arrojaron los siguientes resultados:
Los gobernantes Robin Hood le quitaron aparentemente a los ricos, pero muy poco fue a parar a manos de los pobres. La mayor parte del dinero se quedó entre los repartidores de riqueza: "el que parte y reparte se queda con la mayor parte".
Debido a la denominada traslación fiscal y a la elasticidad de la demanda, muchos de los impuestos que aparentemente pagaban los ricos se extendían a la clase media y pobre.
Castigar a los más productivos con más impuestos, desincentiva a los más trabajadores y estimula a los pobres a mantenerse en la pobreza.

La experiencia en casi todo el mundo durante el siglo XX es que tratar de reducir las desigualdades sociales mediante el sistema fiscal arroja resultados contraproducentes. Los gobiernos Robin Hood aumentaron el número de pobres pedigüeños y redujeron el de productores eficientes. La única ventaja de ese sistema es que a corto plazo le da más recursos a una burocracia que vive de repartir lo que otros producen, con la consiguiente proliferación de la corrupción y de la creación de elefantes blancos en el gobierno, bajo la excusa del llamado gasto social.
Durante los últimos 25 años en México escuchamos a los gobernantes del PRI justificar los aumentos de
impuestos y sus enormes gastos en nombre de transmitir riqueza de los ricos a los pobres. Ojalá el
nuevo gobierno de Vicente Fox supere esas obsoletas y contraproducentes políticas. Y le quede claro que
el camino más eficiente para reducir la pobreza es crear las condiciones para que los pobres se vuelvan
productivos, sin que sea a costa de castigar con más impuestos a quienes más producen. (c)
www.aipenet.com
Director del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa.

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