"El frustrado atentado del Paraninfo: terrorismo en Panamá"
En la noche del sábado 18 de noviembre, la gente se agolpaba en el máximo salón de conferencias de la Universidad de Panamá, con el fin de conocer uno de los personajes más representativos de la política latinoamericana: Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba. Los vítores de los simpatizantes eran estruendosos, mientras que la alegría se notaba en el dirigente de la isla caribeña, al ver el nutrido grupo de panameños que le respaldaban en su lucha contra el criminal bloqueo norteamericano.
¿Sabe usted que en ese lugar, en ese mismo instante, pudieron perecer unas mil personas, por culpa del fanatismo de un grupo anticastrista que intentó empañar con sangre la exitosa Cumbre Iberoamericana? Pues parece que no. Luis Posada Carriles y su séquito ingresaron, al parecer a nuestro país para tal fin. Tanto panameños como cubanos morirían en la acción.
Pero lo peor de todo es que decenas de periodistas extranjeros, funcionarios universitarios panameños y personal de la Cancillería hubieran también caído en el incidente que jamás ocurrió, todo por la denuncia del señor Castro.
¿Quién es Posada Carriles? Según los informes de medios internacionales, este señor agredió en 1975, a un embajador cubano en Argentina, intentó un secuestro en México, fue coautor del atentado a una aeronave de Cubana de Aviación en 1976, provocando la muerte a 73 personas en Barbados, entre otras más bellezas.
La inteligencia cubana advirtió a Panamá sobre el ingreso de los supuestos terroristas, quienes entraron al Istmo como "Pedro por su casa". Aunque las autoridades panameñas patinaron ante la fisura creada por estos infiltrados procedentes de El Salvador, el servicio de seguridad local supo actuar rápidamente u detener a los malhechores con el material explosivo que usarían contra los panameños y extranjeros en el teatro universitario.
Gracias a Dios, se detuvo la acción terrorista, pero quedamos con una tremenda lección: El terrorismo internacional ya enfoca su interés hacia Panamá. A diferencia de los usuales grupos religiosos extremistas o de los guerrilleros insurgentes que reconocemos como elementos del terrorismo, la verdad es que hay movimientos y células peligrosas de la derecha latinoamericana, en especial, ex agentes de la CIA, que trabajan como dobles agentes, sólo para sabotear los intereses de las naciones no afines a la política exterior norteamericana.
Se cree que unos 55 terroristas residentes en los Estados Unidos y Centroamérica, son potenciales elementos para realizar atentados violentos en la región. Cosa espeluznante, porque uno pensaba que los grupos fundamentalistas árabes, los terroristas de ETA y el IRA eran una cosa lejana, al otro lado del Atlántico. Por ello, urge la necesidad de reforzar nuestro servicio de seguridad nacional ante la amenaza de los grupos terroristas de todo tipo. La vecina Colombia es el clásico ejemplo que nos demuestra la vulnerabilidad del territorio panameño ante las incursiones agresivas procedentes de otros países.
Otro caso fue el no tan recordado atentado al avión ALAS, a mediados de la década de los noventa, cuando una veintena de ciudadanos israelíes perecieron en el incidente sobre la provincia de Colón, supuestamente en una explosión activada por un terrorista libanés suicida. Allí quedó el asunto y nada más se supo del tema.
La lección nos debe llevar a la reflexión de considerar que nuestro mundo es un lugar peligroso debido a la intolerancia política de algunos y el extremismo fanático de otros. Panamá no está inmune a los atentados terroristas y esperemos que la justicia caiga sobre los supuestos malhechores, en el caso que se compruebe la veracidad del intento de matar a panameños y extranjeros en la Cumbre Iberoamericana.
¿Sabe usted que en ese lugar, en ese mismo instante, pudieron perecer unas mil personas, por culpa del fanatismo de un grupo anticastrista que intentó empañar con sangre la exitosa Cumbre Iberoamericana? Pues parece que no. Luis Posada Carriles y su séquito ingresaron, al parecer a nuestro país para tal fin. Tanto panameños como cubanos morirían en la acción.
Pero lo peor de todo es que decenas de periodistas extranjeros, funcionarios universitarios panameños y personal de la Cancillería hubieran también caído en el incidente que jamás ocurrió, todo por la denuncia del señor Castro.
¿Quién es Posada Carriles? Según los informes de medios internacionales, este señor agredió en 1975, a un embajador cubano en Argentina, intentó un secuestro en México, fue coautor del atentado a una aeronave de Cubana de Aviación en 1976, provocando la muerte a 73 personas en Barbados, entre otras más bellezas.
La inteligencia cubana advirtió a Panamá sobre el ingreso de los supuestos terroristas, quienes entraron al Istmo como "Pedro por su casa". Aunque las autoridades panameñas patinaron ante la fisura creada por estos infiltrados procedentes de El Salvador, el servicio de seguridad local supo actuar rápidamente u detener a los malhechores con el material explosivo que usarían contra los panameños y extranjeros en el teatro universitario.
Gracias a Dios, se detuvo la acción terrorista, pero quedamos con una tremenda lección: El terrorismo internacional ya enfoca su interés hacia Panamá. A diferencia de los usuales grupos religiosos extremistas o de los guerrilleros insurgentes que reconocemos como elementos del terrorismo, la verdad es que hay movimientos y células peligrosas de la derecha latinoamericana, en especial, ex agentes de la CIA, que trabajan como dobles agentes, sólo para sabotear los intereses de las naciones no afines a la política exterior norteamericana.
Se cree que unos 55 terroristas residentes en los Estados Unidos y Centroamérica, son potenciales elementos para realizar atentados violentos en la región. Cosa espeluznante, porque uno pensaba que los grupos fundamentalistas árabes, los terroristas de ETA y el IRA eran una cosa lejana, al otro lado del Atlántico. Por ello, urge la necesidad de reforzar nuestro servicio de seguridad nacional ante la amenaza de los grupos terroristas de todo tipo. La vecina Colombia es el clásico ejemplo que nos demuestra la vulnerabilidad del territorio panameño ante las incursiones agresivas procedentes de otros países.
Otro caso fue el no tan recordado atentado al avión ALAS, a mediados de la década de los noventa, cuando una veintena de ciudadanos israelíes perecieron en el incidente sobre la provincia de Colón, supuestamente en una explosión activada por un terrorista libanés suicida. Allí quedó el asunto y nada más se supo del tema.
La lección nos debe llevar a la reflexión de considerar que nuestro mundo es un lugar peligroso debido a la intolerancia política de algunos y el extremismo fanático de otros. Panamá no está inmune a los atentados terroristas y esperemos que la justicia caiga sobre los supuestos malhechores, en el caso que se compruebe la veracidad del intento de matar a panameños y extranjeros en la Cumbre Iberoamericana.