El futuro cercano del TLC
Ya está calentando motores lo que puede ser considerado como la última ronda de negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Las dos partes, tanto la panameña como la estadounidense, están ansiosas por sentarse a dar los toques definitivos a un convenio de comercio que promete ser provechoso para ambos países. A Panamá, le conviene por el tamaño del mercado que se abre a sus productos y servicios, y a los Estados Unidos, también por ser Panamá un punto estratégico sin parangón en esta parte del mundo.
Una vez los panameños decidimos ampliar y modernizar nuestro Canal, ganamos una carta que antes no teníamos en esta negociación. Tenemos que aprovecharla y saberla jugar. En este contexto, el poderío estadounidense, el tamaño de su economía y la diversidad de sus recursos no se ven tan agigantados ni tienen por qué amedrentar a los negociadores criollos.
Con el potencial del Canal ampliado, aunque sea en papel, el escenario cambió. Ya no estamos en las mismas condiciones que teníamos hace dos trimestres, cuando se suspendieron las conversaciones. Hoy somos otro país, con otras condiciones y ventajas.
Sin embargo, Estados Unidos también cambió. La fuerza republicana se modifica a partir de hoy en el Congreso. Según vaticinan todos los observadores y sus encuestas, los demócratas entrarán en multitud a ocupar los puestos que la guerra de Irak y tantas otras equivocaciones políticas le han quitado a los conservadores. El presidente George W. Bush perderá con esta situación ventaja y rapidez para que su órgano legislativo apruebe el acuerdo con Panamá. Este escenario debe ser tomado en cuenta por nuestros enviados, pues, además de hacer un buen tratado, tanto para Estados Unidos como para Panamá, luego hay que "venderlo" a los demócratas, quienes estarán ansiosos por desbancar cualquier iniciativa que venga de la ya debilitada Casa Blanca.
El reto es mayúsculo, pero también lo es la capacidad de nuestros negociadores. Creemos en su potencial y en su visión de país. Sabemos que nunca aprobarían un texto que sea perjudicial a cualquiera de las fuerzas económicas del país, pero eso no significa que no estaremos vigilantes de sus pasos. Con la fiscalización, se optimiza la gestión del administrador.
Una vez los panameños decidimos ampliar y modernizar nuestro Canal, ganamos una carta que antes no teníamos en esta negociación. Tenemos que aprovecharla y saberla jugar. En este contexto, el poderío estadounidense, el tamaño de su economía y la diversidad de sus recursos no se ven tan agigantados ni tienen por qué amedrentar a los negociadores criollos.
Con el potencial del Canal ampliado, aunque sea en papel, el escenario cambió. Ya no estamos en las mismas condiciones que teníamos hace dos trimestres, cuando se suspendieron las conversaciones. Hoy somos otro país, con otras condiciones y ventajas.
Sin embargo, Estados Unidos también cambió. La fuerza republicana se modifica a partir de hoy en el Congreso. Según vaticinan todos los observadores y sus encuestas, los demócratas entrarán en multitud a ocupar los puestos que la guerra de Irak y tantas otras equivocaciones políticas le han quitado a los conservadores. El presidente George W. Bush perderá con esta situación ventaja y rapidez para que su órgano legislativo apruebe el acuerdo con Panamá. Este escenario debe ser tomado en cuenta por nuestros enviados, pues, además de hacer un buen tratado, tanto para Estados Unidos como para Panamá, luego hay que "venderlo" a los demócratas, quienes estarán ansiosos por desbancar cualquier iniciativa que venga de la ya debilitada Casa Blanca.
El reto es mayúsculo, pero también lo es la capacidad de nuestros negociadores. Creemos en su potencial y en su visión de país. Sabemos que nunca aprobarían un texto que sea perjudicial a cualquiera de las fuerzas económicas del país, pero eso no significa que no estaremos vigilantes de sus pasos. Con la fiscalización, se optimiza la gestión del administrador.