El futuro de la modernización
Muchos analistas económicos se han preguntado por qué los gobernantes que implementaron una política de privatización y de apertura comercial en otros países latinoamericanos han recibido el apoyo popular para su reelección, mientras que en Panamá la historia ha sido diferente. Todo el mundo entiende que los resultados del reciente referéndum no solamente reflejan desde el punto de vista político el interés de la mayoría del pueblo panameño por evitar la permanencia del Presidente de la República más allá de un período, sino también desde el punto de vista económico el rechazo a medidas de cambio que este ha estado proponiendo.
Para los académicos de la economía el problema radica en que, mientras la mayoría
de los latinoamericanos han percibido el efecto beneficioso de la política de modernización en el dramático control de la inflación, los panameños que nunca han padecido de este mal de los estados con moneda propia, no consideran que había necesidad de cambios en el sistema. Más bien sienten un empeoramiento en las condiciones de empleo y un aumento de la pobreza sin recibir nada a cambio, colocando a la mayoría de la población como perdedores en la modernización.
A este hecho tendríamos que agregar que en nuestro país el gobierno no ha entendido la importancia de una gradualidad en el proceso de ajuste y de la implementación de un programa de reconversión que ayude al mismo. El fanatismo a ultranza de los defensores de políticas de choque económico o de religiosos seguidores de las bondades del libre mercado ha llevado la falsa impresión a la población de que esa es la única forma de insertarse en el nuevo orden económico internacional.
Además el anuncio de la propuesta panameña ha ido casi siempre acompañado de una antipática y en ocasiones irrespetuosa postura de prepotencia frente a importantes
sectores sociales que tienen una larga historia de contribución al desarrollo nacional. El reciente reclamo a los dirigentes de la Universidad fue una muestra de cómo el fondo de una sugerencia conveniente de renovación quedó invalidada por la forma displicente del mensaje.
Las consecuencias de estos hechos pueden tener graves consecuencias de cara al futuro. Algunos panameños ya no quieren saber de modernización y esconden su cabeza en la arena proponiendo descabelladas medidas de retroceso y no de avance.
Desconfiados e inseguros frente a una radical implementación de medidas impopulares mal diseñadas, vendidas y ejecutadas, pretenden refugiarse en un pasado que demostró no ofrecer alternativas de desarrollo.
Ahora más que nunca nos corresponde mirar hacia delante. Se nos presenta la oportunidad de plantear un debate serio de ideas sobre como enrumbar el camino con la participación de todos los panameños, y para ello debemos exigir de los partidos políticos la presentación de sus plataformas de gobierno y de los candidatos sus propuestas para lograr un auténtico desarrollo con justicia y paz.
Para los académicos de la economía el problema radica en que, mientras la mayoría
de los latinoamericanos han percibido el efecto beneficioso de la política de modernización en el dramático control de la inflación, los panameños que nunca han padecido de este mal de los estados con moneda propia, no consideran que había necesidad de cambios en el sistema. Más bien sienten un empeoramiento en las condiciones de empleo y un aumento de la pobreza sin recibir nada a cambio, colocando a la mayoría de la población como perdedores en la modernización.
A este hecho tendríamos que agregar que en nuestro país el gobierno no ha entendido la importancia de una gradualidad en el proceso de ajuste y de la implementación de un programa de reconversión que ayude al mismo. El fanatismo a ultranza de los defensores de políticas de choque económico o de religiosos seguidores de las bondades del libre mercado ha llevado la falsa impresión a la población de que esa es la única forma de insertarse en el nuevo orden económico internacional.
Además el anuncio de la propuesta panameña ha ido casi siempre acompañado de una antipática y en ocasiones irrespetuosa postura de prepotencia frente a importantes
sectores sociales que tienen una larga historia de contribución al desarrollo nacional. El reciente reclamo a los dirigentes de la Universidad fue una muestra de cómo el fondo de una sugerencia conveniente de renovación quedó invalidada por la forma displicente del mensaje.
Las consecuencias de estos hechos pueden tener graves consecuencias de cara al futuro. Algunos panameños ya no quieren saber de modernización y esconden su cabeza en la arena proponiendo descabelladas medidas de retroceso y no de avance.
Desconfiados e inseguros frente a una radical implementación de medidas impopulares mal diseñadas, vendidas y ejecutadas, pretenden refugiarse en un pasado que demostró no ofrecer alternativas de desarrollo.
Ahora más que nunca nos corresponde mirar hacia delante. Se nos presenta la oportunidad de plantear un debate serio de ideas sobre como enrumbar el camino con la participación de todos los panameños, y para ello debemos exigir de los partidos políticos la presentación de sus plataformas de gobierno y de los candidatos sus propuestas para lograr un auténtico desarrollo con justicia y paz.