El futuro del Canal
EL FUTURO del Canal se nos plantea como una decisión que debemos tomar los panameños y panameñas hoy en día. Hemos de hacerlo sin olvidar a los próceres y a las siguientes generaciones que nos legaron una herencia innegable de interrelación de nuestra independencia y nuestro Canal. También sin dejar de pensar en nuestros descendientes que nos reclamarían si falláramos en la tarea de hacer el buen gobierno que el país necesita para ahondar nuestro sentido de identidad y forjar un desarrollo humano al alcance de todos. Sería paradójico que el pueblo panameño que luchó durante 100 años por lograr que se reconociera su soberanía, ahora que la tiene en sus manos, no supiera qué hacer con ella.
Es importante que se dé un debate nacional sobre las alternativas del futuro del canal, tal que lo recomendó desde el año 2001 el grupo de 7 personas, 6 miembros de partidos y un independiente, en un documento que le presentamos al país "Aportes para un Consenso Nacional sobre el Futuro del Canal".
Debemos agradecerle al grupo encabezado por el Dr. Jorge Illueca, su contribución al debate que ahora se inicia.
Los dos partidos que integramos la Alianza Patria Nueva, hemos estado trabajando juntos, a pesar, de que fuimos acérrimos adversarios. Por ello podemos formular un llamado al país para forjar un consenso, lo más amplio posible, de fuerzas políticas y sociales que sirva de base al segundo siglo de nuestra vida como república independiente. Este consenso se ha iniciado con el entendimiento nacional, por difícil que haya sido, de reformar la Caja de Seguro Social y así salvarla gracias a una negociación política.
Este consenso debe fundamentar nuestro segundo siglo como república independiente. Tenemos ahora que tomar la decisión de ampliar nuestro Canal con un tercer juego de esclusas que le permita a un mayor número de barcos panamax atravesar el Canal, y también le permita a un número que sería creciente de barcos pospanamax a hacer otro tanto.
A veces se tiende a minimizar lo que representa el Canal para la marina mercante del mundo. Se afirma que el Canal sólo proporciona servicio al 4% del comercio marítimo mundial. Si concentráramos la atención en los buques cuyas rutas son relevantes para el tráfico de contenedores, el porcentaje al que le rinde servicio el Canal sería de más del 25%. En el caso de los barcos cuyas rutas son más relevantes para el transporte de granos, el porcentaje podría llegar a más del 65%. Se informa que en febrero del año 2006 la totalidad de buques portacontenedores pospanamax era de 405, y que en el 2011 sería de 667. Por Panamá pasarían por lo menos 4, 583, 838 contenedores (llamados TEUS, de 20 pies de largo por 8 pies de alto). Actualmente, cuando solo 292 buques portacontenedores operan en la ruta desde Asia hasta la Costa del Este de los Estados Unidos, pasando por Panamá, esta pequeña cantidad representa, sin embargo, el 40% de los ingresos del Canal.
Si a Panamá le diera por anunciar que no incrementará la capacidad de su Canal y que, por lo contrario, construirá un Megapuerto, podemos estar seguros, que el mundo de la marina mercante comenzaría a pensar inmediatamente en términos críticos y hasta negativos con respecto al potencial de nuestro Canal como alternativa para transportar importantes cargas comerciales. En tales circunstancias, no sería sorprendente que algunos de los países que en el pasado han expresado interés en la construcción de un Canal, ya sea líquido o seco, intentaran ahora hacerlo. No lo han hecho en buena parte por la ventaja de Panamá con sus 92 años de transporte marítimo interoceánico seguro, ininterrumpido y económicamente competitivo, a pesar de dos guerras mundiales, de la guerra fría (1947-1991), y de innumerables revoluciones en el entorno.
Internamente una decisión semejante tendría un efecto depresivo sobre la actitud de muchos panameños que hasta ahora ha sido cautelosa y recelosa, pero no sin una pequeña dosis de esperanza en lo que sería el Canal ampliado bajo nuestro propio control. Externamente, sería de temer una actitud aún más dura de parte de las instituciones financieras y de las entidades de estudios que evalúan lo que se llama el riesgo del país. Y esto estaría ocurriendo en un momento en que la desconfianza que nos había afectado durante los últimos 10 años comienza a superarse y se siente un cambio favorable de percepción con respecto a Panamá.
Se ha mencionado la posibilidad de sustituir la ampliación del Canal por un Megapuerto y otras obras de índole social. Pero no se toma en cuenta que lo que se llama el "Excedente Canalero", aproximadamente $6, 000, 000, 000 que se utilizarían progresivamente en el curso de los próximos 8 a 10 años, para construir el tercer juego de esclusas, no es una suma de dinero acumulada y depositada en espera de ser utilizada para la ampliación del Canal. Es una cifra realista de lo que el Canal, en la medida en que entre a su nueva etapa, puede producir para Panamá y para los panameños. De modo que si se cierra la posibilidad de esta ampliación no se puede contar con ese mismo dinero. La dramática deuda social que el Estado panameño tiene con la población más pobre y marginada, probablemente no sería saldada si rechazamos la ampliación del Canal. Mucha más posibilidad tiene el pueblo panameño de que se le pague la deuda social si construimos el tercer juego de esclusas, aumentamos la capacidad del Canal, hacemos que este nos produzca más riqueza y nos beneficiamos del aumento general de la actividad económica que semejante decisión produciría. La ampliación sería con fondos adicionales que la ACP ganaría más allá de la cifra antes mencionada, en razón de los cambios que introduciría la ampliación del Canal.
Uno de los participantes en el debate ha planteado que el Presidente no participe en la campaña que se realizaría por los partidarios del "Sí", en el referéndum que se celebrará, sugiriendo que habría algo impropio. Desconoce u olvida el vocero de este grupo, que el Tribunal Electoral, cuando reglamentó el referéndum de mayo de 1998, estableció que el Presidente y las otras autoridades electas pueden opinar a favor o en contra de las reformas. (Artículo 3 del Decreto 27 del 6 de julio de 1992).
Por lo tanto, el Tribunal ya ha decidido que el Presidente puede trabajar activamente para impulsar el voto por el "Sí". Esto es tanto o más aplicable al referéndum que tendremos sobre el Canal que al que tuvimos anteriormente sobre los períodos presidenciales, porque la decisión del Canal es de acuerdo con nuestra Constitución, la decisión que requiere más participación de autoridades y del electorado.
En 1961 el Presidente Roberto F. Chiari envió a su hermano, Don Ricardo Chiari, a entregarle personalmente una carta al Presidente Kennedy, en la cual el Presidente Chiari planteaba la necesidad no de revisar el Convenio de 1903, sino de suplantarlo. El Presidente Kennedy le preguntó entonces a Don Ricardo, cuáles eran las razones que tenía el pueblo panameño para desear dicha sustitución. Don Ricardo a nombre del Presidente Roberto F. Chiari respondió escuetamente: "La soberanía, la perpetuidad y la necesidad de explotar sus recursos, el principal, el Canal mismo" (Omar Jaén Suárez, Las Negociaciones sobre el Canal de Panamá, 1964-1970, p. 103).
¿Responderemos los panameños de hoy, en el referéndum con las firmes convicciones que orientaron al Presidente Chiari, cuando rompió relaciones con Estados Unidos en 1964? Si así fuera debemos responder "Sí" en el referéndum. Si no lo hacemos quedaremos bajo el lema "Pro Mundi Beneficio", y no podríamos transformarlo en el nuevo lema que desearíamos "Pro Nostro Beneficio, Per Mundi Beneficium" (Para Nuestro Beneficio, Por el Beneficio del Mundo). ariyan@sinfo.net
Es importante que se dé un debate nacional sobre las alternativas del futuro del canal, tal que lo recomendó desde el año 2001 el grupo de 7 personas, 6 miembros de partidos y un independiente, en un documento que le presentamos al país "Aportes para un Consenso Nacional sobre el Futuro del Canal".
Debemos agradecerle al grupo encabezado por el Dr. Jorge Illueca, su contribución al debate que ahora se inicia.
Los dos partidos que integramos la Alianza Patria Nueva, hemos estado trabajando juntos, a pesar, de que fuimos acérrimos adversarios. Por ello podemos formular un llamado al país para forjar un consenso, lo más amplio posible, de fuerzas políticas y sociales que sirva de base al segundo siglo de nuestra vida como república independiente. Este consenso se ha iniciado con el entendimiento nacional, por difícil que haya sido, de reformar la Caja de Seguro Social y así salvarla gracias a una negociación política.
Este consenso debe fundamentar nuestro segundo siglo como república independiente. Tenemos ahora que tomar la decisión de ampliar nuestro Canal con un tercer juego de esclusas que le permita a un mayor número de barcos panamax atravesar el Canal, y también le permita a un número que sería creciente de barcos pospanamax a hacer otro tanto.
A veces se tiende a minimizar lo que representa el Canal para la marina mercante del mundo. Se afirma que el Canal sólo proporciona servicio al 4% del comercio marítimo mundial. Si concentráramos la atención en los buques cuyas rutas son relevantes para el tráfico de contenedores, el porcentaje al que le rinde servicio el Canal sería de más del 25%. En el caso de los barcos cuyas rutas son más relevantes para el transporte de granos, el porcentaje podría llegar a más del 65%. Se informa que en febrero del año 2006 la totalidad de buques portacontenedores pospanamax era de 405, y que en el 2011 sería de 667. Por Panamá pasarían por lo menos 4, 583, 838 contenedores (llamados TEUS, de 20 pies de largo por 8 pies de alto). Actualmente, cuando solo 292 buques portacontenedores operan en la ruta desde Asia hasta la Costa del Este de los Estados Unidos, pasando por Panamá, esta pequeña cantidad representa, sin embargo, el 40% de los ingresos del Canal.
Si a Panamá le diera por anunciar que no incrementará la capacidad de su Canal y que, por lo contrario, construirá un Megapuerto, podemos estar seguros, que el mundo de la marina mercante comenzaría a pensar inmediatamente en términos críticos y hasta negativos con respecto al potencial de nuestro Canal como alternativa para transportar importantes cargas comerciales. En tales circunstancias, no sería sorprendente que algunos de los países que en el pasado han expresado interés en la construcción de un Canal, ya sea líquido o seco, intentaran ahora hacerlo. No lo han hecho en buena parte por la ventaja de Panamá con sus 92 años de transporte marítimo interoceánico seguro, ininterrumpido y económicamente competitivo, a pesar de dos guerras mundiales, de la guerra fría (1947-1991), y de innumerables revoluciones en el entorno.
Internamente una decisión semejante tendría un efecto depresivo sobre la actitud de muchos panameños que hasta ahora ha sido cautelosa y recelosa, pero no sin una pequeña dosis de esperanza en lo que sería el Canal ampliado bajo nuestro propio control. Externamente, sería de temer una actitud aún más dura de parte de las instituciones financieras y de las entidades de estudios que evalúan lo que se llama el riesgo del país. Y esto estaría ocurriendo en un momento en que la desconfianza que nos había afectado durante los últimos 10 años comienza a superarse y se siente un cambio favorable de percepción con respecto a Panamá.
Se ha mencionado la posibilidad de sustituir la ampliación del Canal por un Megapuerto y otras obras de índole social. Pero no se toma en cuenta que lo que se llama el "Excedente Canalero", aproximadamente $6, 000, 000, 000 que se utilizarían progresivamente en el curso de los próximos 8 a 10 años, para construir el tercer juego de esclusas, no es una suma de dinero acumulada y depositada en espera de ser utilizada para la ampliación del Canal. Es una cifra realista de lo que el Canal, en la medida en que entre a su nueva etapa, puede producir para Panamá y para los panameños. De modo que si se cierra la posibilidad de esta ampliación no se puede contar con ese mismo dinero. La dramática deuda social que el Estado panameño tiene con la población más pobre y marginada, probablemente no sería saldada si rechazamos la ampliación del Canal. Mucha más posibilidad tiene el pueblo panameño de que se le pague la deuda social si construimos el tercer juego de esclusas, aumentamos la capacidad del Canal, hacemos que este nos produzca más riqueza y nos beneficiamos del aumento general de la actividad económica que semejante decisión produciría. La ampliación sería con fondos adicionales que la ACP ganaría más allá de la cifra antes mencionada, en razón de los cambios que introduciría la ampliación del Canal.
Uno de los participantes en el debate ha planteado que el Presidente no participe en la campaña que se realizaría por los partidarios del "Sí", en el referéndum que se celebrará, sugiriendo que habría algo impropio. Desconoce u olvida el vocero de este grupo, que el Tribunal Electoral, cuando reglamentó el referéndum de mayo de 1998, estableció que el Presidente y las otras autoridades electas pueden opinar a favor o en contra de las reformas. (Artículo 3 del Decreto 27 del 6 de julio de 1992).
Por lo tanto, el Tribunal ya ha decidido que el Presidente puede trabajar activamente para impulsar el voto por el "Sí". Esto es tanto o más aplicable al referéndum que tendremos sobre el Canal que al que tuvimos anteriormente sobre los períodos presidenciales, porque la decisión del Canal es de acuerdo con nuestra Constitución, la decisión que requiere más participación de autoridades y del electorado.
En 1961 el Presidente Roberto F. Chiari envió a su hermano, Don Ricardo Chiari, a entregarle personalmente una carta al Presidente Kennedy, en la cual el Presidente Chiari planteaba la necesidad no de revisar el Convenio de 1903, sino de suplantarlo. El Presidente Kennedy le preguntó entonces a Don Ricardo, cuáles eran las razones que tenía el pueblo panameño para desear dicha sustitución. Don Ricardo a nombre del Presidente Roberto F. Chiari respondió escuetamente: "La soberanía, la perpetuidad y la necesidad de explotar sus recursos, el principal, el Canal mismo" (Omar Jaén Suárez, Las Negociaciones sobre el Canal de Panamá, 1964-1970, p. 103).
¿Responderemos los panameños de hoy, en el referéndum con las firmes convicciones que orientaron al Presidente Chiari, cuando rompió relaciones con Estados Unidos en 1964? Si así fuera debemos responder "Sí" en el referéndum. Si no lo hacemos quedaremos bajo el lema "Pro Mundi Beneficio", y no podríamos transformarlo en el nuevo lema que desearíamos "Pro Nostro Beneficio, Per Mundi Beneficium" (Para Nuestro Beneficio, Por el Beneficio del Mundo). ariyan@sinfo.net