El futuro del estudiante panameño
En Panamá se está dando, en materia educativa, no el fenómeno de la preparación integral y humanística del niño, sino más bien un torrencial de críticas públicas relacionadas con una serie de reformas al sistema actual de la educación. Lo más loable es que todo esto se hace en nuestro país sin levantamientos violentos como ocurrió y está ocurriendo en otros continentes.
La educación panameña ha ido languideciendo en las últimas cuatro décadas debido, fundamentalmente, a la ineficacia de las metodologías y a los sistemas obsoletos que las autoridades del ramo se han empecinado en poner en práctica. Esto no es todo. Debemos agregar la incapacidad para invertir de modo adecuado y ordenado los capitales que año tras año son destinados para tales fines.
Depende de nosotros, -sostiene Robert Dottrens ("Hay que cambiar de educación"), padre, educadores, adultos, que (la educación) germine para nuestros hijos en terrenos mejor preparados que aquéllos en que nosotros le hemos dejado vegetar. Hay que enseñar, pues, a los alumnos a pensar. Pero es imposible aprender a pensar bajo un régimen de autoridad. Pensar es buscar por sí mismo. El pensamiento supone el libre juego de las funciones mentales, y no el trabajo intelectual obligado o reducido a la repetición verbal.
Digamos que Panamá, país del tercer mundo, no provee a los estudiantes de artes y oficios una educación tecnológica suficiente, eficiente y avanzada; en este respecto, los educandos reciben una enseñanza que se mantiene estática en programas enclavados en las décadas de los "50, "60 y "70; en otros términos, los talleres y aulas de clases se mantienen en un estado deplorable por falta de elementos logísticos, de maquinarias y herramientas especializadas, utilizadas en países vecinos, en donde los estudiantes salen preparados para prestar un servicio eficiente en las grandes industrias.
Esto es una realidad cuando nos referimos a escuelas de artes y oficios con educadores altamente especializados, es decir, que provienen de países industrializados, luego de que sus respectivos gobiernos han sufragado todos sus gastos de entrenamiento en centros de alta tecnología.
Contrariamente en Panamá, los centros industriales, bancarios y comerciales rechazan a la mayoría de los estudiantes que provienen de colegios públicos; tal situación obedece al hecho de que ellos no están debidamente preparados para ocupar determinados puestos de trabajo, en otras palabras, están destinados a engrosar la fila, cada vez más larga, de ciudadanos en paro forzoso, del desempleo.
Es preciso señalar que en la Universidad de Panamá se ha establecido la carrera de diplomacia, no obstante, la mayoría de los egresados de tal escuela, esto es, el 84.2 por ciento están en paro forzoso, no ejercen la profesión para la cual fueron preparados. También tal situación se debe a que los puestos de las embajadas de Panamá están siendo ocupados por personas que pertenecen al partido gobernante, por los gobernantes de turno y sus familiares, y, por qué no decirlo, que esta situación se da en todas las disciplinas y profesiones.
En nuestro país, -tal como lo expresa Juan Mantovani ("Bachillerato y Formación Juvenil")-, no se tiene una conciencia suficientemente clara y firme sobre el significado y alcance de la enseñanza secundaria. Además, se nota en la ausencia de una vida ideal en la mayor parte de la juventud y en la pobreza de cultura de muchos de nuestros profesionales.
Esto no es todo. Hemos observado que en las propuestas de reformas a la educación, por un lado, todos los estamentos vinculados al proceso educativo "luchan " por obtener la mayor cantidad de capitales del llamado Seguro Educativo; no obstante, ninguno de tales entes se ha preocupado por invertir más dinero en el mejoramiento físico y logístico de las escuelas públicas. Por otro lado, y siguiendo la misma línea argumental, las autoridades educativas han presentado ante la Asamblea Legislativa un documento preñado de ambigüedades y de rejuego semántico; de esta manera, tales autoridades pretenden hacer cambios en las denominaciones de los diversos niveles, tanto primarios como secundarios, sin importarles con las necesidades esenciales de los educandos.
Si bien es cierto que existen preocupaciones por mejorar la educación, también es cierto que el problema quedará intacto, sin resolverse, si demostramos temores por atacar los males de la educación desde sus más profundas raíces. Lo esencial es cerrar filas en la defensa espiritual de la Nación, de forjar una unidad de criterios sobre la base de la participación de todas las mentes e inteligencias a nivel nacional. Esta no es una empresa que incumbe solamente a las actuales autoridades del ramo, son deberes y derechos que atañen a todos los ciudadanos capacitados de Panamá.
En 1923 fundó el Partido Nacional Feminista; partido que luchó durante dos décadas por la igualdad legal y política de las mujeres y por su emancipación social, cultural y económica. Fue gracias al gran trabajo realizado por Clara y las mujeres que la acompañaron, que en 1946 la panameñas obtuvieron parcialmente el voto y la igualdad de derechos políticos. También en 1923 esta mujer, junto a sus compañeras del Partido Nacional Feminista, fundó la Escuela de Cultura Femenina, el primer centro de esta naturaleza para mujeres que existió hasta 1930.
En 1927, obtuvo una beca y viajó a Estados Unidos para proseguir estudios de postgrado en la Universidad de Nueva York y en 1929 obtuvo el diploma de doctora en leyes, siendo la primera mujer en Latinoamérica en ostentar tal título.
En 1940, se casó con un ingeniero norteamericano, Charles Behringer, quien laboraba en la Zona del Canal y aunque no tuvo descendencia con él, su cariño de madre lo volcó sobre sus sobrinos y sobrinas.
En julio de 1942, Clara colaboró en la redacción de un Decreto, que creó el Instituto de Vigilancia y Protección del Niño, el Departamento de Corrección y una Clínica Psiquiátrica Móvil. También ese año, el gobierno la envió a Estados Unidos, como integrante de una comisión, a cursar estudios sobre delincuencia juvenil, sobre instituciones de menores y sobre régimen penitenciario y a su regreso al país, fue designada Comisionada General del Instituto del Niño.
El 31 de diciembre 1944, fundó el Partido "Unión Nacional de Mujeres", teniendo destacadas dirigentes como Josefina Oller, Guillermina de Casco Díaz, Magdalena de Briceño, Stella Sierra, Gumercinda Páez y otras; establecieron escuelas de ciudadanía y centros populares de cultura en diversos barrios y además lucharon por el pleno derecho de las mujeres al sufragio, lo que finalmente lograron en 1946 cuando se promulgó la nueva Constitución panameña.
En 1945 Clara González fue postulada por el Partido Liberal Renovador, como candidata a diputada de la Asamblea Constituyente. De 1945 a 1946, doña Clara ejerció el cargo de Viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, convirtiéndose en una de las primeras abogadas en ocupar un alto cargo en el gobierno. En las elecciones presidenciales del año 1948, Clara fue candidata a la segunda Vicepresidencia de la República por el Partido Liberal Renovador.
En 1951 presentó la ley que dio lugar a la creación del Tribunal Tutelar de Menores y fue elegida por la Corte Suprema de Justicia, como la primera Jueza de Menores, ejerciendo dicho cargo durante 13 años. Bajo su dirección se organizó esta entidad, la que lleva su nombre; institución en la que realizó una extraordinaria y fructífera labor social.
De 1931 a 1959, fue representante destacada de diversas organizaciones internacionales y participó en un gran número de congresos mundiales de la Federación de Abogadas, del Consejo Nacional del Crimen y de la Delincuencia de Estados Unidos, de los Congresos Panamericanos del Niño y de Asistencia social. Fue también fundadora de otras asociaciones de mujeres, como el Club de Mujeres Soroptimistas y la Unión Nacional de Mujeres Universitarias y fue objeto de numerosas distinciones, honores y premios en el ámbito nacional e internacional.
Dentro de su trayectoria tiene también, el ser la primera representante panameña en la Comisión Interamericana de Mujeres de 1929 a 1936; el haber colaborado en la creación de la Caja de Ahorros y en la organización del sistema penitenciario panameño.
Entre las publicaciones de Clara destacan de 1923 a 1927, diversos artículos en la revista Orientación Femenina; El Programa del Pensum Académico de la Escuela de Cultura Femenina (1924), muestra su influencia de avanzada. En 1926 escribió "La instrucción cívica en las escuelas secundarias de Panamá"; en 1930, "Las cortes juveniles y el sistema de libertad vigilada"; en 1956 "La reforma penitenciaria". Se jubiló en el año de 1964 retirándose de la vida pública y murió el 11 de febrero de 1990, a la avanzada edad de 89 años.
La educación panameña ha ido languideciendo en las últimas cuatro décadas debido, fundamentalmente, a la ineficacia de las metodologías y a los sistemas obsoletos que las autoridades del ramo se han empecinado en poner en práctica. Esto no es todo. Debemos agregar la incapacidad para invertir de modo adecuado y ordenado los capitales que año tras año son destinados para tales fines.
Depende de nosotros, -sostiene Robert Dottrens ("Hay que cambiar de educación"), padre, educadores, adultos, que (la educación) germine para nuestros hijos en terrenos mejor preparados que aquéllos en que nosotros le hemos dejado vegetar. Hay que enseñar, pues, a los alumnos a pensar. Pero es imposible aprender a pensar bajo un régimen de autoridad. Pensar es buscar por sí mismo. El pensamiento supone el libre juego de las funciones mentales, y no el trabajo intelectual obligado o reducido a la repetición verbal.
Digamos que Panamá, país del tercer mundo, no provee a los estudiantes de artes y oficios una educación tecnológica suficiente, eficiente y avanzada; en este respecto, los educandos reciben una enseñanza que se mantiene estática en programas enclavados en las décadas de los "50, "60 y "70; en otros términos, los talleres y aulas de clases se mantienen en un estado deplorable por falta de elementos logísticos, de maquinarias y herramientas especializadas, utilizadas en países vecinos, en donde los estudiantes salen preparados para prestar un servicio eficiente en las grandes industrias.
Esto es una realidad cuando nos referimos a escuelas de artes y oficios con educadores altamente especializados, es decir, que provienen de países industrializados, luego de que sus respectivos gobiernos han sufragado todos sus gastos de entrenamiento en centros de alta tecnología.
Contrariamente en Panamá, los centros industriales, bancarios y comerciales rechazan a la mayoría de los estudiantes que provienen de colegios públicos; tal situación obedece al hecho de que ellos no están debidamente preparados para ocupar determinados puestos de trabajo, en otras palabras, están destinados a engrosar la fila, cada vez más larga, de ciudadanos en paro forzoso, del desempleo.
Es preciso señalar que en la Universidad de Panamá se ha establecido la carrera de diplomacia, no obstante, la mayoría de los egresados de tal escuela, esto es, el 84.2 por ciento están en paro forzoso, no ejercen la profesión para la cual fueron preparados. También tal situación se debe a que los puestos de las embajadas de Panamá están siendo ocupados por personas que pertenecen al partido gobernante, por los gobernantes de turno y sus familiares, y, por qué no decirlo, que esta situación se da en todas las disciplinas y profesiones.
En nuestro país, -tal como lo expresa Juan Mantovani ("Bachillerato y Formación Juvenil")-, no se tiene una conciencia suficientemente clara y firme sobre el significado y alcance de la enseñanza secundaria. Además, se nota en la ausencia de una vida ideal en la mayor parte de la juventud y en la pobreza de cultura de muchos de nuestros profesionales.
Esto no es todo. Hemos observado que en las propuestas de reformas a la educación, por un lado, todos los estamentos vinculados al proceso educativo "luchan " por obtener la mayor cantidad de capitales del llamado Seguro Educativo; no obstante, ninguno de tales entes se ha preocupado por invertir más dinero en el mejoramiento físico y logístico de las escuelas públicas. Por otro lado, y siguiendo la misma línea argumental, las autoridades educativas han presentado ante la Asamblea Legislativa un documento preñado de ambigüedades y de rejuego semántico; de esta manera, tales autoridades pretenden hacer cambios en las denominaciones de los diversos niveles, tanto primarios como secundarios, sin importarles con las necesidades esenciales de los educandos.
Si bien es cierto que existen preocupaciones por mejorar la educación, también es cierto que el problema quedará intacto, sin resolverse, si demostramos temores por atacar los males de la educación desde sus más profundas raíces. Lo esencial es cerrar filas en la defensa espiritual de la Nación, de forjar una unidad de criterios sobre la base de la participación de todas las mentes e inteligencias a nivel nacional. Esta no es una empresa que incumbe solamente a las actuales autoridades del ramo, son deberes y derechos que atañen a todos los ciudadanos capacitados de Panamá.
En 1923 fundó el Partido Nacional Feminista; partido que luchó durante dos décadas por la igualdad legal y política de las mujeres y por su emancipación social, cultural y económica. Fue gracias al gran trabajo realizado por Clara y las mujeres que la acompañaron, que en 1946 la panameñas obtuvieron parcialmente el voto y la igualdad de derechos políticos. También en 1923 esta mujer, junto a sus compañeras del Partido Nacional Feminista, fundó la Escuela de Cultura Femenina, el primer centro de esta naturaleza para mujeres que existió hasta 1930.
En 1927, obtuvo una beca y viajó a Estados Unidos para proseguir estudios de postgrado en la Universidad de Nueva York y en 1929 obtuvo el diploma de doctora en leyes, siendo la primera mujer en Latinoamérica en ostentar tal título.
En 1940, se casó con un ingeniero norteamericano, Charles Behringer, quien laboraba en la Zona del Canal y aunque no tuvo descendencia con él, su cariño de madre lo volcó sobre sus sobrinos y sobrinas.
En julio de 1942, Clara colaboró en la redacción de un Decreto, que creó el Instituto de Vigilancia y Protección del Niño, el Departamento de Corrección y una Clínica Psiquiátrica Móvil. También ese año, el gobierno la envió a Estados Unidos, como integrante de una comisión, a cursar estudios sobre delincuencia juvenil, sobre instituciones de menores y sobre régimen penitenciario y a su regreso al país, fue designada Comisionada General del Instituto del Niño.
El 31 de diciembre 1944, fundó el Partido "Unión Nacional de Mujeres", teniendo destacadas dirigentes como Josefina Oller, Guillermina de Casco Díaz, Magdalena de Briceño, Stella Sierra, Gumercinda Páez y otras; establecieron escuelas de ciudadanía y centros populares de cultura en diversos barrios y además lucharon por el pleno derecho de las mujeres al sufragio, lo que finalmente lograron en 1946 cuando se promulgó la nueva Constitución panameña.
En 1945 Clara González fue postulada por el Partido Liberal Renovador, como candidata a diputada de la Asamblea Constituyente. De 1945 a 1946, doña Clara ejerció el cargo de Viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, convirtiéndose en una de las primeras abogadas en ocupar un alto cargo en el gobierno. En las elecciones presidenciales del año 1948, Clara fue candidata a la segunda Vicepresidencia de la República por el Partido Liberal Renovador.
En 1951 presentó la ley que dio lugar a la creación del Tribunal Tutelar de Menores y fue elegida por la Corte Suprema de Justicia, como la primera Jueza de Menores, ejerciendo dicho cargo durante 13 años. Bajo su dirección se organizó esta entidad, la que lleva su nombre; institución en la que realizó una extraordinaria y fructífera labor social.
De 1931 a 1959, fue representante destacada de diversas organizaciones internacionales y participó en un gran número de congresos mundiales de la Federación de Abogadas, del Consejo Nacional del Crimen y de la Delincuencia de Estados Unidos, de los Congresos Panamericanos del Niño y de Asistencia social. Fue también fundadora de otras asociaciones de mujeres, como el Club de Mujeres Soroptimistas y la Unión Nacional de Mujeres Universitarias y fue objeto de numerosas distinciones, honores y premios en el ámbito nacional e internacional.
Dentro de su trayectoria tiene también, el ser la primera representante panameña en la Comisión Interamericana de Mujeres de 1929 a 1936; el haber colaborado en la creación de la Caja de Ahorros y en la organización del sistema penitenciario panameño.
Entre las publicaciones de Clara destacan de 1923 a 1927, diversos artículos en la revista Orientación Femenina; El Programa del Pensum Académico de la Escuela de Cultura Femenina (1924), muestra su influencia de avanzada. En 1926 escribió "La instrucción cívica en las escuelas secundarias de Panamá"; en 1930, "Las cortes juveniles y el sistema de libertad vigilada"; en 1956 "La reforma penitenciaria". Se jubiló en el año de 1964 retirándose de la vida pública y murió el 11 de febrero de 1990, a la avanzada edad de 89 años.