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El Gobierno y el escuelón


“ Academic Ranking of World Universities” de la universidad china Shanghai Jiao Tong fundamenta su clasificación de las mejores universidades del mundo, en la calidad y reconocimiento internacional de profesores y egresados, en investigaciones originales, además de publicaciones y citas científicas. En el 2009 reconoció entre las 500 mejores universidades del mundo, 6 de Brasil, 2 de Chile, una de México y una de Argentina. Este debe ser el estándar o referente de la Universidad de Panamá.

En 1960 la Universidad de Panamá ya tenía numerosos profesores de la talla del parasitólogo Octavio Sousa, Ph. D., quien a los pocos años publicó originales investigaciones que le merecieron prestigio internacional. A espaldas del fomento de esta tradición y 50 años después, el rector de la Universidad de Panamá le reiteró al país, la semana pasada, que para ser profesor de esa institución el requisito mínimo es una maestría y docencia superior (para enseñar en el escuelón). Gastamos 160 millones de balboas anuales de nuestros tributos para mantener un símil de colegio comunitario salpicado de una minoría de genuinos investigadores. La producción de antídotos antiofídicos y la labor del laboratorio de análisis, anunciados con entusiasmo por Don Gustavo, son servicios comunes dentro y fuera de las universidades y, en casos aislados, sus colaboradores dan origen a genuinas investigaciones.

La Asamblea Legislativa tiene que procurar una ley orgánica nueva que, entre otras directrices, permita cambiar el método de escogencia del rector para que un científico notable y visionario dirija y supere a esa institución. Los cursos para formar técnicos, licenciados y magísters pueden alcanzarse con menos fondos. Hay que dedicar una parte substancial del presupuesto a la investigación original y a fomentar el pensamiento crítico. Usar tanto dinero para pagar “catedráticos” repetidores de panfletos y del pensamiento ajeno, manipular conciencias y perseguir opositores (inclusive periódicos que critican constructivamente como el Panamá América), es criminal. Otra solución sería una consulta popular sobre la necesidad de una nueva ley orgánica universitaria.

Dice el presidente Ricardo Martinelli que seremos el Singapur o el Dubai de América Latina. A Don Ricardo le falta penetrar la esencia de la rápida evolución de las universidades del sudeste asiático para darse cuenta de la ignorancia que envuelve su bien intencionado sueño. Desde 1964 hemos criticado persistentemente el rumbo torcido de la Universidad de Panamá y hoy todo es peor que en mis días de estudiante, previo a mi especialización en Suecia y los Estados Unidos. La Universidad de Panamá se ha degradado hasta convertirse en un escuelón post educación media. ¡Que el “cambio” llegue a la universidad que paga el pueblo, de cara al genuino desarrollo de Panamá!

101 años de Panamá América

 
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