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El gran ausente


Con motivo de la publicación de reciente escrito que intitulamos "Para meditar", recibimos muchos comentarios favorables. En él destacamos mensajes de gran contenido espiritual que siempre necesitamos, sobre todo, para revivir nuestra fe en estos momentos en que la humanidad se debate en una permanente y absurda competencia por el vil metal.
Todos los años, para esta época, procuramos traer a nuestros lectores narraciones reflexivas que destacan el espíritu Navideño, el nacimiento de Jesús, a quien la humanidad, desafortunadamente, cada vez relega más. He aquí el primero de ellos: Tuve un sueño, decía María a José, y realmente no lo puedo comprender, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro hijo.
La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación, decoraban las casas, compraban ropa nueva, salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos.
Era un tanto extraño, ya que los regalos no eran para nuestro hijo; los envolvían en vistosos papeles y los ataban con preciosos lazos, y todo lo colocaban debajo de un árbol. Si, un árbol José, adentro de sus casas; esta gente había decorado el árbol y las ramas estaban llenas de adornos brillantes y había una figura en lo alto del árbol, me parecía que era un ángel, era realmente hermoso.
Luego vi una mesa espléndidamente servida, con platillos deliciosos, y muchos vinos, todo se veía exquisito y todos estaban contentos, pero no estábamos invitados. Toda la gente se veía feliz, sonriente y emocionada por lo regalos que se intercambiaban unos con otros, pero, sabes, José?, no quedaba ningún regalo para nuestro hijo; me daba la impresión de que nadie lo conocía, porque nunca mencionaron su nombre.
No te parece extraño, que la gente trabaje y gaste tanto en los preparativos, para celebrar el cumpleaños de alguien a quien ni siquiera mencionan y que da la impresión de que no lo conocen?
Tuve la extraña sensación, de que si nuestro hijo hubiera entrado a esos hogares, para la celebración, hubiera sido solamente un intruso. Todo se veía tan hermoso y la gente se veía feliz, pero yo sentía enormes deseos de llorar, porque nuestro hijo era ignorado por casi toda esa gente que lo celebraba.
Qué tristeza para Jesús, no ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños. Estoy contenta, porque sólo fue un sueño, pero qué terrible sería si esto se convirtiera en realidad. Ojalá esta situación no se dé en su hogar en esta Navidad, apreciado lector. Saque fotocopia de este escrito y distribúyalo entre las personas de su aprecio para que todos tengamos unas Navidades verdaderamente cristianas y donde el principal invitado en nuestros hogares sea Jesús.
En adición traemos a la consideración de los lectores una de las tantas diferencias entre Santa y Jesús, aunque obviamente jamás puede haber una comparación real. Santa vive en el Polo Norte, mientras que Jesús está en todas partes. Santa se pasea en trineo, mientras Jesús se pasea por el viento y camina sobre las aguas.
Santa viene una vez al año, mientras que Jesús es una ayuda siempre presente. Santa llena tus calcetines con regalitos, mientras que Jesús suple todas tus necesidades. Santa baja por tu chimenea sin invitación, mientras que Jesús se detiene en tu puerta y toca, después entra a tu corazón cuando tú lo invitas. Para ver a Santa tienes que hacer fila, mientras que Jesús está tan cerca como el hecho de mencionar su nombre.
Santa te deja sentarte en sus piernas mientras que Jesús te deja descansar en sus brazos. Santa no se sabe tu nombre, todo lo que puede decir es "Hola pequeño, cómo te llamas?", mientras que Jesús sabe tu nombre desde antes de que nacieras. No sólo sabe tu nombre, también sabe tu dirección. El sabe tu historia y tu futuro.
Santa tiene una barriga que parece llena de mermelada, mientras que Jesús tiene un corazón lleno de amor.
Todo lo que Santa puede ofrecer es Ho Ho Ho, mientras que Jesús ofrece salud, ayuda, esperanza.
Santa dice "No llores ", mientras que Jesús dice "Descansen sus preocupaciones en mí, que yo cuidare de ustedes. "Los pequeños ayudantes de Santa hacen juguetes, mientras que Jesús hace nueva vida, repara corazones lastimados y arregla hogares rotos. Santa puede hacerte sonreír, mientras que Jesús te da la alegría que es tu fuerza.
Santa deja regalos debajo de tu árbol mientras que Jesús fue nuestro regalo y murió en un árbol. Necesitamos recordar a quién verdaderamente le da sentido a la Navidad. Necesitamos poner a Jesús de regreso en Navidad. Jesús es la verdadera razón de ser de esta época feliz.

101 años de Panamá América

 
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