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El Gran Pastor


Con este título la prensa escrita se hizo eco del deceso del cuadragésimo cuarto obispo y quinto arzobispo de nuestro Episcopologio Panameño Católico, Su Excelencia Marcos Gregorio McGrath Renauld, Congregationis Sanctae Crucis (CSC). Sus restos mortales de 76 años de existencia fueron inhumados en la Catedral Metropolitana contiguo a los de Monseñor Clavel Méndez. Aunque prevista a la dolorosa transición del Prelado, dado su precario estado de salud, y gracias a la esmerada y escrupulosa atención brindada durante este cuatrienio, que prolongó su desgastada existencia, no dejó de sorprender la noticia del 4 de agosto de este año jubilar 2000. El lunes 7 trasladado su cuerpo al templo de Nuestra Señora de Lourdes, luego de breve ceremonia exequial en un vehículo del benemérito Cuerpo de Bomberos, con el que estilamos los panameños conferirle solemnidad cuando se trata de un personaje de ejecutorias notables, se organizó un sencillo paseo fúnebre a lo largo de la Vía España, en cuyas aceras pequeñas grupos de devotos panameños se hacían la señal de la cruz, mientras otros musitaban su oración personal.
Las campanas de la parroquia Nuestra Señora de El Carmen doblaron anunciando el duelo de la cristiandad local. Asimismo en la Basílica Menor Don Bosco se detuvo el cortejo, mientras su párroco con el acetre roció el féretro salmodiando preces de resurrección hasta culminar en nuestra Catedral Metropolitana en donde el duelo progresivo se hizo sentir en los rostros de un número plural de sacerdotes panameños ordenados por Monseñor McGrath y en los cuales depositó su confianza de la realización de los grandes planes de pastoral y de evangelización de la mies del Señor en la capital.
Acertadamente se declaró Día de Duelo, pero con trabajo, ya que los días de duelo se convierten en días de playa y ociosidad. Quizás puede ser el factor de que no se vieron en un momento, multitudes como algunos esperaban aunque dentro de nuestra sociología popular existen muchas otras explicaciones siendo una de ellas, el hecho de que Monseñor McGrath desde hacía tiempo se había retirado de la acción y que nuestro pueblo es impredecible y difícil de entender en sus respuestas populares. Cum autem sublatus fueris ab oculis etiam cito dispparet a mente. (En cuanto a lo quitas de la vista, así lo borras de la mente).De todos modos, el testimonio de veteranos periodistas asevera que el pueblo dijo presente en números considerables, aun cuando los medios de comunicación comerciales no se esforzaron demasiado en invitar al pueblo al evento como lo hicieron con otros héroes populares fallecidos en el pasado.
En la cobertura que los medios de comunicación católicos se hiciera el día de sus exequias, hubo una secuencia ininterrumpida de testimonios hablados de distintos sacerdotes, clérigos y laicos cercanos a las acciones de la Iglesia, aludiendo a las múltiples actividades con que en sus 25 años de ejercicio del Episcopado sirvió a Dios en su Iglesia aquí en su patria panameña. Los testimonios nos fueron dando una idea de una especie de círculos concéntricos desde lo más cercanos e íntimos del ilustre prelado hasta los más distantes. Todo el mundo tenía algo gracioso o edificante que contar. Epitomizando hechos, yo mencionaré dos que a mi juicio sobresalen en su acción como Pastor. La paciencia con que sobrellevó el tratamiento chabacano que le dispensaron periodistas de entonces y su actitud valiente y responsable del 18 de julio de 1971.
Monseñor McGrath me solicitó le ayudara en Panorama Católico cuando el Padre Sean Rooney tuvo que dedicarse a la parroquial, y se me dio el título de Asesor Pastoral. Desde ese puesto, me tocó admirar la gran capacidad de aguante y paciencia cristiana con que soportó por muchos años los inmisericordes, atrabiliarios, caprichosos y gratuitos ataques de los periodistas asalariados de entonces. Las burlas, los cafetines, lloronas, General sí tiene quien le escriba y otras columnas más y programas radiales ya desaparecidos, a los que Monseñor jamás les contestó y los tragó admirablemente y creo que a fin de cuentas lo llevaron a esa situación de desgaste previo a su enfermedad. ¿Quién va a olvidar la escena del Lung Fung en una Jornada de Comunicaciones el año 91? Nunca le pidieron perdón, pero la historia les estará pasando la factura como tiene que ser. El sí los perdonó.
El 18 de julio de 1971 tuvimos la Gran Marcha del Silencio, aprovechando la procesión de la Virgen del Carmen. De casi todas las parroquias marchamos en una monstruosa y silenciosa caminata hacia la esquina de la iglesia del Carmen y la Avenida Federico Boyd. Era una tácita protesta multitudinaria de los creyentes católicos por la desaparición del Padre Héctor Gallego. El gobierno militar todopoderoso en esos momentos y señalado como responsable se vio retado por la multitud y aquí vendrá toda clase de versiones que omito y se creó un suspenso nacional como temiendo un choque entre la multitud y las metralletas. Comenzó la liturgia, comenzaron los cantos, las oraciones, comenzaron las lecturas, mientras los helicópteros sobrevolando tomaban fotos desde el aire, los infiltrados tomando fotos de quienes estaban participando en la manifestación, una gran mayoría de los políticos que habían sido desbancados y que sus aficiones no eran precisamente piadosas mezclados con la inmensa masa humana del pueblo, y todo el mundo esperando el discurso de Monseñor McGrath que hacía poco había sucedido a Monseñor Clavel, y con gran serenidad y discernimiento denunció la injusticia contra el P. Gallego, pidió que lo devolvieran e invitó a la multitud a la compostura y a no responder con violencia a la violencia. Desinflando una coyuntura política muy esperada por los que habían sido distanciados del poder político por los militares.
Me pareció que fue muy responsable Monseñor McGrath en no invitar al enfrentamiento entre la multitud y los militares, aun cuando esto nunca fue entendido y más bien criticado por ambas partes y por todo el mundo, pero el tiempo le dio la razón. Entre las muchas cosas que se dijeron y se dirán, éstas dos a mi juicio, aunque cuando no estuve de acuerdo, me parece quedan como ejemplos de un hombre grande que desde su elevado puesto nos dio testimonio de coherencia de su fe y su vida. Quizás esto explique ciertas ausencias el día de sus honras fúnebres.

101 años de Panamá América

 
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