El gran poder del consumidor
A partir de la firma del Convenio Remón - Eisenhower (1956), la República de Panamá inicia un cambio en su modelo de crecimiento económico, creando las condiciones básicas para el crecimiento de las actividades de comercio y de formación de la industria manufacturera. Durante la década de los años 70, este proceso se acentúa con la política de sustitución de las importaciones, plasmada en el documento "Estrategia para el Desarrollo". De allí, se visualizó la necesidad de desarrollar un conjunto de políticas de incentivos orientadas hacia todos los sectores de la actividad económica y social del país para que: empresarios, comerciantes, industriales y productores (actores oferentes), se encontraran en condiciones adecuadas para enfrentar lo que ya se vislumbraba venir como resultado del impacto del modelo japonés y de los tigres del oriente (la globalización y el neoliberalismo).
Sin embargo, estos actores en vez de aprovechar esta oportunidad para mejorar la eficiencia y eficacia productiva de sus empresas e industrias, aplicaron el "juega vivo panameño", aprovechándose de la coyuntura de los nuevos dirigentes (militares) y en vez de mejorar sustancialmente esa productividad, sacaron mayores beneficios monetarios en detrimento de la sociedad consumidora (aumento del costo de la canasta básica familiar). Sobre esto se responsabilizó, dentro de la doble moral existente, al sector gubernamental como único responsable de la desigualdad marginal y pérdida de capacidad de compra de la sociedad (causa y efectos de los pobres). En este contexto también expresaban que la penetración socialista y comunista eran los únicos culpables de los signos de pobreza reinantes en el país y para su protección, establecieron los mecanismos necesarios de fortalecimiento de sus organizaciones gremiales (APEDE, CAPAC, Cámara de Comercio, Sindicato de Industriales, y otros); a través de estas figuras lograron desarrollar y consolidar una fuerte estructura de oferentes (productores, industriales y comerciantes), mientras que la clase de consumidores seguía contaminada con aquellos paradigmas del comunismo y del beneficio de ser un buen pobre obediente, sometido para alcanzar el Reino del Cielo.
Este fortalecimiento de las organizaciones de los oferentes a través de los años y la falta de organización de los consumidores, ha dado margen de que en el nuevo orden económico mejor conocido como globalización, no se hayan realizado los cambios estructurales y coyunturales pertinentes. El atraso de Panamá, en adecuarse a este nuevo orden económico, ha incidido en crear una mayor brecha de desigualdad entre los que tienen la capacidad de ofrecer bienes y servicios (actor oferente) vs los compradores (actor consumidor). Ese diferencial se justifica a través del paradigma de que "la política neoliberal y la imposición del Grupo de los Siete (G-7), a través de sus organizaciones de financiamiento internacional, son los causantes del nivel de pobreza que prevalece en el país, más la acción de los malos gobernantes y políticos corruptos" que usufructúan de ello. No obstante, la justa causa de todo esto es otra. Los consumidores aún no han tomado plena conciencia del poder que siempre han debido de tener en cualquier mercado orientado hacia la libre competencia. Es cierto que los oferentes nacionales están en desventaja competitiva en algunos bienes y servicios con la competencia foránea, pero esto ha sido producto de su "juega vivo" y a consecuencia de ello, son los consumidores que están pagando las consecuencias por su renuencia a organizarse y pagar el sacrificio correspondiente.
El alto costo de la Canasta Básica Alimenticia y Familiar, sólo es una de las consecuencias de falta de convencimiento del consumidor, de que tiene un gran poder si se ponen de acuerdo y se organizan. Si los consumidores buscaran organizarse como debiera ser, inducirían a estos oferentes a mejorar su productividad y los precios de venta al consumidor serían los adecuados dentro del mercado. No habría sobreprecios y sólo subsistirían en el mercado los productores con el nivel de productividad aceptable.
El poder del consumidor se haría sentir en el precio de la carne, en el arroz, en la harina, en el café, en el azúcar, en el pollo, en el combustible, en la luz y en el teléfono. Pero esto implicaría en la disposición de sacrificar su consumo, es decir no comprar estos productos a los precios existentes, si no debiera consumir aquéllos sustitutos y en algunos de los casos dejar de consumir hoy para mejorar el precio mañana.
El nuevo orden económico demanda un consumidor organizado, es por ello que se están fomentando los movimientos de protección y de orientación al consumidor, pero su éxito dependerá de la toma de conciencia de cada consumidor y la realidad es que consumidores somos todos, por ello es que el consumidor debe despertar y reconocer que existe "el poder del consumidor". Hay que despertar, ser responsable y pagar el precio del sacrificio. Modifiquemos nuestros deseos de consumo para satisfacer nuestras necesidades, lo mejor para la sed es el agua, no nos engañemos más. No utilicemos el teléfono por un día, no consuma carne por un día, no compre café por un día y usted mostrará el gran "poder del consumidor".
Sin embargo, estos actores en vez de aprovechar esta oportunidad para mejorar la eficiencia y eficacia productiva de sus empresas e industrias, aplicaron el "juega vivo panameño", aprovechándose de la coyuntura de los nuevos dirigentes (militares) y en vez de mejorar sustancialmente esa productividad, sacaron mayores beneficios monetarios en detrimento de la sociedad consumidora (aumento del costo de la canasta básica familiar). Sobre esto se responsabilizó, dentro de la doble moral existente, al sector gubernamental como único responsable de la desigualdad marginal y pérdida de capacidad de compra de la sociedad (causa y efectos de los pobres). En este contexto también expresaban que la penetración socialista y comunista eran los únicos culpables de los signos de pobreza reinantes en el país y para su protección, establecieron los mecanismos necesarios de fortalecimiento de sus organizaciones gremiales (APEDE, CAPAC, Cámara de Comercio, Sindicato de Industriales, y otros); a través de estas figuras lograron desarrollar y consolidar una fuerte estructura de oferentes (productores, industriales y comerciantes), mientras que la clase de consumidores seguía contaminada con aquellos paradigmas del comunismo y del beneficio de ser un buen pobre obediente, sometido para alcanzar el Reino del Cielo.
Este fortalecimiento de las organizaciones de los oferentes a través de los años y la falta de organización de los consumidores, ha dado margen de que en el nuevo orden económico mejor conocido como globalización, no se hayan realizado los cambios estructurales y coyunturales pertinentes. El atraso de Panamá, en adecuarse a este nuevo orden económico, ha incidido en crear una mayor brecha de desigualdad entre los que tienen la capacidad de ofrecer bienes y servicios (actor oferente) vs los compradores (actor consumidor). Ese diferencial se justifica a través del paradigma de que "la política neoliberal y la imposición del Grupo de los Siete (G-7), a través de sus organizaciones de financiamiento internacional, son los causantes del nivel de pobreza que prevalece en el país, más la acción de los malos gobernantes y políticos corruptos" que usufructúan de ello. No obstante, la justa causa de todo esto es otra. Los consumidores aún no han tomado plena conciencia del poder que siempre han debido de tener en cualquier mercado orientado hacia la libre competencia. Es cierto que los oferentes nacionales están en desventaja competitiva en algunos bienes y servicios con la competencia foránea, pero esto ha sido producto de su "juega vivo" y a consecuencia de ello, son los consumidores que están pagando las consecuencias por su renuencia a organizarse y pagar el sacrificio correspondiente.
El alto costo de la Canasta Básica Alimenticia y Familiar, sólo es una de las consecuencias de falta de convencimiento del consumidor, de que tiene un gran poder si se ponen de acuerdo y se organizan. Si los consumidores buscaran organizarse como debiera ser, inducirían a estos oferentes a mejorar su productividad y los precios de venta al consumidor serían los adecuados dentro del mercado. No habría sobreprecios y sólo subsistirían en el mercado los productores con el nivel de productividad aceptable.
El poder del consumidor se haría sentir en el precio de la carne, en el arroz, en la harina, en el café, en el azúcar, en el pollo, en el combustible, en la luz y en el teléfono. Pero esto implicaría en la disposición de sacrificar su consumo, es decir no comprar estos productos a los precios existentes, si no debiera consumir aquéllos sustitutos y en algunos de los casos dejar de consumir hoy para mejorar el precio mañana.
El nuevo orden económico demanda un consumidor organizado, es por ello que se están fomentando los movimientos de protección y de orientación al consumidor, pero su éxito dependerá de la toma de conciencia de cada consumidor y la realidad es que consumidores somos todos, por ello es que el consumidor debe despertar y reconocer que existe "el poder del consumidor". Hay que despertar, ser responsable y pagar el precio del sacrificio. Modifiquemos nuestros deseos de consumo para satisfacer nuestras necesidades, lo mejor para la sed es el agua, no nos engañemos más. No utilicemos el teléfono por un día, no consuma carne por un día, no compre café por un día y usted mostrará el gran "poder del consumidor".