El gran rufián y la pandilla de Washington
El mundo está otra vez al borde de una guerra insensata, por los designios de una pandilla de rufianes instalados en el Pentágono y en la Casa Blanca estadounidense. A pesar de las advertencias de algunos jefes de Estado europeos que se resisten a tolerar o, más bien, ha convalidar una acción armada contra Irak y, a pesar de los temores del conjunto del mundo árabe que ve peligrar su estabilidad en una conflagración de vastas proporciones, la pandilla de rufianes instalados en los centros de poder en Washington avanza en sus planes de dominio económico y político militar mundial. La reacción global no se ha hecho esperar. Las mayorías empiezan a reaccionar acicateados por los temores de una guerra. Aún dentro de Estados Unidos no deja de ser significativo los reparos provenientes de grandes sectores sociales que, al parecer, prefiguran una movilización social en contra de la guerra. El manifiesto suscrito por más de 4000 intelectuales, junto a la movilización mundial, puede servir para detener la mano criminal que gobierna Washington.
Pero los reparos iniciales de la Europa civilizada (Francia y Alemania, a la cabeza) y del creciente movimiento antibélico norteamericano no ha sido seguidos por nuestro continente, cuyos gobiernos, con algunas excepciones, han perdido la dignidad, el decoro y su conciencia solidaria. Solo la heroica resistencia de Cuba o la heroica soledad de Venezuela salvan el continente.
222 Todos los demás gobiernos, atemorizados e ilusionados con esos sueños de miseria denominados ALCA, Plan Puebla Panamá y otros cuentos rosados, se debaten en una, cada vez mayor, crisis total de indignidad.
Todos los demás gobiernos, atemorizados e ilusionados con esos sueños de miseria denominados ALCA, Plan Puebla Panamá y otros cuentos rosados, se debaten en una, cada vez mayor, crisis total de indignidad.
¿Qué se juega en la actual situación mundial? No creo que exista duda que más allá de la histeria antiterrorista de Washington, existen intereses concretos de ocupar Irak para controlar sus ricos yacimientos petrolíferos y las posibles rutas del gas natural de la región. No es casual que la pandilla de rufianes de Washington tenga intereses en la industria del petróleo. Pero también existe en ese equipo, intereses electorales inmediatos. La larga lista de desaciertos de la política interior de George W. Bush, la virtual desaceleración de la economía norteamericana, el descenso del nivel de vida del estadounidense medio, el recorte de las libertades democráticas al pueblo norteamericano, todo ello que podría influir en una caída de la popularidad del gobernante de Washington, pretende ser compensado con una histeria belicista llevada hasta sus últimas consecuencias.
Estados Unidos impulsa la guerra contra Irak; de igual manera arma la mano de Ariel Sharon contra el pueblo palestino; invade Afganistán, creando un gobierno pelele que se sostiene sólo por las fuerzas invasoras; mantiene una política de agresión permanente contra la heroica Cuba, agrede a Corea del Norte, a Libia y a Irán y, como si fuera poco, pasa por encima de la voluntad de las Naciones Unidas, irrespetando las normas civilizadas del derecho internacional. Con justa razón la dimitida Ministro de Justicia de Alemania identificó al pandillerismo situado en la Casa Blanca de nazi, es decir, de fascista. ¿Pero es que cómo se le puede llamar a un gobierno que agrede pueblos y conculca libertades a sus propios ciudadanos? La hora actual llama a los pueblos del mundo a detener la mano de la guerra, a luchar por la paz y a convertir el vasto sentimiento antibélico y antiglobalizador en una propuesta alternativa de vida solidaria.
Pero los reparos iniciales de la Europa civilizada (Francia y Alemania, a la cabeza) y del creciente movimiento antibélico norteamericano no ha sido seguidos por nuestro continente, cuyos gobiernos, con algunas excepciones, han perdido la dignidad, el decoro y su conciencia solidaria. Solo la heroica resistencia de Cuba o la heroica soledad de Venezuela salvan el continente.
222 Todos los demás gobiernos, atemorizados e ilusionados con esos sueños de miseria denominados ALCA, Plan Puebla Panamá y otros cuentos rosados, se debaten en una, cada vez mayor, crisis total de indignidad.
Todos los demás gobiernos, atemorizados e ilusionados con esos sueños de miseria denominados ALCA, Plan Puebla Panamá y otros cuentos rosados, se debaten en una, cada vez mayor, crisis total de indignidad.
¿Qué se juega en la actual situación mundial? No creo que exista duda que más allá de la histeria antiterrorista de Washington, existen intereses concretos de ocupar Irak para controlar sus ricos yacimientos petrolíferos y las posibles rutas del gas natural de la región. No es casual que la pandilla de rufianes de Washington tenga intereses en la industria del petróleo. Pero también existe en ese equipo, intereses electorales inmediatos. La larga lista de desaciertos de la política interior de George W. Bush, la virtual desaceleración de la economía norteamericana, el descenso del nivel de vida del estadounidense medio, el recorte de las libertades democráticas al pueblo norteamericano, todo ello que podría influir en una caída de la popularidad del gobernante de Washington, pretende ser compensado con una histeria belicista llevada hasta sus últimas consecuencias.
Estados Unidos impulsa la guerra contra Irak; de igual manera arma la mano de Ariel Sharon contra el pueblo palestino; invade Afganistán, creando un gobierno pelele que se sostiene sólo por las fuerzas invasoras; mantiene una política de agresión permanente contra la heroica Cuba, agrede a Corea del Norte, a Libia y a Irán y, como si fuera poco, pasa por encima de la voluntad de las Naciones Unidas, irrespetando las normas civilizadas del derecho internacional. Con justa razón la dimitida Ministro de Justicia de Alemania identificó al pandillerismo situado en la Casa Blanca de nazi, es decir, de fascista. ¿Pero es que cómo se le puede llamar a un gobierno que agrede pueblos y conculca libertades a sus propios ciudadanos? La hora actual llama a los pueblos del mundo a detener la mano de la guerra, a luchar por la paz y a convertir el vasto sentimiento antibélico y antiglobalizador en una propuesta alternativa de vida solidaria.