El "hara-kiri" de Fujimori
El 27 de julio son las elecciones para renovar la mitad del senado japonés. Al día siguiente, Fujimori espera tener un doble festejo: Conmemorar 17 años desde que se convirtió en el único nipón en haber llegado a ser presidente de una república (la de Perú en 1990-2000); y convertirse en el primer ex jefe de Estado de otro país en entrar al senado japonés. Sin embargo, es posible que termine perdiendo soga y cabra: que no logre entrar al parlamento nipón y que su movimiento en Perú acabe dividido y desperdigado.
Las últimas elecciones a la cámara alta se realizaron el 11 de julio de 2004. En éstas sólo cinco partidos pudieron conseguir escaños. El ganador fue el Partido Democrático, que obtuvo el 39.1% y la fuerza más chica en llegar al senado fue el partido socialdemócrata con el 5.3%. El Partido Verde no pudo entrar, pues solo sacó el 1.6%.
Para asegurar su entrada al senado, Fujimori inicialmente buscó jugar a ganador y formar parte de la lista del Partido Democrático. Luego que éste le cerrara la puerta, decidió unirse al diminuto Partido Nuevo Popular (Kokumin Shinto), que se fundó recién el 17 de agosto del 2005, 25 días antes de las elecciones a los 580 diputados (donde sólo obtuvo el 1.7% de los votos y el 0.8% de los curules).
En estos comicios, Fujimori está en la lista de los 48 senadores que se eligen mediante representación proporcional, pero ello implicaría que debería obtener un 2%, cifra a la que nunca ha llegado el Kokumin. Al poner a Fujimori en su lista, Kokumin recibió un golpe publicitario. Sin embargo, él no es un personaje muy conocido o prestigiado en Japón. Tampoco conoce bien el idioma y la política locales. Para el común de los nipones no resulta atractivo votar por un ex mandatario del exterior, quien está a miles de kilómetros de Japón, mientras que una democracia le procesa por corrupción y asesinatos en masa.
De otro lado, el historial de Fujimori no es muy consistente con el del Kokumin. Mientras Fujimori ha sido uno de los presidentes que más privatizaciones ha hecho en las Américas, el Kokumin rompió con el actual gobierno liberal por oponerse a su mayor privatización (la del correo). Mientras Fujimori es responsable de varias ejecuciones extra-judiciales (incluyendo en la sede diplomática japonesa en Lima), el Kokumin lidera la liga por la abolición de la pena de muerte. Mientras Fujimori es católico, el Kokumin promueve más culto al sintoísmo.
Fujimori es un hombre a quien le gustan los riesgos. En noviembre de 2005 viajó de Japón a Chile pensando que así podría acercarse a volver al poder en Perú. Hoy busca algo inverso: impedir ser extraditado a Perú y lograr que Chile lo devuelva al Japón. Si él cometió un gran error al viajar a Santiago hace dos años, esta vez puede estar cometiendo un "hara-kiri" a su carrera política. Si no entra a la dieta japonesa se daría impulso al proceso de extradición pendiente, mientras que en Perú él haya terminado por enajenar a muchos de sus partidarios.
El dueño debe proporcionarle al decorador los materiales, entre estos lijas, pintura, neón y otros accesorios.
El valor del trabajo es de B/.500, B/.800 y hasta B/.1, 500. A veces pasa esa cantidad.
Agrega que las personas quedan conforme con el trabajo, porque nunca se cambia una pintura.
El trabajo de decorar buses le toma a Cristóbal Villaverde una semana.
Lo ha hecho en diferentes rutas desde que tenía 15 años.
Entre los trabajos del decorador figuran: diferentes rostros de luchadores, personajes de telenovelas hasta los hijos de los dueños del bus, entre otros.
Villaverde confiesa que el negocio ya no es rentable, pues las pinturas son costosas, además el alza del combustible ha influido en que los dueños de buses desistan de los trabajos.
A su juicio, las leyes que impone el Gobierno se debe a que las autoridades nunca han tenido un bus y no saben cuántas personas dependen de este medio de transporte: pintores, mecánicos, talleres. Cuando los conductores aumentan el pasaje todos protestan, pero no ocurre igual cuando aumenta la gasolina, dice.
Miguel Martínez, de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), reconoció que la decoración en los buses es algo característico y pintoresco de nuestro país.
No existe norma, decreto o ley que lo establezca, ni tampoco que lo prohíba.
El funcionario recordó que cuando se hizo la campaña "My name is Panama", los turistas llegaban por lo llamativo de los buses.
"Esa decoración nos identifica mundialmente. Es igual que las molas. Es quizás la parte positiva del diablo rojo", señaló.
Martínez alegó que con el nuevo sistema de transporte, las decoraciones dependerán de la empresa que se gane la licitación, pues las compañías deberán escoger qué los identificará.
No sólo se trata de buses articulados, sino que habrá rutas alimentadoras de buses de poca capacidad de pasajeros. En la ciudad de Panamá y San Miguelito hay 1, 800 buses.
En el 2002, los transportistas acordaron adjudicar un color para cada ruta.
En Alcalde Díaz y Ciudad Bolívar el color es el celeste; en la ruta de Chepo, verde; las rutas de SICOTRAC (20 rutas), rojo, azul y amarillo; en el sector Oeste, el color de la mayoría es amarillo.
La iniciativa de los colores es de los propios transportistas.
Los consumidores tienen derecho a la libre elección del bien que van a adquirir o del servicio que van a contratar, indicó la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia.
Para esto, se requiere contar con una variedad de bienes y servicios en el mercado a precios competitivos, de lo contrario, se tendría un solo bien o servicio que adquirir y el consumidor no tendría opciones para elegir, señaló la entidad.
El derecho a elegir es uno de los 8 básicos de los consumidores, reconocidos internacionalmente.
Las últimas elecciones a la cámara alta se realizaron el 11 de julio de 2004. En éstas sólo cinco partidos pudieron conseguir escaños. El ganador fue el Partido Democrático, que obtuvo el 39.1% y la fuerza más chica en llegar al senado fue el partido socialdemócrata con el 5.3%. El Partido Verde no pudo entrar, pues solo sacó el 1.6%.
Para asegurar su entrada al senado, Fujimori inicialmente buscó jugar a ganador y formar parte de la lista del Partido Democrático. Luego que éste le cerrara la puerta, decidió unirse al diminuto Partido Nuevo Popular (Kokumin Shinto), que se fundó recién el 17 de agosto del 2005, 25 días antes de las elecciones a los 580 diputados (donde sólo obtuvo el 1.7% de los votos y el 0.8% de los curules).
En estos comicios, Fujimori está en la lista de los 48 senadores que se eligen mediante representación proporcional, pero ello implicaría que debería obtener un 2%, cifra a la que nunca ha llegado el Kokumin. Al poner a Fujimori en su lista, Kokumin recibió un golpe publicitario. Sin embargo, él no es un personaje muy conocido o prestigiado en Japón. Tampoco conoce bien el idioma y la política locales. Para el común de los nipones no resulta atractivo votar por un ex mandatario del exterior, quien está a miles de kilómetros de Japón, mientras que una democracia le procesa por corrupción y asesinatos en masa.
De otro lado, el historial de Fujimori no es muy consistente con el del Kokumin. Mientras Fujimori ha sido uno de los presidentes que más privatizaciones ha hecho en las Américas, el Kokumin rompió con el actual gobierno liberal por oponerse a su mayor privatización (la del correo). Mientras Fujimori es responsable de varias ejecuciones extra-judiciales (incluyendo en la sede diplomática japonesa en Lima), el Kokumin lidera la liga por la abolición de la pena de muerte. Mientras Fujimori es católico, el Kokumin promueve más culto al sintoísmo.
Fujimori es un hombre a quien le gustan los riesgos. En noviembre de 2005 viajó de Japón a Chile pensando que así podría acercarse a volver al poder en Perú. Hoy busca algo inverso: impedir ser extraditado a Perú y lograr que Chile lo devuelva al Japón. Si él cometió un gran error al viajar a Santiago hace dos años, esta vez puede estar cometiendo un "hara-kiri" a su carrera política. Si no entra a la dieta japonesa se daría impulso al proceso de extradición pendiente, mientras que en Perú él haya terminado por enajenar a muchos de sus partidarios.
El dueño debe proporcionarle al decorador los materiales, entre estos lijas, pintura, neón y otros accesorios.
El valor del trabajo es de B/.500, B/.800 y hasta B/.1, 500. A veces pasa esa cantidad.
Agrega que las personas quedan conforme con el trabajo, porque nunca se cambia una pintura.
El trabajo de decorar buses le toma a Cristóbal Villaverde una semana.
Lo ha hecho en diferentes rutas desde que tenía 15 años.
Entre los trabajos del decorador figuran: diferentes rostros de luchadores, personajes de telenovelas hasta los hijos de los dueños del bus, entre otros.
Villaverde confiesa que el negocio ya no es rentable, pues las pinturas son costosas, además el alza del combustible ha influido en que los dueños de buses desistan de los trabajos.
A su juicio, las leyes que impone el Gobierno se debe a que las autoridades nunca han tenido un bus y no saben cuántas personas dependen de este medio de transporte: pintores, mecánicos, talleres. Cuando los conductores aumentan el pasaje todos protestan, pero no ocurre igual cuando aumenta la gasolina, dice.
El sociólogo Raúl Leis considera que algunas de las decoraciones impresas en los "diablos rojos" deben ser rescatadas cuando ocurra la supuesta renovación del transporte vehicular colectivo.
Leis reconoce que el graffiti que se observa en los buses que circulan por la ciudad de Panamá son verdaderas obras de arte.
Miguel Martínez, de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), reconoció que la decoración en los buses es algo característico y pintoresco de nuestro país.
No existe norma, decreto o ley que lo establezca, ni tampoco que lo prohíba.
El funcionario recordó que cuando se hizo la campaña "My name is Panama", los turistas llegaban por lo llamativo de los buses.
"Esa decoración nos identifica mundialmente. Es igual que las molas. Es quizás la parte positiva del diablo rojo", señaló.
Martínez alegó que con el nuevo sistema de transporte, las decoraciones dependerán de la empresa que se gane la licitación, pues las compañías deberán escoger qué los identificará.
No sólo se trata de buses articulados, sino que habrá rutas alimentadoras de buses de poca capacidad de pasajeros. En la ciudad de Panamá y San Miguelito hay 1, 800 buses.
En el 2002, los transportistas acordaron adjudicar un color para cada ruta.
En Alcalde Díaz y Ciudad Bolívar el color es el celeste; en la ruta de Chepo, verde; las rutas de SICOTRAC (20 rutas), rojo, azul y amarillo; en el sector Oeste, el color de la mayoría es amarillo.
La iniciativa de los colores es de los propios transportistas.
Los consumidores tienen derecho a la libre elección del bien que van a adquirir o del servicio que van a contratar, indicó la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia.
Para esto, se requiere contar con una variedad de bienes y servicios en el mercado a precios competitivos, de lo contrario, se tendría un solo bien o servicio que adquirir y el consumidor no tendría opciones para elegir, señaló la entidad.
El derecho a elegir es uno de los 8 básicos de los consumidores, reconocidos internacionalmente.