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El hedor a Vietnam


Nadie en los Estados Unidos de estos días habla de eso, pero no porque no lo recuerde, sino por no revivir la pesadilla que traumó a la nación y la sumió luego en oscuro aislamiento, hasta que Ronald Reagan la sacó del letargo a partir de 1981. Durante los años 60 y 70 el país se había envuelto en una interminable guerra de guerrillas que causó más de 57 mil muertos de entre sus soldados y más de 300 mil heridos, muchos de ellos lisiados física y psicológicamente.
La invasión de Panamá en diciembre de 1989 marcó el inicio de un nuevo tipo de guerra, de alta tecnología, que multiplica el poder de fuego infligiendo máximo daño a un mínimo costo. La misma experiencia fue trasladada a la Guerra del Golfo en 1991, en la que Estados Unidos desbarató con ayuda de sus aliados al ejército iraquí que invadió Kuwait, sufriendo apenas 150 bajas fatales. A finales de la década, la repitió en Kosovo, donde sus aviones se situaron desde lo alto, fuera del alcance de la artillería y cohetería convencional, para lanzar misiles de precisión quirúrgica guiados por satélite.
Pero en los últimos conflictos, la guerra de alta tecnología nunca enfrentó a las guerrillas, salvo en Afganistán que no es buen termómetro porque allí -muy hábilmente- Estados Unidos armó y entrenó a varios ejércitos enemigos acérrimos del talibán quienes al final le pelearon y ganaron la guerra.
La última guerra en Irak fue otro choque de la alta tecnología contra una maquinaria bélica convencional. Nuevamente fue despedazado el ejército iraquí. Pero a dos meses de terminado el conflicto, los estadounidenses y británicos suman más soldados muertos y heridos, por efecto de ataques aislados y emboscadas, que durante la etapa más intensa de la guerra en mayo. El alto mando acaba de llamarla oficialmente con su temido nombre de guerra de guerrillas. Y aparecieron ahora los fantasmas. Este ha puesto precio a la cabeza del fugitivo ex dictador Sadam Hussein. Lo prefiere muerto que detenido, no importa los reparos morales de lo que a todas luces aparenta ser un asesinato puro y simple de un comandante enemigo más que una legítima acción de guerra. Hace recordar al “Che” Guevara asesinado después de ser prisionero, por orden de la CIA. Las leyes de la guerra de Convención de Ginebra deben yacer en el basurero.
Paralelamente estalla el escándalo. El Congreso descubre que la supuesta presencia de armas de destrucción masiva en manos de Sadam era pura invención para justificar la invasión, que Bush mintió. Y la gente está iracunda. Fue una patraña de la inteligencia británica, de la que acaba de aparecer misteriosamente muerto David Kelly, asesor del premier Tony Blair en temas de armamento iraquí. Kelly habría revelado parte de la patraña a la BBC, que lo difundió magnificado.
Huele a “indicment” presidencial como el que forzó la dimisión de Nixon, en medio de lo más cruento de la guerra de Vietnam.
Las semejanzas son demasiadas para ser ignoradas. También el repentino escalamiento de las bajas en Irak, la negativa a repatriar tropas por el recrudecimiento del conflicto y las señales de desmoralización de la tropa, otra vez enfrentado a un enemigo invisible.
Ya empiezan a llamar a gritos a la ONU y a otros países para que envíen tropas para compartir penurias.

101 años de Panamá América

 
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