El hospital como proyecto de inversión
La Caja de Seguro Social anunció recientemente la compra del Hospital San Judas Tadeo y se está conversando sobra la compra del Hospital América, transacciones que provocan lo más variados comentarios; desde luego se trata de una institución en la que todos los panameños nos preocupamos por lo que hace o deja de hacer.
Algunos piensan que estos podrían ser costos adicionales, otros opinan que quizás es más importante invertir estos recursos en la atención primaria; los directivos de la institución nos hablan de que existe demanda de servicios hospitalarios, pero quizás muy pocos analizan el hospital como un proyecto de inversión.
En el sector público cuando hablamos de inversión implica que si hay costos también hay beneficios; los costos son muy fáciles de identificar, pero no así los beneficios, que aunque sean tangibles nos resultan difíciles cuantificarlos, razones por las cuales la opinión pública puede tener una percepción equivocada de los proyectos públicos.
Cuando hablamos de inversión en hospitales dentro de una red de servicios de salud, una de las variables en que podemos medir el beneficio está en el ahorro que representaría atender el paciente en el hospital proyectado, comparado con el costo que representa atenderlo en otra instalación de la red hospitalaria. Como en toda inversión, el proyecto será viable si los beneficios son mayores que los costos, de tal forma que genere los ahorros suficientes para compensar los costos y la final se traduzca en una disminución de los costos hospitalarios.
Los hospitales, dependiendo del nivel de dificultad de las patologías que atienden, se clasifican en diferentes categorías, en la medida que se asciende en éstas, de igual forma aumentan los costos de operación, de manera que si un paciente que puede ser atendido en un hospital de primer nivel, y se atiende en un hospital de tercer nivel, por no existir un hospital de referencia adecuado, se produce un incremento de costos en la atención médica.
Para ilustrar este ejemplo, los pacientes asegurados atendidos en el Hospital San Miguel Arcángel de San Miguelito, representan un menor costo para el sistema, ya que de no existir este hospital, estos pacientes serían atendidos en el Complejo Hospitalario Metropolitano, que es un hospital especializado y donde el costo día/paciente es mayor que el de Hospital de San Miguelito. También podríamos citar que el Hospital Regional de Aguadulce atenderá una demanda de pacientes, que de no existir éste, deberán ser atendidos en el Complejo Hospitalario Metropolitano, con lo que se disminuirán los costos hospitalarios.
Si el diferencial de costos entre un hospital u otro justifican la inversión, se lograrían varios propósitos: por una lado, se mejora la atención y por otra parte se disminuyen los costos hospitalarios, por lo tanto, es recomendable que las relaciones públicas de las instituciones nos digan, por ejemplo, que un día/paciente atendido en el Complejo Hospitalario nos cuesta tanto, mientras que ese mismo paciente atendido en el San Judas Tadeo nos costará tanto. Con esta información se creará una corriente de opinión favorable a la compra de hospitales, los asegurados estaremos satisfechos de que gradualmente tengamos un hospital cerca de nuestras comunidades y de que se vaya desagregando las funciones del Complejo Hospitalario.
El Complejo Hospitalario Metropolitano, Dr. Arnulfo Arias Madrid, en un principio Hospital General, ha crecido de tal forma que la atención médica tiende a ser impersonal, con más de 1000 camas y con un presupuesto mayor que algunos ministerios e instituciones autónomas; se dificulta la interacción que debe existir entre el personal médico y pacientes que requieren de calor humano que en hospitales de estas magnitudes se hace difícil. Se dice que en un hospital cuando rebasa la cantidad de 250 camas, los aspectos humanos y emocionales son difíciles de atender y que éstos son relevantes en la recuperación de la salud. Recuerdo una anécdota de un médico geriatra que en un acto de arrepentimiento lo vi acercarse a la capilla del hospital, y le pregunté qué le sucedía y me comentó que se sintió mal porque al preguntarle a la enfermera cómo estaba el paciente, ésta le contestó que estable. En realidad lo que interesaba saber era su estado anímico, si logró dormir bien o si algo le aquejaba. Luego me añadió, que cuando el Hospital General era pequeño, todo el personal médico se conocía y se podían llamar a los pacientes por sus nombres, pero con el crecimiento del hospital todo esto se ha perdido.
Aspiramos que con la adquisición de nuevos hospitales, con un número limitado de camas se pueda volver a retomar esa atención que en principio se le brindaba a los pacientes del Hospital General, y que el Complejo Hospitalario Metropolitano sea un hospital especializado con énfasis en la investigación y la renovación del conocimiento.
Algunos piensan que estos podrían ser costos adicionales, otros opinan que quizás es más importante invertir estos recursos en la atención primaria; los directivos de la institución nos hablan de que existe demanda de servicios hospitalarios, pero quizás muy pocos analizan el hospital como un proyecto de inversión.
En el sector público cuando hablamos de inversión implica que si hay costos también hay beneficios; los costos son muy fáciles de identificar, pero no así los beneficios, que aunque sean tangibles nos resultan difíciles cuantificarlos, razones por las cuales la opinión pública puede tener una percepción equivocada de los proyectos públicos.
Cuando hablamos de inversión en hospitales dentro de una red de servicios de salud, una de las variables en que podemos medir el beneficio está en el ahorro que representaría atender el paciente en el hospital proyectado, comparado con el costo que representa atenderlo en otra instalación de la red hospitalaria. Como en toda inversión, el proyecto será viable si los beneficios son mayores que los costos, de tal forma que genere los ahorros suficientes para compensar los costos y la final se traduzca en una disminución de los costos hospitalarios.
Los hospitales, dependiendo del nivel de dificultad de las patologías que atienden, se clasifican en diferentes categorías, en la medida que se asciende en éstas, de igual forma aumentan los costos de operación, de manera que si un paciente que puede ser atendido en un hospital de primer nivel, y se atiende en un hospital de tercer nivel, por no existir un hospital de referencia adecuado, se produce un incremento de costos en la atención médica.
Para ilustrar este ejemplo, los pacientes asegurados atendidos en el Hospital San Miguel Arcángel de San Miguelito, representan un menor costo para el sistema, ya que de no existir este hospital, estos pacientes serían atendidos en el Complejo Hospitalario Metropolitano, que es un hospital especializado y donde el costo día/paciente es mayor que el de Hospital de San Miguelito. También podríamos citar que el Hospital Regional de Aguadulce atenderá una demanda de pacientes, que de no existir éste, deberán ser atendidos en el Complejo Hospitalario Metropolitano, con lo que se disminuirán los costos hospitalarios.
Si el diferencial de costos entre un hospital u otro justifican la inversión, se lograrían varios propósitos: por una lado, se mejora la atención y por otra parte se disminuyen los costos hospitalarios, por lo tanto, es recomendable que las relaciones públicas de las instituciones nos digan, por ejemplo, que un día/paciente atendido en el Complejo Hospitalario nos cuesta tanto, mientras que ese mismo paciente atendido en el San Judas Tadeo nos costará tanto. Con esta información se creará una corriente de opinión favorable a la compra de hospitales, los asegurados estaremos satisfechos de que gradualmente tengamos un hospital cerca de nuestras comunidades y de que se vaya desagregando las funciones del Complejo Hospitalario.
El Complejo Hospitalario Metropolitano, Dr. Arnulfo Arias Madrid, en un principio Hospital General, ha crecido de tal forma que la atención médica tiende a ser impersonal, con más de 1000 camas y con un presupuesto mayor que algunos ministerios e instituciones autónomas; se dificulta la interacción que debe existir entre el personal médico y pacientes que requieren de calor humano que en hospitales de estas magnitudes se hace difícil. Se dice que en un hospital cuando rebasa la cantidad de 250 camas, los aspectos humanos y emocionales son difíciles de atender y que éstos son relevantes en la recuperación de la salud. Recuerdo una anécdota de un médico geriatra que en un acto de arrepentimiento lo vi acercarse a la capilla del hospital, y le pregunté qué le sucedía y me comentó que se sintió mal porque al preguntarle a la enfermera cómo estaba el paciente, ésta le contestó que estable. En realidad lo que interesaba saber era su estado anímico, si logró dormir bien o si algo le aquejaba. Luego me añadió, que cuando el Hospital General era pequeño, todo el personal médico se conocía y se podían llamar a los pacientes por sus nombres, pero con el crecimiento del hospital todo esto se ha perdido.
Aspiramos que con la adquisición de nuevos hospitales, con un número limitado de camas se pueda volver a retomar esa atención que en principio se le brindaba a los pacientes del Hospital General, y que el Complejo Hospitalario Metropolitano sea un hospital especializado con énfasis en la investigación y la renovación del conocimiento.