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El IDAAN, pasado y futuro


He dejado transcurrir el tiempo ex profeso antes de decidirme, como lo hago ahora, a exponer algunas ideas sobre el tema de actualidad en estos momentos, la modernización a que debe ser sometido el IDAAN. Y no pretendo descubrir cómo se hizo la pólvora, pues todos los aspectos técnicos del problema han sido, en mi concepto, tratados por uno o varios de los que me han antecedido en opinar al respecto. Mi interés únicamente está en añadir algunas consideraciones de carácter más bien histórico, con las que pretendo demostrar que el problema del IDAAN, además de técnico y económico, es en realidad uno que versa también con la voluntad política de superarlo, por parte de los órganos Ejecutivo y Legislativo, que son los que al final de cuentas tendrán la facultad real de aportar a su solución definitiva.
Durante el gobierno de Don Ernesto de la Guardia hijo, en el cuatrienio 1956-1960, cuando en el inicio del mismo el acueducto de la capital sólo la servía hasta el sector de la Iglesia del Carmen, y al alcantarillado sanitario la cubría en una extensión igual, sin que más allá de este límite, que se llamó en ese entonces Las Sabanas, se dispusiera de un sistema colector de las aguas servidas, sino de una multiplicidad de tanques sépticos y de una maraña de tuberías de hierro galvanizado en lo pertinente al acueducto, este presidente tomó la iniciativa de crear la Comisión de Acueductos y Alcantarillados de Panamá, mejor conocida por sus siglas CAAP, antecesora del ahora tan problemático IDAAN.
El presidente de la Guardia, para dirigir la nueva entidad, escogió al distinguido ingeniero sanitario Roberto Reyna R., al que rodeó de una junta directiva integrada en su mayoría por otros connotados panameños de ese entonces, los también ingenieros sanitarios Guillermo Rodríguez, Bey Mario Arosemena y William Ross, quienes se caracterizaron todos por su vocación de servicio público, al margen de la actividad política partidista, correspondiéndome el honor de actuar como subdirector y jefe de la oficina de diseño, hasta la renuncia del ingeniero Reyna, justo al inicio del siguiente mandato presidencial, reemplazándolo por varios meses hasta que se nombró en propiedad a su sucesor.
Y aunque la CAAP no llegó a ser autónoma, pues siempre estuvo subordinada jerárquicamente al Ministerio de Salud, los sucesivos ministros del ramo respetaron la autonomía administrativa de que gozó, por la voluntad manifiesta de Don Ernesto. La CAAP recogió en su momento a la flor y nata de los profesionales de la Ingeniería Civil, sin distingo de banderías políticas.
Poco después de la renuncia del ingeniero Reyna, al eliminarse la autonomía casi total de que gozaba la CAAP, por el nuevo gobierno surgido en las elecciones de 1960, la institución se convirtió, mediante ley, en el IDAAN, y por varios años hasta el golpe militar del "68, no se produjeron cambios significativos en su operación.
Sin embargo, después de iniciado el llamado proceso revolucionario, las cosas fueron cambiando paulatinamente, al punto de que se eliminó el requisito de la especialidad en ingeniería sanitaria para poder ser director de la entidad y con el transcurso de los años, la institución se politizó al extremo de que al principio de la década del "80, todos los funcionarios técnicos de altos mandos tenían que ser representantes de algún nivel en el partido político PRD, creado por el proceso iniciado en el "68. Y así se mantuvo esta lamentable situación hasta la invasión de 1989, con la política enquistada en el IDAAN, a pesar de su aparente autonomía.
Después del advenimiento de la democracia de la cual gozan ahora los que la hicieron posible, y los del absolutismo cívico militar anterior, los resabios de la política partidista ha llevado al organismo a su decadencia actual.
Declaro, convencido de que el tiempo me dará la razón, que lo importante no es, como algunos alegan, la reestructuración administrativa del IDAAN por medio de una nueva ley y, por supuesto, la ejecución de las mejoras necesarias tanto en lo físico como en lo financiero, sino conseguir el personal de alto nivel debidamente preparado para que no responda a intereses políticos, para que actúe, como lo hicieron en el pasado, el grupo de profesionales que laboró en la CAAP, anteponiendo en todo momento los intereses de la institución a los propios. La tarea no es fácil, pero debe iniciarse de inmediato si es que de verdad queremos que el IDAAN sea en el futuro próximo la entidad modelo a la que todos aspiramos. Nos toca pues a todos los panameños, independientemente de nuestras ideas políticas, exigir que los más capaces sean los que manejen la institución, imitando a Don Ernesto de la Guardia, hijo.
Antes de finalizar este escrito, deseo también expresar que de todas las opciones que se han propuesto, a fin de asegurar la modernización del IDAAN, y por ende, la de los servicios que brinda a la comunidad, ninguna guarda prelación sobre las otras. Todas son necesarias y deben iniciarse enseguida. Y es que el cambio necesario llevará tiempo en producir los resultados esperados. Por ello, lo más indicado es avanzar al mismo tiempo con todas las medidas proyectadas, que requieren de un período parecido para su ejecución.
La clave del éxito está, como ya lo he indicado, en transformar al IDAAN en un ente de verdad apolítico, en el cual se garantice la estabilidad laboral de su personal, con una política salarial cónsona con la importancia de la labor que llevan a cabo, y en base a un sistema de clasificación de cargos y ajustes periódicos que respete, sin excepción, las ejecutorias y méritos de cada cual.
Leyes hay muchas y la mayoría muy buenas, pero que terminan por no cumplirse en la práctica, de allí que se requiera de una nueva disposición legal verdaderamente innovadora, que provea los medios jurídicos para cambiar el estado actual de cosas. Sugiero como una medida tendiente a que la nueva ley no quede igual en letra muerta, que en el proyecto que se discutirá a partir del 1 de septiembre en el Organo Legislativo, se elijan al Director y los principales miembros de la Junta Directiva por un período mínimo de 10 años, tiempo suficiente para que eche raíces permanentes la real autonomía de la institución. Hagamos del IDAAN una organización parecida en calidad total a la Autoridad del Canal.

101 años de Panamá América

 
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