El infierno tan temido
Ya no soy creyente, pero sigo encontrando en la Biblia y en la poesía mística española dos baluartes. Desde la escuela “canto” aquel soneto perfecto del Siglo de Oro cuyo autor sigue anónimo:
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte (…)
Mi padre, Pedro, me comentó una vez: “Dice Santa Teresa que el infierno es un lugar donde no se ama”. – Y dice Jean Paul Sartre, en una obra de teatro, que “el infierno son los demás”.
Hace demasiados años vengo sintiendo las llamas del desamor, hacia mí y los demás. Lo vemos todos los días y en cualquier parte: padres que abandonan a sus hijos; hijos que abandonan a sus padres; hombres que engañan a esposa y amante; “amigos” que dan la espalda al que los necesita; hermanos que desamparan al que se halla en desgracia.
Ayer, cuando aquejada de las vías respiratorias me dirigía a la farmacia, sentí una sacudida. Recostado de una pared, a las puertas del supermercado, un hombre rasgaba su guitarra. La desolación la hacia sonar como una orquesta. Recordé a Paganini: decían que tocaba el violín embrujadoramente porque estaba poseído por el diablo. –El demonio del desamor– pensé, mientras con unas monedas me acercaba al hombre que, ignorado por todos, pulsaba con pertinacia su aguacero de notas dolorosas.
- ¿Dónde pongo el dinero? - pregunté. Siguió tocando impávido, silente. Entonces vi que no veía. De los ojos cerrados, apretados, le salía una excrecencia verdosa. Traté de erguir la voz:
- Señor, no sé dónde dejar el dinero por lo que toca……
- En la bolsa - me dijo. Así lo hice, mientras le daba gracias por su música. Mientras, calladamente, agradecía a la vida, que me ha dado tanto… Tanto dolor que puedo, sin esfuerzo, hacer mío el de otros. Gabriela Mistral escribió en una carta: “el dolor hace a los buenos, más buenos, y a los malos, más malos”.
Francisco de Quevedo es el autor de otro soneto que tengo por mantra : El del amor constante más allá de la muerte. Dice de los despojos del amante:
- serán ceniza, mas tendrán sentido;
- polvo serán, mas polvo enamorado.
Hace poco los restos de mi padre -quien me enseñó a conmoverme con el dolor ajeno; a amar el universo- fueron incinerados. Ahora reposan en una urna en el Santuario. Yo, como Miró a su Patria, lo llevo todo entero dentro del corazón.