El ingrato
A la ingratitud o desagradecimiento le da el Diccionario de Real Academia Española de la Lengua varias definiciones. Sin embargo, la que mejor los define es sencilla: "persona que desconoce los beneficios recibidos". El político que piensa en el agradecimiento es, por decir lo menos, un perfecto iluso. Un veterano de la política partidista con larga trayectoria pública sabe muy bien que son muy pocas las personas, casi ninguna, que cree y practica la lealtad. En política, por lo general, el agradecimiento no existe.
Ese malagradecido que pulula en nuestra selva política es una figura ya conocida por sus veleidades. Hoy le rinde pleitesía y se plega en penosa genuflexión a todo lo que el "jefe" dice y opina. No muestra nunca criterio propio y jamás se le ocurre contradecir lo que él dice o piensa. Por supuesto que este sujeto cambiará de "jefe" cuando el viento de su veleta cambie. Así seguirá este pobre hombre actuando en su peregrinar político, hasta que su desprestigio toque fondo y nadie lo acepte y lo quiera de su lado aunque sus lisonjas continúen en un afán desmedido de halagar a lo que él piensa que como "nuevo jefe" le pueda gustar y, por supuesto, ayudarlo.
En días pasados en una conversación muy amena con un joven que confiaba en que los favores que dispensaba en su alta posición burocrática que ocupa transitoriamente le serviría en el futuro. Le transmití, creo, un buen consejo que recibí hace muchos años y que siempre, desde entonces, he practicado y la experiencia, además, me ha enseñado que tiene plena vigencia: "los políticos, con muy pocas excepciones, no agradecen los favores recibidos sino solo los por recibir". También le conté el comentario que hizo un viejo estadista cuando un amigo muy intimo de él le manifestó: "fulano de tal hablaba muy mal de Ud". Con gran sabiduría contestó: "no recuerdo haberle hecho ningún favor a ese político del cual Ud. me habla".
En relación con el agradecimiento nuestros decires tienen muchas frases. Una de ellas de uso muy común dice: "Indio, paloma y gato, animales ingratos". Yo por respeto a nuestros indios, digo: "Políticos, palomas y gatos, animales ingratos".
El hombre público que piensa que con sus acciones o sus favores a determinadas personas le retribuirán, en agradecimiento su lealtad, recibirá grandes frustraciones. Cuando él no esté en condiciones de conceder favores como los hacía antes, se dará cuenta, si aún no se ha dado, de que en política, por lo general, el agradecimiento no existe. Las cosas, debe él -el ingenuo-, se hacen por conveniencia para el país y no para favorecer a ningún interés particular. Si así actúa con ese criterio cosechará grandes satisfacciones íntimas que es lo que a fin de cuentas vale. El vivirá más tranquilo y a paz consigo mismo si espera menos del agradecimiento y la lealtad política, como compensación por los favores que pudo prodigar, y saber que cumplió con su deber con el país y consigo mismo.
No se puede confundir el amigo político con el personal. El primero, por lo regular, no existe y en cuanto al segundo es una bendición para el que puede contar con ellos, aunque sean muy pocos.
Pensamientos que sobre el amigo político y el personal que se expresan con toda claridad y que me permito reproducir:
"Toda amistad política tiene su objeto, alcanzado este se disuelve".
"He conocido amigos en el tiempo, pero mis favores no pueden agradecer sus finezas".
Ese malagradecido que pulula en nuestra selva política es una figura ya conocida por sus veleidades. Hoy le rinde pleitesía y se plega en penosa genuflexión a todo lo que el "jefe" dice y opina. No muestra nunca criterio propio y jamás se le ocurre contradecir lo que él dice o piensa. Por supuesto que este sujeto cambiará de "jefe" cuando el viento de su veleta cambie. Así seguirá este pobre hombre actuando en su peregrinar político, hasta que su desprestigio toque fondo y nadie lo acepte y lo quiera de su lado aunque sus lisonjas continúen en un afán desmedido de halagar a lo que él piensa que como "nuevo jefe" le pueda gustar y, por supuesto, ayudarlo.
En días pasados en una conversación muy amena con un joven que confiaba en que los favores que dispensaba en su alta posición burocrática que ocupa transitoriamente le serviría en el futuro. Le transmití, creo, un buen consejo que recibí hace muchos años y que siempre, desde entonces, he practicado y la experiencia, además, me ha enseñado que tiene plena vigencia: "los políticos, con muy pocas excepciones, no agradecen los favores recibidos sino solo los por recibir". También le conté el comentario que hizo un viejo estadista cuando un amigo muy intimo de él le manifestó: "fulano de tal hablaba muy mal de Ud". Con gran sabiduría contestó: "no recuerdo haberle hecho ningún favor a ese político del cual Ud. me habla".
En relación con el agradecimiento nuestros decires tienen muchas frases. Una de ellas de uso muy común dice: "Indio, paloma y gato, animales ingratos". Yo por respeto a nuestros indios, digo: "Políticos, palomas y gatos, animales ingratos".
El hombre público que piensa que con sus acciones o sus favores a determinadas personas le retribuirán, en agradecimiento su lealtad, recibirá grandes frustraciones. Cuando él no esté en condiciones de conceder favores como los hacía antes, se dará cuenta, si aún no se ha dado, de que en política, por lo general, el agradecimiento no existe. Las cosas, debe él -el ingenuo-, se hacen por conveniencia para el país y no para favorecer a ningún interés particular. Si así actúa con ese criterio cosechará grandes satisfacciones íntimas que es lo que a fin de cuentas vale. El vivirá más tranquilo y a paz consigo mismo si espera menos del agradecimiento y la lealtad política, como compensación por los favores que pudo prodigar, y saber que cumplió con su deber con el país y consigo mismo.
No se puede confundir el amigo político con el personal. El primero, por lo regular, no existe y en cuanto al segundo es una bendición para el que puede contar con ellos, aunque sean muy pocos.
Pensamientos que sobre el amigo político y el personal que se expresan con toda claridad y que me permito reproducir:
"Toda amistad política tiene su objeto, alcanzado este se disuelve".
"He conocido amigos en el tiempo, pero mis favores no pueden agradecer sus finezas".